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68 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 2 s 4 s 2007 ABC CLÁSICA DANZA POPULAR Semana de Música Religiosa de Cuenca Calderón Nebra: La bella Filotea Int. Compañía P. M. Sánchez. Los Músicos de Su Alteza. Lugar: Iglesia de la Merced. Fecha: 30- III Push Coreografías: Russell Maliphant. Música: Carlos Montoya, Shirley Thompson y Andy Cowton. Luces: Michael Hulls. Intérpretes: Sylvie Guillem y Russell Maliphant. Lugar: Teatro Real, Madrid. Fecha: 31- III Músicas del mundo Conciertode Värttinä. Lugar: Centro Cultural de la Villa, Madrid Una banda sólida LUIS MARTÍN Originaria de Finlandia, ésta fue una de las formaciones más populares de aquel colectivo que, con la intención de poner al día el folclore escandinavo, empezó a visitarnos hace ahora algo más de una década. Tras una ausencia de siete años, vuelve Värttinä a nuestra escena para seguir emocionando la piel y, a veces, parece que también para definir la identidad frente a la dominante corriente angloamericana. Lo que hace esta gente es revestir de universalidad, tal vez de asepsia, parte del catálogo tradicional de canciones de su país. Un vigoroso ramillete de temas que encuentra acuerdo casi siempre con el rock y que, cuando adquiere velocidad, guarda un pintoresco paralelismo con la polifonía balcánica. Värttinä son tres mujeres que cantan y seis instrumentistas que aportan fuelle y nervio desde la retaguardia. Una banda sólida y de añada de la que, no obstante, tengo serias dudas acerca de si aún tiene algo nuevo que proponer. En los años en que Sirpa Reiman y el tándem Sari y Mari Kaasinen reinaban como cantantes estelares, Värttinä ofrecía un discurso de mayor frescura que el que ahora se aprecia con la presencia de Mari Kaasinen y la incorporación de las nuevas vocalistas Susan Aho y Johanna Vïrtanen. El espectáculo actual tiene, incluso, un pretencioso revestimiento conceptual que le hace flaco favor al conjunto del repertorio. Y, pese a ello, la maquinaria, quizás por veterana, realiza una entrega más compacta y muestra, mejor que nunca, los módulos repetitivos que caracterizan los ciclos del legendaria kalevala de Finlandia. Este es un modo de estructurar en pareados los textos de las canciones, para después enfrentar su interpretación, por parejas de bardos, de un modo repetitivo. Así fue en una de las canciones interpretadas a capella- -en ella se hablaba del Väidemöinen, héroe de la cultura finlandesa- y así fue en el resto, mucho más fronterizas y, sin embargo, perfectamente definidas. El espectáculo perdió pie cuando el baterista fabricó un espantoso espacio en solitario, y cuando- -como si de una función de Alice Cooper se tratase- -Värttinä se empleó en una canción con serpientes gigantes, peces terroríficos y brujas. Arriba y abajo ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Tiene cuarenta y seis años, y sigue creyendo que la música puede acercar lo humano y lo divino. Le avalan las pruebas acumuladas durante este tiempo y, ahora, el espectáculo inaugural de la última edición. La Semana de Música Religiosa de Cuenca ha vuelto a tocar el cielo, a unirlo con la tierra. Aunque, para ser estrictos, debería hablarse del infierno, pues a ras del suelo lo sitúa La divina Filotea el auto sacramental de Calderón según el trabajo escénico dirigido por Pedro María Sánchez y el musical de Luis Antonio González Marín. Y aún más cosas. Por ejemplo, que colocados encima de esta tierra pecadora, por donde deambulan el Demonio y sus secuaces, están los sentidos y las virtudes. Y más alto, en la parte superior del andamio castillo construido en la iglesia de la Merced, se ha visto a la protagonista y, sobre ella, al Príncipe de la Luz. Cada uno de ellos fijo en su posición, configurando un retablo esquemático y contundente para representar la estructura del universo doctrinal. Pero la bondad del espectáculo alcanza a la forma en la que se explica el rigor del dogma. Primero con el trabajo de quienes, interpretando, pronuncian estupendamente el verso y lo convierten en objeto de contemplación. Hay un encantamiento derivado de la escucha del enmarañado verso barroco. Que al final se llega a hacer comprensible, pues está despojado de circunloquios gracias a la adaptación de Esther Borrego Gutiérrez. Y en otro plano, también protagonista, la música que José de Nebra escribió en 1745, medio siglo después del trabajo de Calderón. La defienden, como si fuera suya, Los Músicos de Su Alteza, dedicados a la recuperación de la obra del autor aragonés, de educación conquense y vida madrileña. También aquí ha sido necesario arreglar para que al final todo encaje como un guante, desde la loa a la gitanada pa vailar a cargo de Maite Bajo. Por eso, no sólo la obra es un alarde de inspiración. Lo es también el trabajo de quienes la han reestablecido. Inspiración divina, cabe decir, pues, con ella, Cuenca vuelve a tocar el cielo. Un Rolls- Royce al ralentí JULIO BRAVO Quienes vieran por primera vez a Sylvie Guillem en esta tercera visita suya al teatro Real (la primera vez que pisó su escenario fue en una inolvidable producción de La bella durmiente) pudieron disfrutar de la exquisitez de su baile, de su asombrosa elasticidad, de la sutileza de sus dibujos, de la musicalidad de su cuerpo. Quienes ya habían gozado antes del arte de esta excepcional y singularísima bailarina francesa pudieron disfrutar de la exquisitez de su baile, de su asombrosa elasticidad, de la sutileza de sus dibujos, de la musicalidad de su cuerpo... Pero echaron de menos a Sylvie Guillem, porque sólo vieron una mínima parte de ella. Extraordinaria, magnética, acariciadora, pero apenas la punta del iceberg de su deslumbrante baile. En Push -el espectáculo con el que Sylvie Guillem estará en el Real hasta el miércoles- la bailarina se ha arrojado en brazos de Russell Maliphant, un coreógrafo más que interesante, un verdadero es- Sylvie Guillem y Russell Maliphant, en Push cultor del movimiento, que juega ingeniosa y sutilmente con la luz y la música para ofrecer al espectador piezas hermosas- -demasiado similares, eso sí, en línea y estructura- en las que tanto él y Sylvie Guillem, nadan con comodidad; los dos bailarines se entienden, se sienten bien el uno con el otro, y eso se transmite al espectador, que asiste complacido a un espectáculo apacible- -sólo la primera coreografía, un brioso solo sobre la guitarra flamenca Carlos Montoya- Son piezas que podrían considerarse meros ejercicios que, en manos de Sylvie Guillem, se transforman en obras de arte. Pocas artistas tienen la capacidad de moldearse a sí misma con tan- ABC ta preciosidad, pocas (pocos) tienen su poder de seducción, su magnetismo, su clase. Pero en las coreografías de Maliphant, Sylvie Guillem es como un Rolls- Royce al ralentí. Mantiene intacta su imponente presencia, su aire majestuoso, su prestancia, pero es un desperdicio... Los que han podido disfrutar antes de Sylvie Guillem salen así del teatro con el sabor agridulce de haber podido disfrutar de una de las más grandes artistas de la historia reciente de la danza- -que a sus cuarenta y dos años mantiene intactas sus facultades físicas, o así parece- pero con la frustración de haber dejado pasar la oportunidad de verla en plenitud. CLÁSICA Ciclos de la CAM Obras de Guridi, Turina, Rodrigo, C. Halffter y Falla. Orquesta Sinfónica de Madrid. Director: Luis Izquierdo. Solistas: S. Cordón (soprano) J. M. Gallardo del Rey (guitarra) D. Villalba (timbales) Lugar: Auditorio Nacional, Madrid Despedida de Luis Izquierdo ANTONIO IGLESIAS Luis Izquierdo, músico nacido en La Coruña, residente en Madrid luego de su larga vivencia en Sevilla, donde sus inquietudes musicales de todo tipo (pedagógicas, organizativas, renovadoras ante el podio directorial, etcétera) nos anuncia su retirada profesional, y nuestro disgusto se ve paliado porque al menos la reduce a Madrid De todos modos, acaba de dirigir, en el Auditorio Nacional, atestado, un programa entera- mente español, algo por lo que se han caracterizado sus más encendidos afanes. Y así comenzó con una versión de las magníficas Diez melodías vascas del gran compositor que fue Jesús Guridi, cuyo máximo ejemplo de escritura se puede estudiar, precisamente, aquí: cita de lo popular vasco, sostenido por el tratamiento orquesta adecuado. Luego, cerrando la primera parte, tornaríamos a festejar a Izquierdo, con la selección sobre el Canto a Sevilla del maestro Joaquín Turina, que introduce la saeta en su manera personalísima, cuajada de sevillanismo, en los cuatro números preciosamente cantados, con rigor y casticismo, por la soprano Susana Gordón. La segunda parte la inició Izquierdo con el famosísimo Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, con la irreprochable colaboración solista del sevillano José María Gallardo del Rey, diciéndolo con una holgura de medios formidable, sumando sus espléndi- dos dedos y cerebro al genio del gran compositor levantino. Decir que Palimpsesto supone una enriquecida orquestación de los Dos movimientos para timbal y orquesta de cuerda escritos en 1956 por Cristóbal Halffter, con varios timbales actuales que, si enriquecen sobremanera la densa, pensada y lograda obra, lo que parece equivocado se descubre en una realidad que da ocasión a desplegar las facultades solistas- -en esta ocasión abrillantadas por el talento de Dionisio Villalba- -y a admirar otra obra, resultante aumentativo de un buen trabajo en estos últimos años. Manuel de Falla, con tres números de El sombrero de tres picos puso broche de oro al concierto (se dio en bis la repetición de uno de estos fragmentos) aplaudido con entusiasmo notorio en todo momento- -Cristóbal Halffter hubo de saludar un par de veces con solista y director- anunciador de un no te vayas, Luis en general sentimiento.