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32 INTERNACIONAL MARTES 3 s 4 s 2007 ABC Florentino Portero LA ESTRATEGIA DE CONDY ondy Rice fue una fiel servidora del presidente Bush, hasta el punto de seguir sus instrucciones sin compartir sus presupuestos doctrinales. Ahora que la Administración está en crisis ante la falta de apoyo en el Capitolio, la secretaria de Estado se siente más libre para ejecutar su propia política exterior. El New York Times señala con acierto que la nueva diplomacia recuerda a la de anteriores presidencias y es verdad. Rice dedicó buena parte de su vida profesional a la industria del petróleo. De entonces le viene su preocupación por mantener una buena relación con los países productores y, en general, con el Mundo Árabe. Ahora que la crisis en Oriente Medio se ha generalizado tiene más claro que nunca que el conflicto israelí- palestino ha perdido su autonomía y que es sólo parte de otro de mayores dimensiones. En este contexto, le urge ganarse la confianza de los llamados Estados moderados reestablecer un guión negociador y forzar a ambas partes a realizar concesiones. Si los moderados la perciben como fiable Estados Unidos puede lograr su apoyo para resolver las otras tres crisis abiertas: Irak, Irán y Afganistán. Con un Irán involucrado en la desestabilización de Irak, del Líbano y de Palestina se abre una vía para reconstituir las viejas alianzas con los estados árabes, asustados por el ansia hegemónica de los ayatolás. De hecho, las relaciones han mejorado mucho en los últimos meses. Sin embargo, los límites están a la vista. Los supuestos moderados son más parte del problema que de la solución. El fundamentalismo saudí está en el origen del islamismo, que todos padecemos, y de Hamás, que se niega a reconocer a Israel. Los otros moderados son fuente de escándalo entre sus súbditos, que no ciudadanos, por su corrupción e incompetencia. La negociación entre israelíes y palestinos no depende de las concesiones de Abbas o de Olmert, sino de una Asamblea controlada por Hamás. Como Rice dijo hace algún tiempo en El Cairo, sacrificamos la libertad por la estabilidad, y ahora no tenemos ni libertad ni estabilidad C El presidente ucraniano, Víctor Yúshenko, se dispone a leer el decreto de disolución del Parlamento en Kiev AP El presidente ucraniano disuelve el Parlamento dominado por los pro- rusos Los diputados fieles al primer ministro desoyen el decreto, mientras miles de personas se concentran en torno a los principales edificios oficiales de la capital RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. En un intento de recuperar el control de la situación y de enmendar los errores que le han llevado a perder gran parte del apoyo popular que cosechó al frente de la Revolución Naranja el presidente Víctor Yúshenko disolvió ayer la Rada (Parlamento unicameral de Ucrania) y convocó nuevas elecciones para el próximo 27 de mayo. La coalición gubernamental, encabezada por el primer ministro, Víctor Yanukóvich, el adversario a batir en aquella revuelta que inundó de banderas naranjas las calles de Kiev, considera carente de fundamento la medida adoptada por el presidente. Miles de seguidores de Yanukóvich empezaron ayer a concentrarse en el centro de Kiev y a instalar tiendas de campaña. Tras firmar el decreto de disolución de la Rada, Yúshenko intervino ante las cámaras de televisión para explicar su decisión. El máximo dirigente ucraniano acusó a la mayoría parlamentaria de violar la Constitución y usurpar el poder Yúshenko advirtió que su decreto es de obligado cumplimiento y que no tolerara provocaciones ni disturbios El Parlamento se reunió de inmediato en sesión extraordinaria para dirigir un mensaje al Consejo de Europa y una resolución considerando sin efecto el decreto presidencial. Los diputados anunciaron que continuarán las sesiones de la Cámara y han bloqueado los fondos para poder llevar a cabo los comicios. La situación tiene un gran parecido con lo sucedido en Rusia en el otoño de 2003, cuando el entonces presidente Borís Yeltsin disolvió el Sóviet Supremo y terminó bombardeándolo ante la actitud insurgente de los legisladores. Si como parece, los diputados ucranianos se proponen seguir ignorando el decreto de disolución, caiga el que caiga, Yúshenko se verá en la disyuntiva de utilizar la fuerza o ver su ya escaso poder aún más debilitado. Habrá que ver también a quién obedecen las fuerzas de seguridad. Una escisión en el seno del Ejército y la Policía constituiría una seria amenaza de conflagración civil. Las pasados comicios legislativos se celebraron hace tan sólo un año, el 26 marzo de 2006. La fuerza política que más votos obtuvo fue el Partido de las Regiones de Yanukóvich. No obstante, Nuestra Ucrania la formación que lidera Yúshenko, y el Bloque de Julia Timoshenko, la dama naranja habían pactado con los socialistas la creación de una coalición de Gobierno. Timoshenko iba a ser nombrada otra vez primera ministra. Todo se fue por tierra cuando Alexánder Moroz dio un inesperado quiebro y se fue con Yanukóvich y los comunistas. Yúshenko siempre consideró ilegítima aquella maniobra y envió la correspondiente denuncia al Tribunal Constitucional, pero todavía no ha habido un fallo al respecto. El presidente ucraniano lo achaca a las presiones que el primer ministro ejerce sobre los jueces para impedir que la querella sea examinada. Lo peor vino cuando los diputados de los partidos de Yúshenko y Timoshenko empezaron a unirse a Yanukóvich. Primero hubo 10 fugas y, el pasado 23 de marzo, otras 11. La coalición de Gobierno, constituida por el Partido de las Regiones, socialistas, comunistas y los 21 tránsfugas huidos de las filas naranjas suman ya 260 diputados, lo que se acerca peligrosamente a la mayoría necesaria (los dos tercios) para poder acometer enmiendas a la Constitución. La Cámara cuenta con un total de 450 escaños. Yúshenko ya había advertido que disolvería la Rada si no se cumplían tres exigencias: que cese la práctica anticonstitucional en la formación de la coalición de Gobierno, la aprobación de una ley que impida el transfuguismo y que se desbloquee el trabajo del Tribunal Constitucional El sábado, 70.000 personas, en su mayoría partidarios de Timoshenko, pidieron en la calle al presidente que convocase nuevas elecciones. Después de llevar a cabo conversaciones con los grupos parlamentarios, Yúshenko dio ayer el audaz paso. Traición socialista Exigencias no cumplidas