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16 ESPAÑA TREINTA AÑOS DE LA LEGALIZACIÓN DEL PCE VIERNES 6 s 4 s 2007 ABC El año que los comunistas celebraron el Sábado Santo Se cumplen treinta años de la legalización del PCE. Fue una decisión tan arriesgada como fundamental. El comunismo había sido el gran enemigo formal y simbólico del franquismo, el chivo expiatorio de todos los males. zo de la Guerra Fría, veían en el comunismo el fracaso de las buenas intenciones, el desastre de una ingeniería social que, por unos objetivos igualitarios, impedía la libertad de los ciudadanos y la misma eficacia de las políticas propuestas. Para el franquismo era realmente otra cosa: la suma de todos los males, el enemigo de los valores sociales y religiosos en los que se asentaba. Por eso, incluso los dirigentes del Régimen y del Ejército que habían aceptado, tras la muerte de Franco, la necesidad de reformas y la vía hacia la democracia, se oponían frontalmente a su legalización. Se lo habían exigido a Adolfo Suárez y creían contar con su compromiso. Germán Yanke l Sábado Santo de 1977, pronto, por la mañana, el presidente Adolfo Suárez cogió el teléfono y llamó a José Mario Armero, el abogado y amigo que desde meses atrás le servía de intermediario con Santiago Carrillo: Hoy vamos a legalizar al Partido Comunista le dijo. Armero, uno de los personajes más elegantes del foro, magníficamente relacionado, aparentemente siempre sonriente y tranquilo, no pudo evitar el torbellino de los nervios. Quizá por eso, para no esperar los acontecimientos dando vueltas por su casa, se fue al Rastro. Suárez, mientras, se colocaba delante de un tablero que sabía arriesgado. Aprovechando las vacaciones de Semana Santa, y dando una muestra de generosidad que quizá a algunos extrañara, el presidente había enviado de vacaciones, fuera de Madrid, a la mayoría de sus colaboradores y ministros. Sólo cinco miembros del Gabinete quedaban junto a él para vivir unas horas en las que casi todo estaba preparado y casi todo era impredecible. A primera hora estaba convocada la Junta de Fiscales que, tras varias horas de tensa reunión, resolvió que el Partido Comunista de España no incurría en ninguno de los supuestos directos de asociación ilícita contemplados en el Código Penal. El dictamen servía para que, inmediatamente después, se diera por buena la resolución, preparada previamente, por la que el Ministerio de Gobernación, encabezado en aquel momento por Rodolfo Martín Villa, aceptara la inscripción del PCE en el registro de Asociaciones Políticas. No sólo José Mario Armero estaba intranquilo: las prisas y los nervios hicieron que el ministro olvidara firmar el documento, lo que repararía formalmente cuando ya la UCD había abandonado el Gobierno. E Miembros del PCE ante el Ministerio de la Gobernación Pero el Partido Comunista estaba ya legalizado. Y se trataba, en las circunstancias de una transición política llena de dificultades y recelos, de una decisión tan arriesgada como fundamental. El comunismo había sido el gran enemigo formal y simbólico del franquismo, el chivo expiatorio de todos los males y la encarnación de todos los valores que se oponían al Régimen. Ahora que en la derecha del espectro político adquieren influencia y poder los llamados neoconservadores, caracterizados en su origen por un potente anticomunismo, conviene destacar que el del franquismo era de otro orden. Los neoconservadores, que se organizan en el comien- ABC Aprovechando las vacaciones de Semana Santa, el presidente había enviado de vacaciones a la mayoría de sus colaboradores Suárez conocía la influencia del PCE en la oposición, que debía dar su visto bueno al cambio, y pensaba que, en las elecciones tenían que estar presentes mara de sus reflexionessobre la Transición, sabía que esa negativa era un problema. Conocía la influencia del PCE en la oposición, que debía dar su visto bueno al cambio, y pensaba que, en las elecciones previstas para junio, todos tenían que estar presentes. El reconocimiento internacional y el éxito interno de un acuerdo amplio sobre las reformas que quería impulsar, lo exigían. Precisamente por ello llevaba meses de cavilaciones y negociaciones secretas con Santiago Carrillo, en las que José Mario Armero era el discreto y apasionado intermediario. Carrillo, clandestinamente, ya había estado en España con el traje nuevo que le compró su amigo Lagunero y la famosa peluca. Detenido y puesto en libertad, había organizado algunas reuniones con los dirigentes del partido y líderes comunistas europeos. Pero no las tenía todas consigo, no sabía si, en la partida que se jugaba, ganarían los partidarios o los enemigos de la legalización. Estos últimos, desde luego, no podían imaginar que, a finales de febrero de ese año, se había celebrado una de las reuniones más secretas y sorprendentes. Porque no deja de ser sorprendente que el presidente del Gobierno, secretamente, se subiera en el coche de Armero para, con las cautelas y los cambios de planes de una película de espías, llegar a la casa que su amigo tenía a las afueras de Madrid para entrevistarse con el secretario general del PCE. Este, con un despliegue similar, se desplazó en el automóvil de la esposa de Armero después de desembarazarse de la Peroelpresidente, enlarecá- recelosa vigilancia de su hijo y otros compañeros del partido. En ese encuentro, de todos modos, Carrillo no logró arrancar a Suárez el compromiso de la legalización, en la que insistió una y otra vez. Me ha quitado usted muchas horas de sueño parece que le dijo el presidente, aunque no dio su brazo a torcer. El dirigente del PCE pensaba que la misma reunión era prueba de la actitud favorable de Suárez, pero este le dijo que no, que lo mejor era que acudiesen a las elecciones de junio como independientes. Tablas, por tanto, pero Carrillo tenía razón acerca de las intenciones del presidente, aunque comprendía que precisaba garantías y gestiones previas. aunque la fecha exacta sólo la sabía Suárez. Carrillo no quería que coincidiese con la Semana Santa, e incluso argumentó con los sentimientos religiosos de muchos de sus militantes. A Suárez, sin embargo, Siguieronlasnegociaciones,