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Martes 10 de Abril de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.354. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. COSAS MíAS Edurne Uriarte ADICTA ras leer sobre el proyecto que desarrolla la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid, he descubierto que también yo soy una adicta. No a la cocaína o a la heroína. Ni siquiera al tabaco. Soy adicta a las nuevas tecnologías. Como los niños que estudia esta Agencia para prevenir, dice, adicciones a las nuevas tecnologías, sea la videoconsola, el móvil o internet. Han excluido a los adultos del estudio lo que es sorprendente pues mucho me temo que el número de adultos con esa misma adicción es altísimo. Juraría que hay muchas personas que sufren los mismos ataques de ansiedad que yo cuando se les estropea el móvil y se imaginan como en la prehistoria, buscando desesperadamente un teléfono público no estropeado por la ciudad. O que sienten palpitaciones cuando se quedan sin conexión a internet y los técnicos tardan más de una mañana en solucionarlo. A muchos, una avería de la lavadora aún nos descompone más. Las palpitaciones se convierten en desconsuelo rayano con la desesperación. Y lo mismo ocurre con el lavavajillas o la aspiradora. Lo que es peor, los hay que también somos adictos a las viejas tecnologías. Cuando en mi pueblo nos quedamos sin luz, lo que ocurre frecuentemente, sufro alteraciones diversas, sobre todo si son las once de la noche y no encuentro las velas. He descubierto que los síntomas son muy parecidos a los de mi hijo adolescente. Quizá deberíamos ir a un centro de desintoxicación para superar nuestras adicciones. Fuera móvil, fuera internet, fuera lavadoras y fuera electricidad. Abajo las malvadas tecnologías, y al XIX, a vivir sin adicciones perversas. T El violinista Joshua Bell, fotografiado durante una visita a Bilbao Un violinista para oídos sordos Joshua Bell, cotizado virtuoso del violín, sólo consigue 32 dólares y mínima atención de los pasajeros durante un recital con su Stradivarius, de 1713, a la puerta de una estación de Metro en Washington POR PEDRO RODRÍGUEZ FOTO IGNACIO PÉREZ i usted es un aficionado a la música clásica con el capricho de disfrutar en directo del virtuosismo de Joshua Bell- -considerado como uno de los grandes prodigios del violín- -tendrá que pagar su buen dinero y esforzarse para asistir a uno de sus abarrotados conciertos. Pero en un mundo de marcas, comodidades, apariencias y consumo apresurado, ¿es posible apreciar la belleza más sublime en un escenario banal y a una hora inconveniente? La respuesta, a la vista de un fascinante experimento sociológico perpetrado por el diario The Washington Post, es un no tan decepcionante como rotundo. El pasado 12 de enero, el conocido violinista se instaló justo durante el aluvión del comienzo de la jornada laboral a la puerta de una de las estaciones de Metro más concurridas en pleno centro de Washington. Durante 43 minutos interpretó con su Stradivarius del siglo XVIII media docena de obras clásicas empezando y terminando con Bach. Mientras, toda la escena era observada y grabada en vídeo dentro del afán por desvelar con ayuda de un ejemplo palpable esta encrucijada de percepciones, contextos y prioridades. Al final del peculiar recital con una acústica bastante decente, 1.097 personas habían pasado por delante de Joshua Bell. Algunos se pararon unos fugaces segundos pero sin llegar a formarse en ningún momento un tumulto de embelesados oyentes. La prisa podía mucho más que la música. Realmente, sólo un funcionario del Departamento de Energía y un niño pequeño quedaron enganchados entre una marea de almas apresuradas pero con la suficiente caridad como para arrojar monedas y billetes por valor de casi 32 dólares (24 euros) a los pies del cotizado músico. El resultado final nada ha tenido que ver con las optimistas previsiones que anticipaban nutridos corrillos, reconocimientos y propinas mucho más sustanciales en una ciudad como Washington, donde la nutrida oferta de música clásica abarca desde la Ópera dirigida por Plácido Domingo hasta la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la batuta de Leonard Slatkin. Para buscar explicaciones, el Post ha buceado en las profundidades de la filosofía, recordando que la belleza puede ser un hecho mensurable (Gottfried Leibniz) una simple opinión (David Hume) o una mezcla coloreada por el estado de mente del observador (Immanuel Kant) En cualquier caso, Joshua Bell volverá hoy a Washington para recibir el prestigioso premio Avery Fisher como mejor solista de música clásica de Estados Unidos, sin que importe la mucha prisa de la gente en el Metro. S