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ABC MARTES 10 s 4 s 2007 LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M LOS PARIENTES DE EL CHINO ESPAÑA 15 El Chino reconoció que participó en la matanza a uno de sus hermanos Mustafá Ahmidan explicó que no lo dijo antes por miedo y presiones de la familia s Dos parientes confirman que Jamal se despidió de su madre antes de suicidarse C. MORCILLO N. COLLI MADRID. Mustafá Ahmidan declaró ayer en el juicio del 11- M que su hermano Jamal Ahmidan, El Chino era uno de los islamistas que grabaron el vídeo de reivindicación de la matanza. El testigo reconoció su voz cuando escuchó la cinta en el Juzgado de la Audiencia Nacional. En ese momento, la participación de El Chino en los atentados ya no le cogió por sorpresa, pues su hermano lo había admitido una de las dos veces- -la última, a finales de marzo- -que ambos coincidieron tras el 11- M. Le pregunté por qué no contestaba a las llamadas; le dije que la familia estaba preocupada y que la Policía preguntaba por él aquí y en Marruecos. Le pregunté si tenía relación con el 11- M y me contestó que sí. Pero la verdad es que no le creí... Ese día, El Chino había ido a ver a Mustafá junto a Rachid Oulad Achka, otro de los suicidas, al bar que su hermano regentaba. Cuando se despidieron, Rachid le dijo: Pide a Dios que no nos cojan vivos Nunca hasta ahora Mustafá Ahmidan había hablado de estos hechos porque, según explicó ayer, cuando me detuvieron tenía miedo de que me implicaran y por presiones de la familia La primera vez que se vieron tras el 11- M, Mustafá no sospechó nada de su hermano, pese a que éste considerara injustas las detenciones de los primeros marroquíes, sobre las que vieron las noticias en televisión. ¿Injustas? Si han matado a mucha gente le reprochó Mustafá. Pero El Chino replicó que si no había visto a sus hermanos que mueren en Irak Otro de los hermanos de El Chino Youssef Ahmidan, declaró ayer que le vio dos días después del 11- M en el bar de Mustafá. Hacía más de dos meses que no sabían nada de él y toda la familia estaba inquieta. No hablamos de los atentados porque creíamos que eran obra de ETA Mustafá y Youssef no ocultaron que su hermano vivía del tráfico de drogas, actividad en la que otro de los procesados, Abdelilah El Fadual El Akil, era su mano derecha Tras su estancia en una prisión en Marruecos por un homicidio, El Chino se transformó. Según Mustafá, este cambio sólo supuso que dejara de fumar y de beber y que recomendara hacer lo mismo a toda su familia. Youssef describió la transformación de forma más precisa: Cuando volvió estaba distinto. Quería que la familia regresara a nuestro país porque esto no era el paraíso A preguntas de la fiscal, relató que Jamal hablaba de Palestina, Irak, de política y de por qué nadie paraba lo que estaba ocurriendo en esos países. Al giro religioso y al fanatismo de El Chino se refirió también un amigo suyo, testigo protegido, que relacionó este hecho con el momento en el que Jamal Ahmidan conoció a Abu Dahdah Aunque, precisó, es una deducción mía Este testigo, que terminó enfrentado con El Chino fue quien aportó la identidad del suicida a la Policía. Sólo después- -dijo- pudieron sacar su foto del ordenador El Chino llamó a su madre desde el piso de Leganés poco antes de suicidarse. De esa llamada, Youssef relató que su hermano dijo que se iba a inmolar y le pidió perdón Mi madre perdió la conciencia, no podía creerlo Mustafá puntualizó que su hermana le contó la despedida telefónica de Jamal el mismo 3 de abril. La dentadura postiza delata a El Chino Tres veces vio ayer la sala el vídeo de reivindicación de los atentados, que fue depositado en una papelera cerca de la Mezquita de la M- 30. Los dos hermanos de El Chino mostraron dudas sobre si la voz que leía el documento amenazante era la de Jamal Ahmidan; sin embargo, un amigo de El Chino testigo protegido, no vaciló lo más mínimo. Es él, sin duda, el que habla y aparece en el centro. Jamal tenía dentadura postiza y eso le provocaba dificultad para hablar No sólo reconoció a su antiguo amigo, también afirmó casi sin titubear que otro de los encapuchados era Rachid Oulad Akcha, por su postura algo inclinada debida a una lesión. Jamal Ahmidan, alias El Chino D. G. P. Germán Yanke COSAS QUE CALLARON E l juicio no sirve solamente para que sepamos ahora cosas que no sabíamos antes, sino para que se diga lo que se calló en otro momento. Los tribunales impresionan más que las tormentas, dijo una tarde melancólica Joseph Roth, pero no sé si es por eso. Entre las cosas que sabíamos pero nos decían que no sabíamos, están las llamadas desde el piso de Leganés y las fanáticas despedidas. Entre las que no sabíamos porque se habían callado, que El Chino reconoció ante su hermano Mustafá que estaba implicado en los atentados. Por si quería algo más, Mustafá reconoció su voz en la reivindicación. En ese mismo capítulo, en el de las cosas que se callaron, está el agente de la UCO, controlador ¡qué burócrata y exagerada esta terminología! del confidente Zouhier, que responde al alias de Víctor. Su confidente le dijo en el primer trimestre de 2003 que Trashorras y Toro andaban trajinando por ahí con al menos 150 kilos de explosivos. Hizo su informito, se lo envió a la Guardia Civil de Asturias pero ni lo comunicó a la unidad especializada en te- rrorismo ni se lo contó al juez. ¿Por qué calló Mustafá? Por presiones familiares, dice. Por miedo, concluye. ¿Por qué lo hizo Víctor? Porque no lo recordó en ese momento o porque no se lo preguntaron. Ah, eso no, eso no se lo cree ni el presidente de la Sala. La omisión, dice el guardia, puede resultar rara Y tanto. ¿Por qué no dice, como Mustafá, que tenía miedo? Porque, la verdad, contarlo sería como aceptar que, entre informes y confidentes, entre muestras y amigos, da la impresión de que andaban más despistados de lo aceptable. Quizá se consuele con que Zouhier calló que había estado en Madrid con Trashorras y El Chino ¿Con qué se consolará Díaz de Mera, el jefe de los polis que, tan vergonzosamente, también calló?