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ABC JUEVES 12 s 4 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA INTELECTUALES DE GUARDIA RESOS de un ataque de pragmatismo, numerosos intelectuales de la izquierda francesa, de Max Gallo a Glucksmann, han anunciado su apoyo a Sarkozy, en parte seducidos por su vigoroso discurso nacional, tan jacobino, y en parte decepcionados ante la evanescencia blandiblú y zapateril de Segolène Royal. Los maîtres penseurs franceses suelen sentirse herederos de la tradición comprometida de Sartre o de Camus, y más allá del diletantismo propio de la especie tienden a involucrarse en el debate político mediante polémicas que, inIGNACIO cluso con frecuentes soCAMACHO breactuaciones cargadas de narcisismo, rinden culto esencial a la sagrada independencia del pensamiento. En España, los intelectuales con obra, o sea, los de verdad, suelen dedicarse a agrandarla en un discreto silencio, contemplando la política desde una distancia elegante, como cosa de gente que no sabe leer o, por lo menos, es poco aficionada a hacerlo. De este modo, los pronunciamientos políticos quedan para cómicos, escritores en excedencia voluntaria y cineastas que siempre acaban pidiendo una subvención, y recibiéndola. Un intelectual francés que apoya a un candidato le hace un favor al candidato, pero un presunto intelectual español en esa tesitura lo que se está haciendo es un favor a sí mismo. Por eso cunde tan poco el pudor a la hora de defender al Gobierno, que siempre ha sido un ejercicio intelectualmente poco prestigioso, toda vez que el pensamiento libre suele relacionarse con una cierta posición crítica. En todo caso, las preferencias políticas conviene manifestarlas desde una mínima lejanía moral, para que la adhesión no resulte sospechosa. Al respecto, el entusiasta manifiesto progubernamental presentado el otro día en Madrid por un grupo de supuestos gurús de guardia pecaba de una hemiplejía facciosa, como de encargo, y parecía más bien un elemental correlato de las consignas mañaneras de Pepe Blanco contra la oposición, redactadas por amanuenses de la calle Ferraz. De la destreza literaria de algunos suscribientes no hay mucho más que esperar, pero de sedicentes gentes de la cultura cabe demandar al menos unos matices de voz propia e independiente. Dado el peso aún latente del complejo de superioridad moral de la izquierda y la escasa proclividad de la derecha política a ganarse el favor de la intelligentsia, quizá haya que conformarse por ahora con algunas lúcidas desafecciones individuales de filósofos, estudiosos o historiadores- -Savater, Fusi, Sosa y otros- -que ya se aprecian ante la flaqueza disgregadora del Gobierno y la ruptura de los consensos de la Transición. Lo razonable es que el pensador disienta del poder, sea cual sea, que siempre tiene a su alcance una corte de agradaores, corifeos y cazasubvenciones, y que con su criterio de respeto ayude a la gente a pensar y decidir por su cuenta. Que se comprometa sólo con sus ideas y borre el pernicioso cliché de que un intelectual es un tipo que, como decía Javier Sádaba, siempre anda detrás de un canapé. O de una pancarta. P IRÁN NO GANÓ ESTA VEZ L gobierno del Reino Unido ha ganado la crisis frente a Irán, tras la captura, el 23 de marzo, de 15 oficiales, soldados y marineros británicos por fuerzas navales iraníes en aguas del golfo Pérsico. Después de 13 días, Teherán ha devuelto espectacularmente a los cautivos. No ha habido derramamiento de sangre. Sí tensas jornadas de forcejeo. Más allá de los decorados, hay un segundo vencedor de esta crisis, la Unión Europea. En uno de sus momentos más bajos, la eficacia mediadora de la Unión añade una nota de valor. Todo se ha llevado a cabo con profesionalidad y reserva. La liberación de los soldados se ha conseguido después de durísimas conversaciones. Javier Solana y Alí Larijani han hablado. Larijani responsable de la negociación nuclear, nada tenía que ver con el episodio, pero era el interlocutor en quien Solana confiaba. No se sabe si las dos lanchas de la fragata Cornwall habían cruzado la línea teórica de las aguas iraníes. El caso hubiera podido cobrar un alcance incontrolable, como consiguió el anarquista Princip cuando, en 1914, disparó su pistola en Sarajevo. Pocos días antes de la captura de los soldados británicos, el rey saudí declaraba ilegítima la DARÍO ocupación de Irak: la frontal descalificaVALCÁRCEL ción llegaba de un aliado tradicional de Estados Unidos. En los mismos días, un informe del Pentágono confirmaba que nunca hubo relación entre Al Qaeda y el régimen de Sadam Hussein, una fabricación de Douglas Feith, antiguo subsecretario de Defensa. La intervención de otros ultraconservadores americanos ha complicado todo. John Bolton, que en noviembre hubo de ser destituido como embajador ante las Naciones Unidas, publicaba el lunes un artículo repugnante (FT, 9 abril 2007) para lamentar que los soldados británicos no hubieran abierto fuego. Su texto era un ataque implícito a Condoleezza Rice, secretaria de Estado. Irán financiará todavía más, aseguraba Bolton, a los grupos terroristas. Se ha perdido la ocasión de castigar militarmente al enemigo. Faltaba un final, Viva la Muerte. Pero la realidad es distinta de los sueños. Tony Blair y la E secretaria del Foreign Office, Margaret Beckett, ellos sí, estaban obligados a mantener los pies sobre la tierra: han sabido encontrar la estrecha vía de la solución. Solana trabajódos jornadasdeveintitantas horas. Sin las nuevas sanciones, Teheránhubiera podidoalargar peligrosamentelacrisis, inútil a todos los efectos salvo el que implica una prueba defuerza. Existeuna historia inventada, un modo fácily falso de entender las cosas. Pero la realidad sigue ahí, inesquivable, profunda, aveces calladacomouna corrientesubterránea. El gobierno iraní, responsable del día a día, hubo de liberar a los británicos. Delocontrariolos riesgos seconvertirían en insoportables, tanto para la república islámica como para el mundo occidental. Los intereses de iraníes yoccidentales coincidían (puede ocurrir algunavez) Teherán debía sufrir una callada humillación, que se revestiría luego de generosidad. Entre tanto, Irán mantiene su desafío. Tiene derecho a desarrollar su fuerza nuclear civil pero no podrá avanzar hacia la bomba nuclear sin gravísimo peligro. El Tratado de No Proliferación cierra la puerta al arma atómica: pero India, Pakistán e Israel la han conseguido y Estados Unidos no ha declarado la guerra. El Organismo Internacional de la Energía Atómica, que dirige el Dr. ElBaradei, aconseja la negociación. Los cuatro europeos, Solana en nombre de la UE, y los representantes francés, británico y alemán, han apoyado la resolución 1737 del Consejo de Seguridad (26 diciembre 2006) muy dura para Irán. No es cierto que Irán haya perseguido ininterrumpidamente la obtención dela bomba: duranteelmandatodeJatamí, 2002- 2006, elproceso se congeló. Ni es verdad que el régimen de los ayatolás sea un bloque gobernado por Ahmadineyad: siete instancias de poder se contrapesan. El ayatolá Jamenei, líder incuestionado, es responsable (no Ahmadineyad) de la inteligencia militar y de las fuerzas armadas. La solución posible al colosal embrollo procede en este caso de Estados Unidos (cuerpo enorme, distinto del pequeño cuerpo de Bush) Sam Nunn, demócrata, y Henry Kissinger, republicano, abogan juntos por el total abolicionismo nuclear. No es imposible. Ni sería perjudicial, por cierto, para las grandes potencias. Ahorraría no pocas alarmas a USA y más de 100.000 millones de dólares anuales.