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ABC DOMINGO 8- -4- -2007 11 SANTORUM DE LA HISTORIOGRAFÍA INGLESA Romero- Maura tiene algo que sólo tienen los historiadores más grandes: un estilo y un lenguaje propios EN EL SANCTA Joaquín Romero- Maura posa para ABC en su domicilio parisino -Personalmente, creo que no. El pueblo irlandés ha sido un pueblo oprimido de una manera sangrienta. No creo que los vascos puedan afirmar lo mismo. en el muy principio de la República, antes de que todo se echara a perder, hay unas ventanas que dan una idea muy gráfica de lo que puede proponer y ser un conservadurismo dialogante, liberal, reformista. De Cánovas a Antonio Maura hay en el conservadurismo español figuras eminentes de esa tendencia moderna al diálogo liberal y la reforma. tancia, son para quienes se hace la política. En el caso español, llevamos muchos años contentísimos con nuestro modelo. Pero, finalmente, hemos llegado a un límite en el que la política es extraordinariamente reductora y destructiva. Se discute poco y muy mal. Personalmente creo que los señores Zapatero y Rajoy deben ser los primeros en decirse, en sus momentos de soledad reflexiva, qué pena que no tengamos un sistema en el que pueda hablarse, discutirse, con serenidad, de manera más fluida, práctica, para intentar ponernos de acuerdo en cómo hacer las cosas mejor, todos. PARÍS. Nieto y biznieto de don Miguel y don Antonio Maura, Joaquín Romero- Maura pudo hacer varias carreras en España. ¿Político? ¿Universitario? Pero se instaló en Oxford en 1965. Y en el St. Antony s College, el sancta santorum de la magna historiografía inglesa, ha transcurrido lo esencial de su vida intelectual. Primer director del Centro de Estudios Ibéricos, su obra maestra es La rosa de fuego. El obrerismo barcelonés de 1899 a 1909 En cierta medida, La romana del diablo: ensayos sobre la violencia política en España (1900- 1950) es una obra complementaria de referencia indispensable. Joaquín Romero- Maura vive entre Oxford, París, el Perigord (donde ha instalado sus libros y parte de sus materiales de trabajo) y Zaragoza, con escapadas madrileñas y europeas. Tiene algo que sólo tienen los historiadores más grandes: un estilo y un lenguaje propios, más cerca de A. J. P Taylor e Isaiah Berlin que de Raymond Carr, que fue uno de sus primeros y más respetados maestros. Discípulos suyos son historiadores como Juan Pablo Fusi y José Varela Ortega. de soledad reflexiva sean verdaderamente muy intensos. -Hay momentos en nuestro pasado reciente, digamos los últimos cien años, en los cuales se articula una forma de hacer política conservadora que es compatible con la forma de hacer política desde muy otros puntos de vista. Hay otros momentos en los que no hay forma de entenderse. Yo creo que en el periodo de la Monarquía parlamentaria de Antonio Maura, o ¿Cuáles son las tradiciones conservadoras españolas que le parecen más actuales? ¿Están bien adaptadas las clases políticas y el modelo político a la realidad española? -Cada modelo político obliga a elegir y tomar decisiones que no siempre tienen en cuenta todas las querencias, sensibilidades o problemas que tienen los ciudadanos, que, en última ins- -No parece que los momentos -No. ¿A dónde nos lleva la situación actual? Hay una sensación de ahogo, ya que, quizá, la política no representa completamente lo que al país le gustaría que representase, ni se discute de lo que a la gente le gustaría que se discutiese. Hay muchas cosas positivas en la evolución histórica de España. Pero es cierto que la actual sensación de ahogo tiene cierta gravedad. El Parlamento y la política de partidos tal y como funcionan no favorecen la eclosión de líderes de estatura reconocida. Con nuestro sistema constitucional y electoral actual, sólo una modificación interna de cómo se llega al liderato y a los programas en los partidos podría asegurar la transformación pertinente. El reconocimiento aludido no puede ser clandestino, y la autoridad personal no se improvisa. En la inevitable carrera de fondo por el centro electoral de un electorado con tendencias cada vez más pasivas, si se quiere salir (ganando) de lo aleatorio, la solución no está en la baza de proponer meter un tigre en la casa para desratizarla. Bastará que uno de los partidos rivales se descuelgue primero con un político acreedor de consideración para que cese la aleatoriedad hasta más ver.