Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 11 s 4 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA LO POLÍTICAMENTE INCORRECTO No es admisible que se nos presente a un personaje como portavoz de la ilegalizada Batasuna Si la organización ha sido ilegalizada, nadie, en un Estado de Derecho, está autorizado para actuar públicamente en su nombre. Lo que ha quedado fuera del Ordenamiento jurídico tiene que ser excluido también del debate público. Considerar a alguien portavoz de lo que está ilegalizado resulta jurídicamente escandaloso... E ha extendido la recomendación de sólo emplear en nuestro lenguaje las expresiones políticamente correctas. Una serie de tópicos, más o menos oficializados, se repiten con frecuencia. Las otras formulaciones, las heterodoxas, deben ser mal acogidas. Acaso esto sea aquí una herencia del franquismo, sin perjuicio de la influencia norteamericana. En aquella época española- -por fortuna ya lejana- -se mencionaba mucho la Revolución pendiente Nunca se supo con certeza el cambio radical que se pretendía con esa invocación. Pero raro era el discurso político que no aludiera a la Revolución pendiente Así durante casi cuatro decenios. Otra afirmación políticamente correcta en los años cuarenta del siglo XX era achacar todos los males a la pertinaz sequía Es cierto que entonces llovió poco en varias zonas de España. Sin embargo, el subdesarrollo que padecíamos no fue debido exclusivamente a que las nubes del cielo no descargaran. Estos tópicos de antaño fueron simples expresiones triviales, carentes como tales de importancia y novedad. Menos inocuas resultan algunas de las frases que a diario se repiten en los actuales medios de comunicación. Son los componentes de un lenguaje políticamente incorrecto. orque no es admisible que se nos presente a un personaje como portavoz de la ilegalizada Batasuna Si la organización ha sido ilegalizada, nadie, en un Estado de Derecho, está autorizado para actuar públicamente en su nombre. Lo que ha quedado fuera del Ordenamiento jurídico tiene que ser excluido también del debate público. Considerar a alguien portavoz de lo que está ilegalizado resulta jurídicamente escandaloso. También nos asombran los razonamientos que se hacen sobre el proceso de paz En este caso la palabra paz se desfigura. Sólo quienes están en una guerra pueden anhelar la paz. Y en el País Vasco no se ha declarado la guerra entre dos contendientes con sus correspondientes ejércitos. Una banda de asesinos nunca ha de ser considerada un ejército enfrentado a una determinada situación. La idea de paz nos obliga a considerar la idea de guerra. Y si no existe una lucha armada entre dos contendientes, resulta incorrecto hablar de proceso de paz Son más las palabras y las calificaciones políticamente incorrectas. En los últimos días se ha repetido con insistencia machacona la asignación a los Magistrados del Tribu- S nal Constitucional de la condición de progresistas unos, y de conservadores otros. Puedo asegurar que es una clasificación improcedente, salvo que se entienda por conservador a quien defiende las competencias que constitucionalmente corresponden al Estado, y se considere progresista al que se inclina, en caso de duda, a favor de las Comunidades Autónomas. Los Magistrados se comportan de acuerdo con quien les designó es otra afirmación falsa. Basta con consultar la colección de jurisprudencia del Tribunal Constitucional para comprobar que los elegidos por un determinado Gobierno, o por una concreta mayoría parlamentaria, no siempre votaron en el mismo sentido. Y son numerosísimas las decisiones del Pleno adoptadas por unanimidad. Pero luego te colocan el sambenito de conservador aunque fueses nombrado por los socialistas, y no acaban aquí los disparates. o me preocuparía el lenguaje políticamente incorrecto si careciera de efectos en la convivencia política de los españoles. Sólo cuando el verbo se traduce en hechos- -suele decirse- -debemos empezar a preocuparnos. La palabra no daña. Con esta infravaloración de la palabra se comete, a mi juicio, un error. Creo que los poetas han intuído mejor la importancia de las palabras. Así Byron, al compararlas con unas gotas de tinta que movilizan a miles, N acaso millones, de seres humanos. Del mismo modo algunos políticos han destacado con acierto que las palabras, esos misteriosos pasajeros del alma son como los fabulosos magos que arrastran con ellos a las multitudes, según el símil utilizado por Poincaré. Sobre este asunto he escrito varias veces, pero hay que insistir. Una convivencia normalizada, bajo los principios y reglas de la democracia, puede verse alterada por simples palabras si éstas poseen la suficiente carga para atravesar el muro de la tolerancia, que todos hemos de practicar con generosidad, y herir los sentimientos de la mayoría de los oyentes, en el caso de las palabras habladas, o de los lectores, cuando se trata de palabras escritas. La palabra perversa, sumamente mala, que causa perjuicio intencionadamente, no ha de ser recibida con impasibilidad. El lenguaje es un instrumento capital para el pensamiento. Recordar lo que los nombres de las cosas son, en cuanto convenciones establecidas por los hombres con el fin de entenderse, es recordar la historia de la civilización europea. Ya encontramos reflexiones al respecto en los presocráticos, en los sofistas particularmente, y en Platón. Casirer advirtió: La pregunta filosófica por el origen y por el carácter del lenguaje es en el fondo tan antigua como la pregunta por la Naturaleza y por el origen del ser ueron los empiristas, ya en la Edad Moderna, los que destacaron las trampas en que se cae con el uso inconsciente del lenguaje: se puede llegar a creer que la utilización de un término o una expresión en el lenguaje conlleva indefectiblemente a la existencia de una realidad designada por ese término o expresión. La utilización malintencionada de las palabras es otra cosa. Cada palabra debe tener su significado propio. Hay dogmas que se imponen obligatoriamente. De una forma más sutil- lo políticamente correcto la imposición entre nosotros es el resultado de un empleo repetido e insistente de ciertas palabras, con un sentido y alcance erróneos. El uso prevalece sobre el significado. Ludwig Wittgenstein lo advirtió certeramente: No busquéis el significado de las palabras; buscad el uso que se hace de ellas El reiterado uso de lo políticamente incorrecto no sólo desfigura el significado de las palabras- -Batasuna, paz, conservadores, progresistas- sino que falsifica peligrosamente la realidad. P F MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas