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ABC JUEVES 12 s 4 s 2007 Tribuna abierta OPINIÓN 7 Luis de la Corte Ibáñez Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. EL FORO ERMUA TENÍA RAZÓN OMO todos ustedes saben, durante las últimas semanas los miembros del Foro Ermua han sido hostigados por diversos medios entre los que se incluyen incontables injurias, cierta resolución municipal tan penosa como absurda y una patada en los testículos legitimada por todo un Gobierno autonómico, con la misma clase de justificaciones que los violadores dan a sus actuaciones más canallescas. Pero no deja de ser paradójico que, precisamente en el mismo momento en que el Foro está siendo atacado con más vehemencia y descaro que nunca, los sucesos e informaciones acumulados en los últimos meses parezcan confirmar la mayoría de los argumentos aducidos por aquel movimiento cívico para oponerse al mal llamado proceso de paz. Aunque sólo sea por rendir homenaje a sus valientes miembros en estos difíciles momentos, no está de más repasar algunos de sus juicios más acertados. La cosa empezó, o se consolidó, en Ermua. ¿Lo recuerdan? Corría el mes de julio de 1997. De repente, y por efecto de un nuevo asesinato de ETA, millones de ciudadanos se dieron cuenta de lo evidente: los terroristas sólo merecen la derrota y sólo se rendirán cuando la sociedad se convenza de ese extremo. En esto el Foro Ermua siempre ha tenido razón, o al menos somos muchos los que así lo creemos C La violencia que no cesa Según se indicaba en la resolución que el Congreso aprobó en mayo de 2005, el Gobierno de España sólo exploraría la vía de una solución dialogada al problema de ETA en el caso de que dicha organización terrorista diera muestras inequívocas de su voluntad de renunciar a la violencia. Pero ETA nunca ha dado tales pruebas ni tampoco ha dejado de practicar la violencia en formas diversas, ni siquiera a partir del momento en que anunció su contradictorio alto el fuego permanente el 22 de marzo de 2006. Precisamente en un reciente artículo publicado en ABC (31 3 2007) el profesor Rogelio Alonso revisaba minuciosamente los constantes esfuerzos desarrollados por la banda terrorista para practicar atentados mortales durante los años 2005 y 2006 hasta producirse los dos asesinatos de la T- 4, en diciembre del pasado año. Lo cierto es que los miembros del Foro siempre tuvieron muy claro que ETA no albergaba intención alguna de interrumpir sus habituales pautas de violencia, coacción y delito durante esta nueva tregua- trampa, tal y como su presidente Mikel Buesa iría demostrando con hechos y datos en sucesivos informes de verificación (disponibles en http: www. foroermua. com) Ya en los prolegómenos que precedieron a la declaración de tregua, el Gobierno y otras voces partidarias de una posible negociación con ETA comenzaron a reiterar la idea de que dicha organización se reconocía derrotada y que su pretendida disposición a dialogar ponía de relieve el deseo de sus dirigentes y miembros de reintegrarse a la vida social y política ordinarias. Aunque los mensajes de los terroristas mantuvieran casi todos los ingredientes de su tradicional retórica belicista, sus términos más graves sólo pretendían dar apariencia de desenlace honroso a lo que sencillamente constituía una rendición pactada a cambio de amnistías más o menos amplias u otras medidas de gracia, como la reducción de penas o el traslado de presos. Por el contrario, otros interpretes, entre los que se incluiría el Foro Ermua, se mantuvieron escépticos ante la hipótesis de una ETA claudicante. Algunos analistas pensaron que ese pesimismo no era razonable, pues subestimaba la situación de precariedad en la que vivían los terroristas desde hace años, y que la oposición al nuevo proceso era fruto de los prejuicios alimentados por la derecha y sus medios afines, así como de un resentimiento comprensible pero carente de cualquier sentido práctico. Sin embargo, a medida que avanzara el tiempo de la tregua los sucesivos mensajes enviados por ETA al Gobierno comenzarían a dar la razón. Finalmente, la explosión de la T- 4 arrojaría una luz definitiva sobre las intenciones de los asesinos. Como estos afirmarían pocos días después, las muertes de Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate pretendían demostrar que los objetivos políticos reiterados por la banda terrorista en los meses anteriores no debían seguir siendo interpretados por el Gobierno español como simples recursos retóricos, sino como condiciones de cumplimiento indispensable para resolver su conflicto con Euskal Herría. ETA no se rinde La ruptura del pacto antiterrorista con el PP debilita al Gobierno y favorece a ETA Desde que el Gobierno comenzó a preparar a la opinión pública para un proceso de negocia- ción con ETA, el Foro Ermua lideró junto a otros opositores ciudadanos la reivindicación de respetar el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo suscrito en la anterior legislatura por el PSOE y el PP. Uno de los principales argumentos con los que se apoyó ese reclamo consistía en destacar los riesgos que entrañaba la posibilidad de que la estrategia antiterrorista se politizara en exceso a lo largo del actual periodo de gobierno, creando tensiones que perjudicarán la lucha contra ETA. Asimismo, diversos análisis elaborados por miembros del Foro señalaron tempranamente que la apuesta del Gobierno por una solución dialogada del problema terrorista implicaría una inevitable ruptura del pacto de Estado que acabo de mencionar y que dicha ruptura debía interpretarse como parte de un plan político basado en el aislamiento del primer partido de la oposición y destinado a aplicarse a lo largo de toda la legislatura. Desgraciadamente, la liquidación de la antigua alianza antiterrorista entre los dos grandes partidos, la exclusión política del PP y las ventajas que ambos hechos podían proporcionar a ETA se han hecho particularmente evidentes en los últimos meses, desde finales de 2006 hasta el día de hoy. El propio atentado de Barajas haría avanzar el proceso a una nueva fase en la que la organización terroris- ta contaría con una capacidad de chantaje superior a la de la etapa anterior. La estrategia general de aislamiento al PP había colocado al PSOE en una situación capaz de acelerar el final de su gobierno si se producían más muertes o ataques espectaculares que, casi con toda seguridad, provocaría el rechazo definitivo de la sociedad española a los planes de diálogo con los asesinos. En consecuencia, o se reconstruía la alianza con el PP en materia antiterrorista (como pedía insistentemente el Foro Ermua y otras asociaciones, incluyendo a la mayoría de las víctimas) o se optaba por intensificar la dinámica de estigmatizar a la oposición de la derecha y los movimientos sociales críticos mientras se procuraba apaciguar a ETA para evitar nuevos atentados mortales, que es lo que realmente se hizo a través de diversos gestos y actuaciones como la excarcelación de De Juana o la retirada de cargos a Otegui. Para ser justos, habrá que reconocer al Gobierno (y, sobre todo, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado) el golpe recientemente infligido a ETA con la operación que ha desmantelado el nuevo comando Donosti. Pero a nadie se le oculta que las averiguaciones derivadas de esa operación constatan el callejón sin salida al que nos han conducido la última tentativa de negociar con ETA. Los seres humanos nos equivocamos sin parar y, en relación al proceso de negociación con ETA casi todo el mundo ha cometido errores de previsión y cálculo (aunque los del Gobierno parecen especialmente flagrantes) Por eso mismo, es seguro que en su actividad crítica los miembros del Foro Ermua habrán caído en alguna que otra equivocación. Sin embargo, creo que este movimiento ha acertado en lo fundamental: ETA no ha abandonado la violencia, tampoco ha decidido conformarse con una rendición ventajosa o impune (cuya legitimidad seguiría siendo muy discutible) Asimismo, la traición al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo da oxígeno a ETA y debilita al Estado. En definitiva, el mayor acierto del Foro ha sido no olvidar sus orígenes, como sí parece haberle ocurrido al alcalde de Ermua. Porque la cosa empezó, o se consolidó, en Ermua. ¿Lo recuerdan? Corría el mes de julio de 1997. De repente, y por efecto de un nuevo asesinato de ETA, millones de ciudadanos se dieron cuenta de lo evidente: los terroristas sólo merecen la derrota y sólo se rendirán cuando la sociedad se convenza de ese extremo. En esto el Foro Ermua siempre ha tenido razón, o al menos somos muchos los que así lo creemos.