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ABC LUNES 9 s 4 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 71 Desmontando a Sansón David Grossman traza en La miel del león la odisea de un hombre traicionado al que se impuso un destino atroz TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Menuda perra se ha cogido David Grossman con Sansón, o mejor dicho, con el mito que representa. El escritor, de reconocido buenhacer, se lanza como un arriesgado trapecista- -incluso sin red- -sobre el asunto y lo pone todo patas arriba. En La miel del león -adecuadísimo título si tenemos en cuenta que Sansón, con sólo sus manos, destrozó a uno de ellos comiendo después miel del panal que nació sobre los restos- Grossman previene y hace conjeturas, siempre explicadas, sobre el ser cuya historia analiza. Tras lo que Grossman denomina el caos y el estruendo ve un alma solitaria y turbulenta que sostenía un cuerpo que siempre supuso un lugar de exilio Esta convicción supone para el analista el punto en el que el mito se infiltra en la existencia cotidiana de cada uno de nosotros, en nuestros momentos más íntimos, en nuestros secretos soterrados Cuando la perfidia aparece y triunfa, Sansón encuentra la paz que lo libera de sí mismo. No tiene empacho el narrador en incluir los capítulos 13- 16 del Libro de Jueces. Así, el lector se pone en antecedentes de lo que, según la Biblia, fue la historia de Sansón, juez de Israel durante 20 años. Dicho aquí, de modo resumido, -sucedió entre las postrimerías del siglo XII y principios del XI (a. C) en Zora, Judea, una mujer, hasta entonces estéril y cuyo nombre no consta, escucha de labios de un ángel de Jehová, que concebirá un hijo que será nazareo para Dios desde su nacimiento y salvará a Israel de manos de los filisteos La forma en que la futura madre da aviso a su esposo, llamado Manoa, de lo acontecido, da pie para que Grossman explique cómo entiende que vivió aquella mujer la maternidad. Traer al mundo un hijo que no tenía un destino, digamos normal para un hogar, le lleva al escritor a compararla con las actuales madres de alquiler En su confusión, la mujer imnombrada llega a negarle todo lo escuchado a su marido, como lo dicho por el ángel acerca de que no pasara navaja sobre su cabeza Del enviado de Jehová se ha llegado a decir que pudo ser un simple filis- CLÁSICA Los siglos de oro Obras de D. Scarlatti y Ch. Avison. sIntérpretes: Kenneth Weiss (clave) Baroque Orchestra of the Académie Européene de Musique Aix en Provence Festival. sDirección musical: K. Weiss. sLugar: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid. La, la, la ANDRÉS IBÁÑEZ El auditorio de la Real Academia de Bellas Artes no es un lugar cálido ni amigable. Se trata de un patio cerrado, todo ornamentado de severos granitos escurialenses, en el que el escenario está separado de la audiencia por una antipática balaustrada metálica que hace que desde las codiciadas entradas de prensa de la primera fila sólo se vean balaustres, aunque entre dos balaustres quien esto escribe podía ver una mano atareada, y a veces dos, del clavecinista Kenneth Weiss. Comienza el concierto con una selección de diez sonatas de Scarlatti. Weiss elige sobre todo sonatas de tempos rápidos, pero es en las líricas y meditativas donde más nos convence, por ejemplo en la K. 490, que ejecuta con un maravilloso dominio del rubato barroco, o la K. 213, con sus pensativos, melancólicos arpegios. En las veloces y brillantes no es tan eficaz, quizá porque falta en su interpretación ese último grado de bravura y de arrogancia que piden esos finales de frase de Scarlatti, terminados en un trino insolente o en un relumbrante arpegio descendente. Su conocimiento del estilo es impecable, por supuesto, pero las carreras en terceras de la sonata K. 20 no eran tan claras como uno desearía. En la segunda parte, tres conciertos grossos (perdón por el itañol, un problema que se presenta a menudo: ¿chelo, sul pontichelo, viola de pierna? de Charles Avison (1709- 1770) modelados sobre sonatas de Scarlatti, algunas de las cuales acabamos de oír en la versión para clave y que permiten fascinantes comparaciones. La orquesta de doce músicos, que incluye tiorba y viola da gamba, se toma su tiempo para afinar, y vuelve a afinar entre pieza y pieza. La, la, la, toca el clave. Después de tanto afinar, los resultados de la Orquesta Barroca de la Academia Europea de la Música no son tan exaltados como cabría esperar, con un primer violín de fraseo abrupto y poco elegante. Curiosamente, los músicos repiten como propina uno de los movimientos rápidos que menos nos habían convencido. Sansón y Dalila de Gustav Moreau teo, de modo que Sansón ha estado en múltiples ocasiones en el punto de mira, aunque no sólo para investigarlo, sino para inmortalizarlo en literatura, música, cine o pintura, caso del lienzo de Van Dyck El apresamiento de Sansón No se obvia en el libro el momento en el que Sansón ata a las zorras por pares, colocando una antorcha entre ellas, viendo Grossman aquí un símil del fuego que arrecia en su interior, las imperiosas necesidades que lo parten en pedazos, la vida monástica y la concupiscencia; la conciencia de no ser más que el instrumento de una providencia divina y el libre albedrío Las zorras siembran la destrucción, piensa el autor, como una profecía que cumpliría con su muera yo con los filisteos Grossman especula en la intimidad del hombre en aparencia pétreo, pero que, según el poema de Lea Goldberg, tenía un corazón quebradizo Por tres veces lo traiciona su amante, Dalila, y por tres veces él no revela su enigma. Finalmente, lo hace y entonces se hace más atroz la soledad que, según Grossman, castigó la vida del héroe, aunque, quizá, se sien- ABC ta también liberado Ciego, derrumbará la casa en la que 3.000 filisteos se mofaban de él. Zora es hoy un kibutz y unidades de combate de élite del ejército israelí han recibido su nombre como homenaje. Así sucedió con los Zorros de Sansón en 1948. Con pelo o sin él, solo, traicionado, vengador, atormentado, aniquilador o cruel, el mito no muere, porque aquellos que trascienden los límites considerados humanos y coronan la que resulta inalcanzable escala para el común de los mortales, siempre estarán por encima de ellos. Fascinantes comparaciones