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4 OPINIÓN VIERNES 6 s 4 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro LA MÚSICA LIBRE LLEGA A INTERNET EL PNV COMPITE CON ETA ARALIZADO durante los últimos meses por la dinámica de un proceso de paz que en la práctica lo había dejado sin margen de maniobra y que otorgaba a Batasuna la condición de portavoz preferente de las reividicaciones soberanistas, el PNV en vísperas de la celebración del Aberri Eguna, trata de aprovechar el naufragio de las expectativas gubernamentales de acabar con la violencia para ocupar, a mes y medio de las elecciones muncipales, buena parte del espacio perdido. En un documento elaborado con motivo de la fiesta de la Patria Vasca el PNV viene a situar el umbral de sus aspiraciones soberanistas en el mismo plano que la izquierda abertzale, matizadas con el barniz de un engañoso moderantismo, meramente formal, que no consigue ocultar la coincidencia de objetivos con Batasuna. El nacionalismo vasco, consciente del fracaso del proceso de negociación impulsado por José Luis Rodríguez Zapatero retorna a Lizarra y pide a ETA el cese definitivo de la violencia instando a la banda terrorista a prepararse para un final dialogado dentro de un nuevo marco de política abierta de cooperación en el que el autogobierno y Navarra se convierten en objetivos irrenunciables. El PNV recurre incluso a la épica nacionalista para escenificar sus exigencias territoriales y propugnar una eurorregión vasca, desde el Adour al Ebro y desde las Encartaciones hasta Zuberoa señala el documento. Naturalmente, el partido de Imaz- -como ya hiciera en 1998 tras la ruptura de la anterior tregua- -teje su estrategia a partir del acercamiento a la izquierda abertzale, pero controlando los tiempos de una nueva etapa en la que trata de recuperar el protagonismo perdido. El texto redactado para conmemorar el Aberri Eguna no pasa de ser un compendio del Plan Ibarretxe, la versión abreviada de un proyecto soberanista que ahora se ofrece en edición reducida para subrayar lo esencial sobre lo accesorio, sin que quede duda alguna de dónde sitúa el listón de sus reivindicaciones. El PNV reclama, así, un poder judicial propio un ámbito competencial pleno y un concierto ecónomico blindado pilares sobre los que edificar su plan de auto- P gobierno. El destinatario del documento elaborado por el nacionalismo vasco no es otro que ETA, a la que se dirige desde el convencimiento de que el fracaso del proceso de paz deja a la banda terrorista y a la izquierda abertzale en el trance de reorientar su estrategia, que de nuevo encontraría acomodo en el plan soberanista del PNV Nada es nuevo en la oferta del na. cionalismo vasco, que siempre ha demostrado una admirable capacidad de adaptación al modular su discurso en función del paisaje político. El partido que preside Josu Jon Imaz, pasada la etapa en la que le convenía bajar el diapasón del ruido y mostrar su lado más conciliador, vuelve sobre sus pasos para desandar nueve años y colocarse en el punto de partida, con Estella como referencia y guía para volver a intentar un nuevo pacto programático con ETA y su entorno político, en esta ocasión con una diferencia sustancial en relación con 1998: el nacionalismo vasco es consciente de que los límites marcados por Rodríguez Zapatero son infinitamente más franqueables que los que impuso en su día el Gobierno de José María Aznar. El actual jefe del Ejecutivo ha construido durante estos últimos meses un discurso que al nacionalismo vasco le ofrece serías garantías para alcanzar su objetivo. Por eso, el documento redactado con motivo del Aberri Eguna convierte el cese de la violencia en el comienzo del final dialogado que no dista mucho del eslogan acuñado por Rodríguez Zapatero: Primero, la paz, y luego, la política El nacionalismo vasco le toma así el palabra al presidente del Gobierno e impulsa el proyecto soberanista de Ibarretxe utilizando los cauces fijados por el propio Ejecutivo cuando todavía creía en la ensoñación de una paz negociada con ETA. El PNV ha visto la ocasión propicia derecuperar su proyecto soberanista, y sus guiños a la banda terrorista resultan indiciarios del camino elegido para lanzar otro órdago a un Gobierno sobrepasado por su propia impericia. Con una ETA consciente de que el PNV trata de llevarla a su terreno, el nuevo escenario coloca en una nueva y compleja encrucijada a Zapatero, ahora también presionado por la respuesta de la banda terrorista al guante lanzado por el nacionalismo. EL ESPÍRITU DE LA TRANSICIÓN ACE ahora treinta años, en plena Semana Santa, el Gobierno de Adolfo Suárez dio un paso decisivo en el proceso de la Transición. La legalización del Partido Comunista mediante su inscripción en el registro del Ministerio de Interior representó un salto cualitativo que permitió transformar un régimen autoritario en una democracia constitucional sin ruptura de la legalidad. Permanece en la memoria de los españoles una serie de recuerdos vinculados con algunos protagonistas: desde la peluca de Santiago Carrillo a las fiestas del PCE en la Casa de Campo, pasando por la famosa conferencia del líder comunista en el club Siglo XXI, presentado por Manuel Fraga como símbolo de la concordia y el espíritu práctico que presidió aquella etapa. A pesar de que el llamado eurocomunismo significó la plena aceptación del pluralismo democrático por los partidos vinculados con la Unión Soviética, sus resultados electorales desde entonces han sido muy discretos tanto en España como en otros países. No obstante, en aquella circunstancia histórica la incorporación de los comunistas a la normalidad significaba la plena homologación de nuestro sistema con el resto de los modelos europeos. Bajo el impulso decisivo de Don Juan Carlos, la Transición fue un éxito en todos los sentidos, como lo demuestra H la realidad de la España contemporánea en el plano socioeconómico y en el ámbito internacional. Es injustificable, por ello, que se pretenda cuestionar la Transición con el absurdo argumento de provocar a ruptura que entonces no se pudo conseguir. Peor todavía es la búsqueda de revancha disfrazada de falsa memoria histórica, porque nunca existió un supuesto pacto de silencio, sino una voluntad colectiva de mirar hacia el futuro en la búsqueda de un proyecto común. Más allá de la realidad actual de un comunismo superado por los tiempos, la legalización del PCE en 1977 significó para el proceso de Transición una especie de paso del Rubicón que ya no admitía una vuelta atrás. La presencia de personajes como Dolores Ibárruri o Rafael Alberti en los bancos del Congreso, junto con políticos procedentes del régimen de Franco, fue para la sociedad española la mejor expresión del pluralismo frente al dogmatismo. Es lamentable que algunos no hayan aprendido una lección tan importante para el futuro en la superación de muchos prejuicios históricos. Por fortuna, la madurez social permite mirar episodios dramáticos del pasado como objeto del trabajo riguroso de los historiadores, y no como una supuesta verdad oficial sobre la Guerra Civil y otros episodios dramáticos de nuestra historia reciente, porque nadie va a salir beneficiado de la reapertura de viejas heridas. A decisión anunciada por Apple y EMI de suprimir la gestión de derechos digitales (DRM por sus siglas en inglés) de toda la música de ese sello discográfico que se venda por internet a través del portal iTunes representa el último episodio de una batalla que tiene como objetivo último el control del negocio musical en la red. Hace ya años que las principales compañías discográficas perdieron el tren tecnológico al demostrarse incapaces de reconvertir un negocio basado en soportes físicos en otro capaz de aprovechar las ventajas de la era digital. Con unas pérdidas anuales que crecen en paralelo al fenómeno de la piratería, con millones de personas intercambiando por internet cientos de millones de canciones al mes sin pagar un solo céntimo, la iniciativa fue tomada por las empresas tecnológicas. Apple, propietaria del portal iTunes, fue la primera que convenció a una compañía discográfica para que permitiera que sus canciones se vendieran, sueltas o en discos, a través de internet. Muy pronto otras empresas, como Sony o Microsoft, inauguraron sus propios portales en la red. iTunes, sin embargo, sigue controlando hoy cerca del 70 por ciento del negocio de la música legal on line Una de las condiciones exigidas por las discográficas, titulares de los derechos musicales, para permitir esta nueva forma de comercialización fue precisamente la de incluir, en cada canción vendida, un sistema que evitara la copia ilegal y la piratería. Ese sistema fue el DRM. A partir de entonces, toda compañía interesada en vender música en la red desarrolló su propio DRM. El inconveniente, claro, fue la incompatibilidad de unos sistemas con otros, lo que, por ejemplo, implica que la música que se descarga de iTunes sólo puede escucharse con un iPod (de la marca Apple) que a su vez es incapaz de reproducir la música comprada en otros portales, con DRM diferentes. Agrupaciones de usuarios y páginas anti DRM multiplican sus protestas en internet, ya que lo lógico sería, dicen, poder utilizar la música que compran en cualquier dispositivo y no verse limitados a una u otra marca. En este panorama se inscribe la última jugada de Steve Jobs, el genio cuyas visiones al frente de la compañía de la manzana suelen transformarse en tendencias globales. Ya en febrero, en una carta abierta, el presidente de Apple se declaraba abiertamente a favor de suprimir los DRM, que no han funcionado y nunca conseguirán detener la piratería musical dijo. La prueba de ello, añadía Jobs, es que de toda la música que cualquier usuario de iPod tiene en su dispositivo, apenas el 3 por ciento procede de una compra legal. El resto se ha conseguido a partir de CD originales (que no tienen sistema de protección alguno) o a través de programas de intercambio (tipo P 2 P) en internet. Fuera, pues, la protección. Con lo cual, además de apuntarse un tanto con los usuarios y de aparecer como un paladín de la música libre, Steve Jobs vuelve, de nuevo, a adelantarse a todos los demás. L