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ABC JUEVES 5 s 4 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 53 Carlos Murciano Escritor EL DUENDE O, no voy a hablar del duende lorquiano, ese que el granadino asediaba en su Juego y teoría del duende (no es Teoría y juego ¿verdad Mr. Maurer? obscuro y estremecido huésped de las últimas habitaciones de la sangre Hablo del que un día se aposentara en la habitación en la que trabajo el despacho la llaman los míos) y cuyas travesuras vengo soportando, unas veces con mejor talante que otras, desde hace más de cuarenta años. Lo curioso es que esta casa del barrio de la Concepción, en la que vivo, la estrené yo, recién construida, un día de noviembre de 1960; quiero decir que el duende no provenía, como en las viejas mansiones, de un morador anterior, sino que se instaló aquí al par que yo lo hacía. En realidad, nuestra relación as amistosa, porque él no es malvado, sólo pícaro y enredador, y no trata de amargarme los días, sino de divertirse un poco a su manera. (Dice Federico que el duende es un poder y no un obrar pero el mío es absolutamente lo contrario) Por eso decidí llevarlo a mis versos, y lo incorporé a mi libro de sonetos El revés del espejo que en 1972 obtuvo el premio Ciudad de Zamora Esos sonetos tenían como interlocutora, más que como destinataria, a mi hija Marilia, que andaba por los cinco o seis años, y que era como un hada diminuta, de ojos azules y cabello rubio. Aún a N Pero es él, claro. Presuntuoso, ha querido darse a conocer, como diciendo soy yo, y aquí estoy Pues bienvenido sea a esta habitación que siempre ha tenido por suya, y en la que yo llevo más de media vida dejándome sobre el papel lo mejor de mi corazón y lo que aún queda de mis pobres, lentos ojos pequeñita con barba blanca y gorro colorado Naturalmente, de un modo u otro, trataba de describirlo por pura intuición, porque él no se dejaba ver. Pero sus frecuentes pillerías delataban su presencia. uántas suma ya, a lo largo de estos nueve lustros? Elijo algunas, como muestra. Esta, v. g. Formaba yo parte del jurado de un certamen de cuentos, y el día anterior al fallo, anoté en un folio mi opinión sobre cada uno de los textos finalistas, con una calificación orientativa y lo coloqué sobre el tocadiscos que tengo en mi despacho, para que no se mezclara con ningún otro papel. A la mañana siguiente, el folio había desaparecido y, aunque lo busqué durante más de una hora, tuve que valerme de mi memoria en el trance de las votaciones. Varios días después, cuando ya lo había olvidado, el folio con mis anotaciones apareció sobre el tocadiscos, exactamente como yo lo había colocado. Igual ocurrió con mi bolígrafo favorito que, tras buscarlo inútilmente, apareció dos días más tarde, en el centro de mi mesa de trabajo, cuando me disponía, bien temprano, a iniciar mi jornada. En otra ocasión- -y la lista sería interminable- dejó caer sobre la cuartilla en la que escribía, un bicho extraño, gris, semiesférico, de buen tamaño, que caminaba, lentísimamente por mi manuscrito. Abrí la ventana y lo eché al aire, pero no pude apreciar si voló o cayó en picado. Miré hacía el techo y le dije: Cómo te diviertes, ¿eh? Confieso que creí oír su risa. ero tantas veces le he desafiado a que se deje ver, que, al cabo, entiendo que lo ha hecho. En casa tenemos una cesta con juguetes, para que mis nietecillos mellizos- -ahora con once meses- -se distraigan cuando vienen a vernos, lo que por fortuna ocurre casi a diario. Pues bien, hace apenas una semana, entre pelotas, cuentos, sonajeros, útiles para morder, un trenecito con cuerda y un mando de tv estropeado, afloró un personaje insólito, un tipo que nadie había visto antes y que ningún familiar, interrogado al respecto, reconoce haber traído. Mide algo menos de una cuarta, y viste una especie de frac negro, cerrado por un solo botón dorado; la camisa de ancho cuello, abierta, deja ver un collar en forma de cadena, con eslabones amarillos. Tiene grandes orejas, hocico de ratón y una poblada dentadura, entre sonriente y amenazante. Lo he colocado frente a mí mientras escribo, pues se sostiene de pie perfectamente, y se ha desplomado, ruidoso, tres veces, no sé si complacido o rebelde. Pero es él, claro. Presuntuoso, ha querido darse a conocer, como diciendo Soy yo, y aquí estoy Pues bienvenido sea a esta habitación que siempre ha tenido por suya, y en la que yo llevo más de media vida dejándome sobre el papel lo mejor de mi corazón y lo que aún queda de mis pobres, lentos ojos. P ¿C sabiendas de que, para quien lee, es un tanto molesto alinear los versos como prosa, transcribo aquí, y así, El duende Mira el duende, Marilia, mira el vuelo de su sonoro cascabel de plata; mira su juboncillo de escarlata, del coro al caño y del estante al suelo. Mira su barba azul de duende abuelo, de duende Barba Azul y malapata; mira su hocico cínico de rata, su faústico y fantástico pañuelo. Bueno está que no enciendan las bombillas, que cedan los asientos de las sillas y que la albahaca se me ponga seca. ¡Pero esto de tener encaramado un duende enredador y colorado por los estantes de mi biblioteca. Años después, concretamente en 1990, titulé uno de mis libros infantiles Duende o cosa y lo cerré con otro soneto, que comenzaba: Un duende es una cosa Ángel de Frutos Psicoanalista EL DIABLO, EN EL DETALLE D Lo que debe quedar oculto, lo que no se puede ni mencionar en la política actual española por parte de nuestro presidente del Gobierno, es la palabra atentado ECLARO cerrada la sesión dice el presidente de la Cámara austriaca cuando quiere decir que la declara abierta En este y otros accidentes del hablante se detiene Sigmund Freud para dar cuenta del deseo inconsciente, en la que es su obra más leída y la primera traducida: Psicopatología de la vida cotidiana (1901) Se dedica aquí a los llamados actos fallidos o funciones fallidas que- -como escribe él mismo- se producen cuando una persona dice una palabra en lugar de otra, escribe algo distinto de lo que tenía pensado escribir, lee algo distinto de lo que está escrito u oye algo distinto de lo que se ha dicho. Luego está el olvido, olvido de nombres, propósitos, palabras extranje- ras, impresiones o sucesos vividos, así como pérdidas de objetos y errores o torpezas. Antes de Freud se consideraba todo esto tonterías o disfunciones fisiológicas, sin más importancia o consideración. A no ser los novelistas y dramaturgos que utilizaban estos recursos fallidos para dar cuenta de algunos percances de sus personajes o de la acción. Por ello, lo primero que quiere mostrar Freud es que tienen sentido, como sentido tienen los sueños que acaba de interpretar en su obra anterior La interpretación de los sueños (1899) y como tendrán sentido los chistes de su obra posterior El chiste y su relación con el inconsciente (1905) operación freudiana, operación que tiene su centro en los síntomas de quienes sufren del pensamiento o de su cuerpo y que estaban abandonados, sin curarse, a los curanderos o a los confesores o a su propia inermidad. Con un espíritu científico realiza un acto de caridad para las desesperadas y los desesperados. l sinsentido apela a otra escena, escena ajena a cada uno pero la más íntima, la del inconsciente. Si la conciencia, se vino a decir Freud, no explica sueños, actos fallidos, chistes, síntomas, entonces habrá que irse fuera de la conciencia para dar cuenta de ellos: descubre el inconsciente, que tiene una lógica que no es la de la conciencia sino que es la lógica de lo infantil reprimido, de lo repetido, de lo que no se quiere saber y la lógica de la lengua en su literalidad. n la línea del inconsciente (Unbewusste) Freud se encuentra con lo siniestro (Unheimliche) lo familiar que de pronto es extraño, o- -si quieren- -lo quieto inquietante. Siniestro que Freud define, conforme a Schelling, como todo lo que debía haber quedado oculto, secreto, pero que se ha manifestado Lo que debe quedar oculto, lo que no se puede ni mencionar en la política actual española por parte de nuestro presidente del gobierno es la palabra atentado Este significante está unido, y lo estará por tiempo, a Atocha. A Atocha y las víctimas. Logrado está, entonces, el presidencial lapsus accidente E E S entido del sinsentido: así se puede nombrar la