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ABC MARTES 10- -4- -2007 Paul Rusesabagina, el hombre que inspiró Hotel Ruanda publica sus memorias 71 el discurso característico de LeWitt) desde una antiartisticidad- -neutralidad o asepsia, si se quiere- -cierta o potencial y desde su acción sobre el entorno, desplaza su foco: se dice entonces que la obra se desmaterializa y se abren las puertas a un arte plenamente conceptual. La figura de Sol LeWitt ejemplifica este paso hermoso y fundamental- -se trata, probablemente, del último gran discurso de las vanguardias; lo que sucedió después es otra historia- -y puede efectivamente considerársele como el padre del arte conceptual tal y como hoy lo conocemos, puesto que sus textos tempranos, Paragraphs on Conceptual Art (1967) y Sentences on Conceptual Art (1969) son contemporáneos de la citada exposición Estructuras primarias en cualquier caso, sí hallamos en él una primera y crucial reivindicación del proceso creativo: En el arte conceptual, la idea o el concepto es el aspecto más importante de la obra. Cuando un artista utiliza una forma conceptual, hay que entender que previamente ha realizado todo un proceso de planificación y de toma de decisiones, de forma que la ejecución pasa a ser una cuestión mecánica. La idea se convierte en una máquina que crea arte Así, muchas de las obras que ideó consisten en meras instrucciones o planos de piezas que podrían realizarse o no y la mayoría de sus dibujos y esculturas son tan sencillos- recrearelarte, hacer tabla rasa habíadicho; y efectivamente, redujo la forma escultórica y pictórica a su mínima expresión- -que permiten interpretaciones infinitas. Ayudó a muchos artistas jóvenes y reunió una gran colección que hoy se conserva en el Wadsworth Atheneum. Se dice que era un hombre tan discreto y sobrio como su obra y que era de un natural afable. En los 80 se mudó al pueblo italiano de Spoleto huyendo del bullicio neoyorquino y su obra se volvió mucho más aleatoria y colorista: acaso se reconciliara finalmente con el expresionismo abstracto, el movimiento contra el que había reaccionado el minimalismo. Entre la obra que Lewitt dejó en España se encuentran la escultura Bloque de cenizas en la Fundación NMAC, en Vejer de la Frontera; y otras dos en Barcelona: una escultura en memoria de las víctimas del atentatado contra Hipercor, y un mural en CaixaForum. GEOMETRÍA DE LA VIDA Sol LeWitt es uno de los grandes representantes del Minimal Art, una forma perturbadora de entender el arte por su radical sencillez Pablo Jiménez Director del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre a muerte de Sol LeWitt nos priva de uno de los grandes artistas del siglo XX, uno de los que mejor marcan una nueva manera de entender el arte: el arte más como una idea, un proceso que como una realización. LeWitt estaba, desde hace años, en la historia por ser, junto con Carl Andre, Donald Judd y Robert Morris, uno de los grandes representantes del Minimal Art, una forma perturbadora de entender el arte por su radical sencillez. Pero Sol LeWitt, al contrario de la mayoría de sus compañeros de grupo, no se dedica sólo a la escultura sino que dedica una parte importante de su trabajo al dibujo y a la pintura. Desde sus primeras exposiciones (en 1964) se limita a utilizar tres elementos básicos: la línea (horizontal, vertical u oblicua) el cuadrado y el cubo, agotando todas las posibilidades de una combinación de principio. En el fondo es un arte muy clásico que tiene que ver con los rudimentos de la propia pintura y muy estrechamente con los constructivistas rusos y en concreto Rodchenko. Tal vez, la diferencia fundamental sea que LeWitt nunca L Sol LeWitt, en una imagen tomada en el año 2000 EPA intentaba finalizar un proceso y que, en el fondo, sus obras venían a mostrar cómo un principio sencillo y aséptico abría un mundo interminable de posibilidades que se iban complicando y entrelazando al proyectarse sobre la realidad. Porque ésa es realmente la gran aportación de LeWitt, la de llevar los principios sencillos y elementales de la más elemental de las geometrías al espacio de la vida, no al espacio inmaculado de la representación sino al espacio en el que vive el espectador, el espacio complejo de la vida. Ello y la idea de que lo importante es el proceso, la propia concepción de la obra y la energía que genera lo acerca al arte conceptual, abriendo así una salida a un movimiento como el Minimal tan radical como limitado en su desarrollo. En la última vuelta de su carrera, Sol LeWitt abandonó en parte el aluminio esmaltado de sus esculturas y el lápiz o los colores sencillos de sus dibujos y pinturas para interesarse por la fotografía. También supo transmitir la idea de un concepto puesto en marcha, de una idea sencilla que en su desarrollo se complicaba como una novela de Kafka. LeWitt nos trajo a la vida los más sencillos arquetipos formales. Desde la más absoluta de las asepsias, desde el mundo inmaterial de las ideas nos perturbó simplemente al acercar los inmateriales arcanos a la vida. Su obra siempre tiene algo de brillante y perturbador, de sencillo y obsesivo en su forma de apoderarse del espacio. Casi por negación Sol LeWitt siempre hablaba de la vida, nada en su obra parecía permitir siquiera la hipótesis de la idea de la muerte. María Corral Crítica y comisaria independiente LA PERCEPCIÓN DE LAS IDEAS ol LeWitt ha sido uno de los artistas más significativos de la segunda mitad del siglo XX, un artista al que debemos no sólo nuevas maneras de hacer arte, sino principalmente nuevas formas de pensar sobre el arte. Para SolLeWitt, uno delos ar- S ABC. es Imágenes del trabajo de Sol LeWitt en abc. es cultura tistas minimal- conceptuales por excelencia, la serie y la repetición han sido como un dogma que organizó su producción artística y la presentación de la obra; podemos decir que para él, el concepto fue lo esencial, y su ejecución fue solamente un medio de difusión de su pensamiento. Ni las líneas, ni las palabras son ideas, son los medios con los que se transmiten las ideas Desde sus primeras obras manifestó un gran interés por la integración del arte y la arquitectura, al trasladar el dibujo de una hoja de papel al espacio arquitectónico de una pared con la que se identificara plenamente. Sol LeWitt y sus compañeros de viaje (una generación de artistas, de críticos y de intelectuales, que en los años 60 propi- ciaron una reflexión radical sobre la reinvención del proceso artístico en su totalidad) se han distinguido siempre por tratar de eliminar cualquier cualidad evocativa o simbólica de sus formas, por preferir la racionalidad del pensar a la emotividad del actuar, por no hacer nunca una concesión al placer momentáneo que dan las modas pasajeras. La obstinación con la que Sol LeWitt se ha aferrado a sus principios a lo largo de los años no le ha impedido mantener una admirable apertura hacia nuevos conceptos, hacia nuevas formas, hacia la experimentación; es más, Sol LeWitt ha estado siempre reinventando las posibilidades de su obra, sin salirse de la claridad, de la coherencia; ha distinguido siempre su trabajo, dotándolo de una gran presencia perceptual y física. Pero Sol LeWitt no era sólo un artista excepcional, sino también un maravilloso ser humano, generoso, abierto, interesado por el teatro, por la música y por el arte de los demás. Tímido, de pocas palabras, pero siempre acertadas. No asistía a sus inauguraciones, pero sí visitaba primero los espacios y luego seguía muy de cerca cómo sus ayudantes interpretaban su partitura en las paredes. Hace años los médicos le diagnosticaron un cáncer, y también hace años prefirió convivir con su cáncer antes que con las consecuencias de los tratamientos. Hoy, ante la dureza de su ausencia, debemos asumir que su manera de morir ha sido un reflejo coherente de su forma de vivir.