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62 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos do, que, no quería irse y seguía, después de la detenida visita, fotografiando cada detalle, llevándose en los ojos de su cámara lo que había descubierto. Así, vacía aún por dentro, casi oculta, y mojada por fuera, pude recorrer lo que se ve y lo que no se ve del todo, la arquitectura sola, en espera de ser usada, iluminada levemente por la claridad de un cielo lleno de brumas. Lo que se ve, desde fuera, es lacónico, ajustado, discreto y sutil, como quien queriendo pasar desapercibido te reclama diciendo algo así como: ¡vuelve a mirar! Si fuera creíble del todo, podría decirse que el arquitecto ha renunciado conscientemente a su visibilidad, a su identidad, para ser sólo arquitecto, lo que, desde luego, sorprende en nuestros tiempos, llenos de rutilantes estrellas mediáticas y arquitecturas espectaculares. Moneo ha renunciado, sin embargo, a sí mismo, para ser más Moneo, más arquitecto, en la arquitectura que no se ve y en la que se ve, precisamente la que plantea una relación de admiración y respeto a lo ya hecho en ese lugar, en ese fragmento urbano: arquitecturas de la ciudad de Madrid y, sobre todo, de Juan de Villanueva. Y lo que se ve es ladrillo macizo aplantillado y aparejado a tizón, granito gris abujardado, piedra de Colmenar y basalto negro y poroso en los suelos del espacio al aire libre entre las dos construcciones, junto con detalles de hileras de boj en el parterre que ocupa el lugar entre el edificio nuevo y el viejo, marcando visualmente un homenaje al antiguo del museo, y detalles de bronce patinado en elementos estructurales y carpintería de huecos. Al cerramiento en ele- -que no cubo- -que guarda el célebre, sólo ahora, claustro de los Jerónimos- -obra de Fray Lorenzo de San Nicolás, de finales del siglo XVII- Moneo le ha añadido, en la fachada principal, una loggia de pilastras acanaladas, tras las cuales ha dispuesto un muro cortina de vidrio y carpintería de bronce, una ventana central y unas puertas también de bronce, obra de Cristi- VIERNES 6- -4- -2007 ABC Una lección de arquitectura Cualquier otro arquitecto del prestigio de Moneo habría renunciado ante la agria polémica creada en torno al proyecto de ampliación del Prado. El navarro ha estado a la altura de su responsabilidad histórica y ha construido un edificio magistral POR DELFÍN RODRÍGUEZ FOTOS: SIGEFREDO Llovía el miércoles pasado en Madrid, cuando pude visitar la ampliación del Museo del Prado, construida por Rafael Moneo con la afortunada lentitud característica de quien resiste y se resiste a improvisar. Y es que la arquitectura, como el arquitecto, requieren de tiempo para hacerse, para serlo: caer en las tentaciones es fácil, es lo que casi todo el mundo desea y cumple en simulaciones de aparato, pero resistir ante ellas es propio de pocos. No es fácil, sin duda, y para Moneo este proyecto no lo ha sido. Ha tenido que entenderse con su oficio, con lo que le exigía su condición de arquitecto y con la responsabilidad de quien sabe a qué se enfrenta arquitectónica, histórica y culturalmente hablando. Por eso no podía ni quería ceder, a pesar de que desde el comienzo era consciente de la dificultad del reto, del pulso que habría de mantener y no sólo con la arquitectura de Juan de Villanueva y las necesidades del Museo del Prado, de sus colecciones y demandas, que debieran ser las de todos, sino con una extraña oposición generalizada, digna de un análisis más pormenorizado. Me atrevería a decir que esta obra de Moneo es fruto de la soledad y del tesón, de muchas renuncias de un arquitecto cuya resonancia internacional es indudable, de la resistencia ante todos, sin excepciones, incluidos sus promotores. Es como si el arquitecto supiera que su obra tenía interlocutores privilegiados como Villanueva y las colecciones del Museo y esa era su prioridad, aunque haya tenido que renunciar casi a sí mismo. Con ellos ha hablado, seguro, sabiendo que existe un tiempo propio de la arquitectura y del arquitecto. Fue un paseo inolvidable y privilegiado el mío, debo reconocerlo, acompañado por tres perfectos anfitriones y por el fotógrafo del periódico, Sigefre- Lo que se ve, desde fuera, es lacónico, ajustado, discreto y sutil, como quien queriendo pasar desapercibido te reclama diciendo algo así como: ¡vuelve a mirar! Bajo el jardín de boj, el vestíbulo une el ábside de Villanueva (a la izqureda) con el nuevo edificio de Moneo (a la derecha)