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64 CULTURAyESPECTÁCULOS Una lección de arquitectura VIERNES 6 s 4 s 2007 ABC El área de restauración, iluminada con luz natural, ocupa un lugar verdaderamente privilegiado en el Prado de Rafael Moneo (Viene de la página anterior) hacían cómodo, ni mucho menos, el proyecto de Moneo. Su aceptación del encargo, después del concurso restringido, en 1998, fue muy criticada, especialmente entre sus colegas arquitectos. Otras críticas se sumaron de antemano, incluidas las políticas y sus prisas. No es el momento de recordarlas, pero a ellas se añadió una incomprensible actitud general de rechazo. Moneo siempre atendió a todos, defendió su proyecto y las variaciones al mismo. Era un proyecto que iba creciendo, necesariamente, en exigencias, tanto por indicación del mismo museo como de la arquitectura. Pensaba sólo en la solución más apropiada y la mantuvo en todos los ámbitos con entusiasmo, discreción y generosidad. Cualquier otro arquitecto de su presencia y prestigio internacionales hubiera renunciado, pero Moneo sabía que había asumido una responsabilidad histórica y arquitectónica y tenía que dar una respuesta, incluso a Villanueva, sea esto entendido metafóricamente, como en un coloquio imaginario, pero no del todo alejado de lo real. Proyecto difícil y complejo, por tantas pautas marcadas de antemano, Moneo ha sabido dar respuesta arquitectónica, resistiendo, a algo casi imposible. Lo que no se ve desde fuera lo confirma aún más, si cabe, y cabe. Es decir, lo que ocurre en el interior de su ampliación. El famoso claustro- -olvidado por casi todos- -ha sido convertido en una pieza de museo, incluso calzado, como si sobre un pedestal estuviera dispuesto, como una escultura sobre su dado. Fuente de luz, lugar propio de colecciones de relieves y estatuas, como en las antiguas desde el Renacimiento, el claustro genera hacia abajo los espacios nuevos de exposiciones temporales, atravesados por un cubo, un prisma, de luz inmaterial, transparente, que convierte su arquitectura oculta en el misterio mismo de lo que se ve. Podría decirse que si lo que se ve es arquitectura de la ciudad, lo que no se ve, pero se usará, es una ciudad oculta al servicio del museo y sus visitantes, paralela a la real, apropiándose del Museo del Prado. Lo que parecía imposible, Moneo lo ha conseguido de forma no llamativa o espectacular, sino desde dentro, en silencio. Así, se ha traído hacia su famoso e inexacto cubo todo el edificio de Villanueva, sin que se note. De este modo, la llamada puerta de Velázquez será también la de la ampliación, convirtiendo todo el edificio del maestro neoclásico en una especie de preámbulo metafórico, incluida su sala basilical, de su arquitectura interior ampliada, la de Moneo. Esa sala, transformada en espacio de recepción y también de museo, ya que habrá de acoger a las famosas esculturas de las Musas de la colección de Cristina de Suecia, es el núcleo fundamental de distribución- -aunque no el único- estucadas sus paredes con un vibrante y marmóreo color rojo pompeyano, conectado con el museo y con el otro ámbito de recepción y distribución de visitantes, esta vez del todo nuevo, que es el vestíbulo de circulación y servicios, con entrada propia al norte y con una delicada escalera lateral previa a su puerta. Todo realizado como un ámbito de respeto al edificio de Villanueva y a sus sucesivas ampliaciones, creando a sus espaldas diferentes homenajes visuales y arquitectónicos, especialmente mediante el patio, rodeado por una columnata de pilastras de bronce patinado y paramentos de cristal, que mira al ábside central del edificio del siglo XVIII y que ilumina también el espacio de distribución de la ampliación. Tres ciudades interiores Ese vestíbulo nuevo y principal- -eje fundamental del proyecto- con un techo de bronce que repite en su diseño el trazado geométrico del parterre Es una celebración del tesón, del compromiso con la historia y con la sociedad. Es como un elogio construido en homenaje a la dificultad Algo casi imposible de boj que le sirve de singular tejado, se convierte en una suerte de calle y plaza alargada subterráneas, a la vez de tránsito y espera o estancia, levemente inclinadas hacia el sur. Lugar de recepción y servicios (cafetería, librería, etc. su amplia ventana final, como un punto de fuga perspectivo, anuncia los árboles del Jardín Botánico, casi como Velázquez miraba, de espaldas, Villa Borghese desde su vista de Villa Medici, con la serliana y la escultura de Ariadna al lado. Y es que este interior está lleno de citas arquitectónicas y servicios funcionales, desde el auditorio, con acabados en madera de roble, a las salas de exposiciones temporales, talleres de restauración y otros equipamientos fundamentales en un museo moderno que, ocultos y claros al tiempo, harán funcionar tres ciudades interiores: una, metafórica, espejo y ventana de la que se ve; la segunda, la de los usuarios, que serán guiados por los materiales de construcción y sus colores como si de un circuito sin señales, sólo las arquitectónicas, se tratase; y, finalmente, la de los servicios propios del museo, sin confundirse entre ellas y manteniendo y acentuando una calidad de acabados y materiales que rozan la pulcritud y la perfección de lo cálido. Moneo ha resistido y, a pesar de las críticas, debemos agradecerle su empeño y el del Museo del Prado, porque, ciertamente, este edificio vacío y mojado, como lo he visto, es una celebración del tesón y del compromiso con la historia y la sociedad, con la cultura y las artes, a pesar de los incrédulos. Es como un elogio construido como homenaje a la dificultad. Será para todos y ¡bienvenido! Más información sobre el museo: http: museoprado. mcu. es Arriba, el lucernario conduce la luz del claustro a las salas subterráneas de exposiciones temporales. Sobre estas líneas, los amplios almacenes donde el Prado guardará los cuadros que no expone