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74 CULTURAyESPECTÁCULOS MARTES 3 s 4 s 2007 ABC CLÁSICA Juventudes Musicales Bach: Misa en si menor Int. J. Lunn, B. Staskiewicz, J. Gauthier, C. Delgado- Boge, Ph. Jaroussky, N. Stutzmann, E. González Toro, M. Brutscher, J. Fernandes, A. Ewing, Les Musiciens du Louvre. Dir. M. Minkowski. Lugar: Auditorio Nacional El nuevo Bach ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE A Marc Minkowski le gusta ser original. Quizá ese sea su éxito. Desde luego no lo son los medios que maneja pues son similares a los de muchos otros que defienden la interpretación con rigor histórico. Acaba de dirigir en Madrid la Misa en si menor y, fiel a la última moda, usa una voz por parte, es decir diez cantantes, cinco solistas y otros tantos de ripieno además de una pequeña orquesta proporcionada. No es eso. Lo que diferencia a Minkowski es el concepto. Podría hablarse de una versión directa, ajena a la penetración expresiva, ya sea para ensalzar el sentido contemplativo del Et incarnatus ya para jadear la suplicante grandeza del Kirie inicial. Minkowski prefiere la regularidad entendida en un sentido expansivo. Monotonía dirían algunos más directamente, pero ya se sabe que hay quien carece de sutileza. Porque la Misa tal y como la fabrica Minkowski, tiene variedad. Bach le ayudó a ello sorprendiendo a cada paso con una escritura precisa ante la que el director francés pasa de puntillas, incluyendo el rico entramado contrapuntístico. Destaca lo compacto de la textura final, el diálogo entre líneas establecido por acumulación y la falta de claridad a la hora de ordenar los planos. De ahí que coloque, demasiadas veces, a los instrumentos por encima de las voces para luego, paradójicamente, negarles el protagonismo allí donde tienen calidad de solista. Por eso sorprendió escuchar el Agnus Dei con semejante presencia a la estupenda Natahlie Stutzmann. Antes había sido el turno de otros colegas de prestigio, como el tan de moda contratenor Philippe Jaroussky, y apenas pudo adivinarse la blanca calidad de su timbre. Y a ese mismo criterio obliga a los instrumentos. Ya puede ser el violín en Laudamus te ya el traverso en Domine Deus o en el Benedictus descaradamente camuflado por el continuo. Pero hubo más cosas. Algunas estructurales como las largas pausas entre las partes del Gloria expresamente enlazadas en la partitura, la exagerada subdivisión de compases alla breve los desajustes al final en el Credo Y aún así no se empañó el rotundo éxito Minkowski. Un director orignal. Carlos Álvarez y Natalie Dessay, en una escena de La fille du Regiment AP Triunfal regreso a la Ópera de Viena de Montserrat Caballé La soprano, que no cantaba en este teatro desde hace 18 años, interpreta La fille du Regiment junto a Carlos Álvarez ANTONIO SÁNCHEZ SOLIS CORRESPONSAL VIENA. Montserrat Caballé se ha hecho esperar 18 años para regresar a la Ópera de Viena. Una demora que, a tenor de lo visto el pasado domingo en el escenario vienés, ha merecido con creces la pena. La diva española regresó a la Wiener Staatsoper con un pequeño papel en una obra que podría tildarse de menor. Pero su interpretación de la Duquesa de Crakentorp en La Fille du régiment de Gaetano Donizetti, ha entusiasmado a una ciudad y a un público que ha vuelto a declarar su amor y su respeto por la soprano. Toda una constelación de razones hacían presagiar el éxito. Por un lado, un papel que le apetecía, corto, simpático y lleno de humor. Su pequeño texto, que desató la risa en el patio de butacas, estuvo acompañado de una canción popular suiza, no prevista en la obra de Donizetti pero añadida ahora para lucimiento de la diva y regocijo del publico. Por otra parte, ha vuelto con un autor que le da suerte: fue con su imprevista sustitución de Marilyn Horne en la Lucrezia Borgia del mismo Donizetti cuando el Carneggie Hall de Nueva York se vino abajo en aplausos una noche de abril de 1965, y el mundo supo que Maria Callas ya tenía heredera. Y por último, una fecha señalada: el próximo día 12 la soprano celebrará sobre las tablas su 74 cumpleaños, durante una de las nueve funciones de este dulce relato de los difíciles amores de Marie, hija adoptada de un regimiento napoleónico, y Tonio, un campesino tirolés. De hecho, la Caballé ha asegurado que considera el papel como un regalo de cumpleaños de Ioan Holender, director de la Ópera de Viena. Pero si la soprano ha recibido un regalo ella ha entregado otro. La prensa austriaca ha dicho de ella que es la más famosa cantante en activo y que una diva así no se da dos veces Lo cierto es que, al final de la función, la soprano catalana puso al público en pie en una de esas ovaciones que la Ópera de Viena reserva a los grandes. Y es que el estreno de La Fille du régiment ha sido una apoteosis. Junto a la Caballé, Natalie Dessay deslumbró encarnando a Marie. El tenor peruano Juan Diego Flórez- -que hace unas semanas cantó este título en la Scala de Milán y ofreció un bis, costumbre que llevaba desterrada desde los años treinta- -y el barítono malagueño Carlos Álvarez fueron las voces masculinas del espectáculo. El retorno de Montserrat Caballé al escenario del Ring vienés ha sido recibida como un acontecimiento. La televisión pública austriaca emitió un programa especial sobre la estrella del bel canto y la retransmisión en vivo de la función logró una cuota de pantalla del 15 por ciento. Una bienvenida a casa por todo lo alto y que durará hasta el próximo día 28, cuando Caballé salga del cartel de la Ópera de Viena. Aquí todos confían en que no haya que esperar otros 18 años para que vuelva a él. Más información sobre la producción: http: www. wiener- staatsoper. at CLÁSICA Ciclos Comunidad de Madrid Requiem de Brahms. Real Filharmonía de Galicia y Orfeón Pamplonés. Director: Antoni Ros Marbà. Solistas: R. Ziesak (soprano) y D. Menschel (barítono) Lugar: Auditorio Nacional, Madrid Excelente Réquiem ANTONIO IGLESIAS Ein deutsches Requiem es la Op. 45 de Johannes Brahms. Si es ya una página monumental, todavía su autor no se ha decidido por la Sinfonía cuya Primera se cataloga como Op. 68. El compositor toma del Antiguo y del Nuevo Testamento los textos que trata fuera de la liturgia, sirviéndose, naturalmente, del coro, solidariamente apoyado por una orquesta. Requiere, además, la colaboración de dos solistas: por lo tanto, es obra de concierto, sobre todo. La hizo muy bien Antoni Ros Marbà, cuidando sobremanera la unidad conceptual del total interpretativo- -ejemplo el suyo de plausible estimación de los planos, jamás dañados por el metal- máxima atención al conjunto coral, excelentemente preparado por su titular, Igor Ijurra Fernández. Los solistas (soprano que interviene en un único momento, barítono tan sólo en dos) Ruth Ziesak y Dietrich Henschel, brillaron por una musicalidad nada común, con bien timbradas voces, siempre emotivos, muy en particular el barítono. La Real Filharmonía de Galicia, muy contributiva a secundar las precisas indicaciones de Ros Marbà, pudo mantener esa base brahmsiana que es característica del total orquestal que se deja admirar en la suma sinfónica del genial compositor de Hamburgo. Se merece párrafo singular el Orfeón Pamplonés, no por su poder y capacidad interpretativa (canta sin desmayo en los siete fragmentos) sino por su mantenida afinación, sin padecer en la tesitura aguda, y por una entrega emocional tintada por la caricia o dulzura que es consustancial con Un Réquiem alemán Magnífico concierto, debidamente aplaudido y ovacionado.