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48 MADRID LUNES 9 s 4 s 2007 ABC DIMES Y DIRETES Antonio Saenz de Miera CANCIÓN DE LA SIERRA SOLITARIA uchos se fueron de Madrid. Hay que cambiar de valle, de paisaje, de vida; eso pensaron o eso les hicieron pensar y se marcharon lejos: adiós muy buenas. El Guadarrama, demasiado cercano para llamar la atención de las agencias de viajes, se quedó tranquilo y solitario. Tiene todo lo que el hombre cansado necesita para reconciliarse consigo mismo. Pero casi nadie se da cuenta. Estos días, cuando el invierno se despide y llega la primavera, la Sierra está más viva que nunca. Todo se agita, renace. Abril hueveril y mayo pajarayo se dice. Y la gente por ahí, lejos, sin enterarse. El miércoles las cumbres aparecieron blancas mientras que sobre el campo húmedo se veían los primeros narcisos de los prados, el azafrán serrano y las margaritas. Y en abril ya están todos los pájaros cantando, las currucas, los verderones, los ternerillos... Cargué de poesía mi mochila: Fray Luis de León, José Antonio Muñoz Rojas y Enrique de Mesa. Y salí al campo. Me encontré enseguida con ese día puro, alegre, libre que el fraile de Salamanca buscaba para huir del mundanal ruido. Entre las lluvias y las nevadas del jueves y el viernes aparece un sol tibio que ilumina el paisaje: oh monte, oh río oh secreto seguro, deleitoso El agua baja este año abundante, pletorica... ¿Adónde, dónde vais? Adónde, dónde jóvenes arroyos... Ah si nos dijerais, adónde vuestra prisa va a llevarnos canta el poeta antequerano. Todo está ahí, fuera y dentro de mí. La luz, la nube, el frío y el agua. La misteriosa soledad del Guadarrama da pie a la poesía y al ensueño: Corazón vete a la sierra derrotado del amor, viste saya de pastor y oye el cantar de la tierra nos enseña el poeta del Guadarrama. Todos se fueron lejos. Ni siquiera resuenan las preocupaciones cotidianas. Quedaron abajo, lejos también. La canción se acaba con Fray Luis de León: Y mientras miserablemente se están los otros abrasando- -algo que puedo imaginarme en las caravanas de coches o en los trasiegos de la T 4- tendido yo a la sombra esté cantando Todos vuelven. La soledad, sin embargo, no avisa cuando va a volver. Está en la música de cada uno. Y en la Sierra solitaria. M Algunos de los niños de la Cofradía zaragozana que ayer protagonizó la tamborrada en la Plaza Mayor ERNESTO AGUDO El redoble de los tambores aragoneses despide un año más la Semana Santa La Plaza Mayor vibró con el estruendo de la tamborrada esta vez gracias a la Cofradía de la Crucifixión del Señor y de San Francisco de Asís de Zaragoza M. DÍAZ MADRID. Decenas de tambores, bombos, timbales y cornetas venidos de Zaragoza despidieron ayer la Semana Santa madrileña en la Plaza Mayor, que vibró para celebrar la victoria de Jesucristo sobre la muerte. Ante miles de ciudadanos y turistas, la Cofradía de la Crucifixión del Señor y de San Francisco de Asís de Zaragoza protagonizó el ya tradicional cierre de la Semana Santa en la capital. Como otros años, partió a las 12.00 horas del Monasterio de las Madres Jerónimas del Corpus Christi (Carboneras) y discurrió por la Plaza del Conde de Miranda, calle del Sacramento, calle del Cordón, Plaza de la Villa, Mayor, Ciudad Rodrigo hasta finalizar en la Plaza Mayor. En un estallido, los cofrades tocadores entraban en la plaza, con el aplauso de miles de personas congregadas para asistir al peculiar concierto. El sonido de los tambores, a los pies de la estatua de Felipe III, retumba en las paredes, los cristales, los estómagos y los pechos de toda la Plaza. Los músicos respondían entre ellos al aviso de las cornetas con una sincronía que se hacía notar en los soportales de la Plaza Mayor, que devolvían los ecos de la tamborrada a modo de amplificadores. El hábito de la cofradía es el franciscano y está compuesto por sayal marrón con capucha; cordón franciscano, con los 3 nudos que representan los 3 votos (pobreza, castidad y obediencia) las manos van desnudas. La medalla, que cuelga de un cordón (color) es una cruz con el anagrama de la Cofradía en el anverso y en el reverso la palabra Crucifixión Su fundación data de 1952 y su origen se encuentra en los Hermanos Terciarios de la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís. Con la tamborrada de ayer se dio por finalizada una semana en la que la capital no ha podido disfrutar de la mayoría de las procesiones del Viernes Santo, deslucidas por el mal tiempo reinante durante los últimos días.