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4 OPINIÓN MARTES 3 s 4 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro IRÁN Y LA GUERRA DE LA IMAGEN LA PEOR SOLUCIÓN PARA ENDESA A azarosa opa sobre Endesa, que empezó año y medio atrás, va destrozando reputaciones, entre otras la del Gobierno español, cuyo intervencionismo concluye de momento en un desastre sin paliativos para sus pretensiones iniciales, sustentadas en la teoría de los campeones nacionales de Zapatero, y también en un desastre para el prestigio de los organismos reguladores- -en concreto la CNMV y la CNE- -y para la consistencia del mapa eléctrico español, que, de un plumazo, va a perder el control de la mitad del sector: una de las grandes empresas españolas privatizadas va a ser despiezada entre los distintos grupos pretendientes de la misma, algunos alentados, con asombrosa ofuscación, desde esferas del propio palacio de La Moncloa. La jornada de ayer fue vertiginosa y pródiga en acontecimientos no previstos y con consecuencias que son por ahora difíciles de estimar, pero que en cualquier caso serán dañinas para la imagen de la economía española, en entredicho ya en los mercados financieros internacionales por el desarrollo de esta rocambolesca operación financiera a múltiples bandas. A primera hora de la mañana, se conocía la intención del presidente de la CNMV de dimitir ante la comisión de Economía del Congreso, para lo cual ha pedido a su presidente ser convocado cuanto antes, para explicar las razones de su decisión. Y a media tarde se anunciaba un acuerdo para repartir la primera eléctrica española entre sus principales accionistas, la italiana Enel y la española Acciona, por una parte, y la alemana E. On, que, consumado el pacto, retirará su opa por la totalidad de Endesa a 40 euros por acción para adquirir una parte de sus activos, en concreto sus participaciones en el extranjero- -principalmente en Francia, Italia y Turquía- -y la cántabra Viesgo, en manos de la eléctrica italiana, que la adquirió años atrás, precisamente a la propia Endesa. Estamos, así, ante un cambio radical del mapa eléctrico español que echa por tierra muchos de los dibujos que sobre el futuro del mismo se habían improvisado durante los últimos meses. L El acuerdo entre Enel y Acciona- -cuya entrada en Endesa nunca fue bienvenida por su consejo de administración y que adquirieron en fechas recientes sus acciones, hasta el 24,9 y el 21 por ciento, respectivamente, pagando precios que oscilan entre los 32 y los 38 euros por acción- -y E. On, que estaba dispuesta a pagar 40 euros, todavía deja abierta la vía de la opa de los primeros, que prometieron pagar 41 euros por el resto de las acciones que no controlaran. Los detalles están por concretarse, una vez que E. On retire su oferta, ya que la CNMV fijó un plazo de seis meses para otra opa. Además, el acuerdo para despiezar y repartir Endesa tendrá que pasar por los organismos reguladores, e incluso, extremo que no es descartable, por los tribunales de Justicia, a poco que algún accionista considere perjudicados sus derechos o expectativas, antes de materializarse en todos sus extremos. Se repite de esta manera la solución Metrovacesa compañía que acabó dividida entre dos grupos competidores que no lograron una posición de suficiente dominio como para hacer desistir al adversario y que, antes del agotamiento, aceptaron el reparto de la sociedad. Al margen de que los accionistas obtengan el mejor precio de los ofertados, la conclusión provisional de esta retorcida historia, desde el punto de vista del interés general, no resulta tranquilizadora. El Gobierno se ha entrometido con parcialidad y arbitrariedad y ha obstaculizado el buen funcionamiento del mercado para que el resultado final se parezca poco al discutible objetivo de defender y propiciar un campeón nacional Por el camino se ha llevado la reputación del regulador del mercado de valores, que no ha sido capaz de poner orden en este desbarajuste y que ha concluido con el aparatoso anuncio de dimisión de su presidente, Manuel Conthe, que deja en desairada posición al vicepresidente Solbes, ninguneado con estrépito por el equipo económico de La Moncloa, muñidor en la sombra de una estrategia marcada por un intervencionismo impropio de un Gobierno defensor de la libertad de mercado. DE JUAN PABLO II A BENEDICTO XVI L segundo aniversario de la muerte de Juan Pablo II es una buena oportunidad para recordar el pontificado de un auténtico gigante de la Historia, una personalidad que, por derecho propio, figura ya entre los protagonistas principales del siglo XX. Desde el amor apasionado a su Polonia natal, el Papa Wojtyla supo dar a su tarea una dimensión universal y permitió a la Iglesia afrontar con vigor y valentía los retos del mundo contemporáneo. Lejos de cualquier complejo o recelo ante la modernidad, Juan Pablo II fue también un Papa mediático, capaz de convertir sus viajes y actos públicos en auténticos fenómenos de masas. Para millones de personas en todo el mundo, ese mensaje de esperanza y autenticidad, transmitido con palabras emotivas y apasionadas, significó un revulsivo para su fe y para su presencia activa en la sociedad. El pueblo cristiano, congregado en Roma para despedirle, aclamó como santo al Papa difunto y, de hecho, están ya avanzados los procedimientos canónicos para formalizar en términos jurídicos ese sentimiento universal. La historia del siglo pasado no puede entenderse sin la quiebra del sistema totalitario, a cuya derrota, en el decisivo terreno de los principios morales, contribuyó de forma determinante. No obstante, la imagen que permanece en la memoria de todos está vinculada con la lección de amor y de sacrificio E personal que supo impartir con el ejemplo durante su última enfermedad. No era fácil la labor de suceder a un personaje de tales características, pero Benedicto XVI ha conseguido aportar al pontificado una dimensión personal y profundizar en las ideas capitales de su antecesor, cuyo testimonio prolonga a través de elementos novedosos. Joseph Ratzinger cuenta con una excepcional formación intelectual que le permite expresar su pensamiento con todo rigor al servicio de una presencia intensa de los católicos en la vida pública. Frente a los tópicos interesados que apuntaban a un Papa cerrado y dogmático, Benedicto XVI ofrece una visión moderna, ecuménica y abierta al debate profundo con los más importantes pensadores contemporáneos. Ante ese discurso de alto nivel doctrinal, no sirven las descalificaciones basadas en prejuicios ideológicos. Además, el Papa alemán ha logrado con su afecto y cercanía a la gente de toda condición romper con esa supuesta frialdad y distancia que algunos le habían atribuído. La Iglesia Católica ha sabido encontrar en el momento oportuno a dos personajes excepcionales, capaces de regir sus destinos en una época muy exigente para quienes proclaman su fe en Cristo. Uno y otro sirven como máximo ejemplo y guía espiritual para millones de fieles. N los dos frentes que tiene abiertos- -derivados del desarollo de su programa nuclear y de la crisis de los rehenes británicos- el pulso del régimen de Irán con Occidente empieza a tener graves consecuencias, especialmente en el campo de la batalla de la imagen. En estos momentos, la teocracia iraní se ha convertido en un referente para los sectores de la opinión pública islámica más propicios al radicalismo integrista, disputándole protagonismo a los dirigentes de la organización terrorista Al Qaida y a los talibanes afganos. Ante buena parte del mundo islámico, el régimen de los ayatolás está acreditando la imagen de un país musulmán que no sólo resiste con éxito las presiones de la comunidad internacional en las negociaciones abiertas sobre su controvertido programa nuclear, sino que es capaz de pasar al contraataque mediático y colocar a Occidente ante situaciones que está demostrando no saber gestionar adecuadamente. Ya pasó con la crisis de las caricaturas, con la impugnación del genocidio judío o con las amenazas que profirió Mahmud Ahmadineyad contra el Estado de Israel. El pasado verano, la situación volvió a repetirse con la guerra mantenida por Hizbolá en el Líbano contra Israel, y ahora ha llegado al extremo de desafiar directamente al Reino Unido, uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y, lo que es más significativo, una de las principales potencias occidentales y el aliado privilegiado de los Estados Unidos de acuerdo con el despliegue geoestratégico norteamericano diseñado después de los ataques del 11- S. La gravedad de este nuevo incidente planteado por Irán representa una escalada en su conflicto con Occidente que hay que relacionar directamente con su objetivo de seguir adelante con su programa nuclear. Ahmadineyad está decidido a continuar al precio que sea, y para lograrlo practica la táctica dilatoria de entorpecer por todos los medios la capacidad de presión de la comunidad internacional. El régimen de Teherán trata de poner obstáculos a la misma, tensar la cuerda y abrir nuevos escenarios de enfrentamiento que hagan más y más compleja la capacidad de decisión de los países occidentales a la hora de resolver definitivamente la crisis nuclear. De este modo, Irán va logrando su objetivo- -ganar tiempo- ya que el endurecimiento de las sanciones impuestas hace dos semanas por el Consejo de Seguridad no impedirán que los investigadores iraníes, tal y como ha reconocido Teherán, continúen con el enriquecimiento del uranio. Reconociendo la oportunidad de seguir manteniendo abierta la vía del diálogo y la negociación- -incluso ahora, cuando hay quince rehenes británicos de por medio- alguien tendría que empezar a pensar que, por el momento, la táctica seguida tan sólo tiene un vencedor, al menos en la guerra de las imágenes: el régimen de los ayatolás. E