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ABC VIERNES 6 s 4 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 65 Teresa Salgueiro: Con este disco, he viajado al paraíso musical brasileño La vocalista de Madredeus se estrena por fin a solas con Você e eu MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Durante veinte años, Teresa Salgueiro ha navegado por los mares de la música popular embarcada en ese velero venturoso llamado Madredeus. Con Pedro Ayres como intrépido y sesudo timonel, la banda lisboeta ha conseguido lo que sus creadores siempre quisieron: erigirse en términos musicales como herederos de los grandes navegantes portugueses del pasado. Este año 2007, el grupo se ha entregado al reposo y el año sabático ha sido aprovechado por Salgueiro para acabar de dar forma al que es su primer álbum en solitario, Você e eu (a la venta el día 9) aunque en 2005 ya editó Obrigado un álbum en el que recogía los duetos grabados con otros artistas. Y, de nuevo, Teresa Salgueiro ha vuelto a viajar. Y lo ha hecho hasta la otra orilla de la lengua portuguesa, hasta el cálido y tropical Brasil. Un viaje para reencontrarse con la música que ama desde chica, y con el timón en manos esta vez de Joao Cristal al frente de su septeto. Un paseo por bastantes de las partituras y los nombres más conocidos y reconocidos de ese coloso de la música popular contemporánea. Como Antonio Carlos Jobim, Ary Barroso, Vinicius de Moraes, Pixinguinha, y Chico Buarque. La publicación de este álbum es algo verdaderamente especial para mí, ha sido una experiencia extraordinariamente rica explica la vocalista lusa. Brasil, lo brasileiro, habita desde hace largo tiempo el corazón de Salgueiro. Sigo la música brasileña desde hace muchos años- continúa- Además, la aventura de Madredeus nos llevó muchas veces hasta allí y he tenido muchas oportunidadades de ver muy de cerca la importancia de la música brasileña, sus distintos ambientes, y su enorme vitalidad No se puede negar que Teresa Salgueiro bebe los vientos por el huracán creativo existente en la patria de Caetano. Sinceramente- subraya la cantante- me ha encantado poder formar parte de este universo que amo. De verdad, me he sentido transportada hasta este paraíso musical Ante la grabación del disco, ÓPERA El Holandés errante Música: R. Wagner O. S. del Liceo Dir. S. Weigle Dir. esc. A. Rigola Escenografía: B. Puigdefàbregas Lugar: Liceo, Barcelona Fecha: 4- 04- 07 Buen debut PABLO MELÉNDEZ- HADDAD Hubo dos debuts importantes en este Holandés liceísta que en un par de años atracará en el Teatro Real: el de Sebastian Weigle por primera vez ante este título wagneriano y el del director del Teatre Lliure, Àlex Rigola, un nobel en las lides operísticas. El resultado, en ambos casos, ha sido esperanzador y promisorio. Weigle volvía a coger la batuta- -después de una enfermedad- -para deleitar con una lectura madura y teatral, en la que todo estuvo bien fundamentado, apagando los fuegos sobre la marcha ante una Sinfónica liceísta muy concentrada y ante un coro de la casa que se salía, muy bien secundado por el eficaz Cor de Cambra del Palau de la Música. Pero si lo de Weigle era una carta prácticamente segura, lo de Rigola presentaba más dudas al ser un debutante al que le sobra talento; su opción fue tremendamente respetuosa, cien por cien musical y casi enfermiza por lo didáctica, sin renunciar a su sentido del humor. El realismo y la terrenalidad de su propuesta, ambientando este wagner en tiempos de hoy, junto a un mar omnipresente, encajaron perfectamente con todo lo secundario, con los personajes terrenales y con su ambiente. Pero a su wagner le faltó lo esencial, aquello que es invisible a los ojos. Una volada sentimental, una comunión con otros ámbitos, como el de los dos protagonistas, que definitivamente no pertenecen a este mundo. Lo raro es que Rigola no se cerró las puertas de esa zona en la que la redención se mezcla con el mismo Demonio, como quedó demostrado con ese impactante mar de sangre y fuego del tercer acto. Wagner pide un plus que Rigola evitó abordar, pero su comprensión formal del género se hizo evidente desde la obertura. De ahí que su debut constituya una esperanza en toda regla para el futuro español del género operístico. Los cantantes se entregaron por entero a la idea del director y quizás por eso despuntaron sobre todo las caracterizaciones de Eric Halfvarson con un Daland impecable y Kurt Streit con un Erik todo pasión. Susan Anthony, muy buena actriz, vocalmente hizo lo que pudo y Thomas Tómasson reemplazó con medios convincentes a Alan Titus, enfermo. Teresa Salgueiro una de las ecuaciones a solucionar era la de dar con la clave en la que estas piezas clásicas debían ser interpretadas hoy en día. Ha sido magnífico contar con los arreglos de Joao Cristal- explica Teresa Salgueiro- Creo que se aproximan mucho al estilo de cada época, porque hemos elegido canciones de diferentes décadas, entre 1930 y 1970, aproximadamente. También nos hemos dejado guiar por mis recuerdos por y mi relación entrañable de muchos años con estos títulos Son años y años cantando modélicamente las canciones de otros. Tal vez sea hora de preguntar si a la solista portuguesa no le ha picado nunca el gusanillo de escribir e interpretar piezas propias. Me gus- ABC De momento, todavía no he sentido la urgencia de ponerme a escribir mis propias canciones ta cantar las canciones que otros componen y entrar en su universo para ayudar a que el mensaje artístico de esas canciones llegue a otras personas asegura. Parece que la puerta de la composición esté cerrada Hasta hoy no he sentido la urgencia de escribir mi música, además no sé que podría hacer yo con tantas y tan bonitas canciones como existen aunque Teresa Salgueiro no echa el candado: Pero tal vez en el futuro podría ser interesante... Quién sabe. De momento, el cuaderno de bitácora de ese nuevo periplo sigue en blanco. Más información sobre Teresa Salgueiro: http: www. teresasalgueiro. com CLÁSICA Juventudes Musicales Bach: Misa en Si menor sInt. J. Lunn, B. Staskiewicz, J. Gauthier, C. Delgado- Boge, Ph. Jaroussky, N. Stutzmann, E. González Toro, M. Brutscher, J. Fernandes, A. Ewing, Les Musiciens du Louvre. Dir. M. Minkowski. s Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. sFecha: 28- III El nuevo Bach ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE A Marc Minkowski le gusta ser original. Quizá ese sea su éxito. Desde luego no lo son los medios que maneja pues son similares a los de muchos otros que defienden la interpreta- ción con rigor histórico. Acaba de dirigir en Madrid la Misa en Si menor y, fiel a la última moda, usa una voz por parte, es decir diez cantantes, cinco solistas y otros tantos de ripieno además de una pequeña orquesta proporcionada. No es eso. Lo que diferencia a Minkowski es el concepto. Podría hablarse de una versión directa, ajena a la penetración expresiva, ya sea para ensalzar el sentido contemplativo del Et incarnatus ya para jadear la suplicante grandeza del Kirie inicial. Minkowski prefiere la regularidad entendida en un sentido expansivo. Monotonía dirían algunos más directamente, pero ya se sabe que hay quien carece de sutileza. Porque la Misa tal y como la fabrica Minkowski, tiene variedad. Bach le ayudó a ello sorprendiendo a cada paso con una escritura precisa ante la que el director francés pasa de puntillas, incluyendo el rico entramado contrapuntístico. Destaca lo compacto de la textura final, el diálogo entre líneas establecido por acumulación y la falta de claridad a la hora de ordenar los planos. De ahí que coloque, demasiadas veces, a los instrumentos por encima de las voces para luego, paradójicamente, negarles el protagonismo allí donde tienen calidad de solista. Por eso sorprendió escuchar el Agnus Dei con semejante presencia a la estupenda Natahlie Stutzmann. Antes ha- bía sido el turno de otros colegas de prestigio, como el tan de moda contratenor Philippe Jaroussky, y apenas pudo adivinarse la blanca calidad de su timbre. Y a ese mismo criterio obliga a los instrumentos. Ya puede ser el violín en Laudamus te ya el traverso en Domine Deus o en el Benedictus descaradamente camuflado por el continuo. Pero hubo más cosas. Algunas estructurales como las largas pausas entre las partes del Gloria expresamente enlazadas en la partitura, la exagerada subdivisión de compases alla breve los desajustes al final en el Credo Y aún así no se empañó el rotundo éxito de Minkowski. Un director original.