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64 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 2- -4- -2007 ABC Treinta años del origen del Punk Hace justo tres décadas, en el Londres de Thatcher, los ajustes económicos llenaban las calles de parados, y un tendero llamado Malcom McLaren ideó un insólito movimiento artístico POR MONTERO GLEZ Ocurrió en Londres, en tiempos de la Thatcher, cuando unos pandilleros se acercaron al garito donde tocaban los Ramones, grupo de Nueva York que venía pegando. La ocasión merecía un recibimiento inglés con cortina de flemas al uso, así que fueron a darles la bienvenida. No hay que olvidar que la juventud de la época andaba tan insatisfecha que había conseguido deleitarse en el polvo de su propia insatisfacción. Anfetas caducadas, matarratas en vena y que siga rulando el bote del pegamín eran moneda corriente en los barrios londinenses. Tampoco hay que olvidar que la Thatcher se mantuvo siempre fiel a su economista de cabecera, Milton Friedman, hijo bastardo de Adam Smith y ducho en escupir semilla neoliberal en el vientre de todas las formas de gobierno habidas y por haber, convirtiéndolas en una sola. Y como consecuencia de las medidas que la Thatcher tomó de Friedman, vendría el vómito de parados. Imagen de los Sex Pistols, con Sid Vicious al bajo y el cantante Johnny Rotten truendo que poco tenía que envidiar al de las motosierras. Si a esto le sumabas que el cantante veía menos que un gato de escayola y que, cuando abría la garganta, su boca era blanco certero del gargajo londinense, se podría deducir que cualquiera de los francotiradores allí presentes sería capaz de subirse al escenario y hacerlo peor que todos los Ramones juntos. Y eso tenía su mérito, sobre todo cuando el dólar esperaba al final de una cucaña pringada en saliva. Quien olió asunto y puso la tinta en los presupuestos fue Malcolm McLaren, un tendero londinense que gastaba falda escocesa y calzoncillos de plástico colorado. Aunque el fulano aseguraba que no había futuro, el escaparate de su comercio siempre estaba a la última. Desde esvásticas nacaradas hasta pepinillos en vinagre, y otros juguetitos para adultos, se amontonaban junto a comunicados situacionistas, pasquines libertarios y demás propaganda disidente. Aún con todo, lo que más llamaba la atención eran unos maniquíes que la modistilla Vivienne Westwood vestía con an- AP No había futuro Ajustes de personal para salir de cuentas y cerrar hasta nuevo aviso. Con los bolsillos vacíos y la mirada también, los jóvenes de los barrios se reunían complacidos a esnifar el polvo de la insatisfacción. No había futuro y no tenían otra. Sin embargo, para los que se acercaron hasta el garito donde tocaban los Ramones, la insatisfacción quedó perturbada por el estímulo económico. Y mientras los Ramones triscaban repertorio, las teorías de Friedman rompieron aguas entre el público. Además de la memoria llena de gargajos y restos de billetes de dólar pegados al tabique nasal de los allí reunidos, los Ramones dejaron tímpanos desflorados, culpa de un es- Malcom McLaren, en una imagen de archivo AFP drajos y remataba con collares de perro. El tendero y la modistilla formaban una pareja cabal. Ella probando con un alfiler de la fábrica Adam Smith sujeto entre sus labios mientras él revolvía lemas del Mayo francés con el sonido de los accidentes de tráfico, un cisco que superaría al desatado por la motosierra en el ascenso a la cucaña del hit parade, donde la cocaína viene con tinta de dólar. Sid Vicious fue elegido como conductor suicida y, para los berridos, llamaron a un tal Johnny Podrido que cantaba como si tuviera la boca llena de cadáveres. De esta manera, con la ventaja de una pandilla de insatisfechos que se deleitan en su propia insatisfacción, el tendero Malcolm McLaren agarró un pasquín libertario y envolvió el resultado de las doctrinas económicas más severas de la Escuela de Chicago igual que si fueran excremento. Y con los Sex Pistols montó su castigado culo en la cucaña del dólar. Treinta años después ahí sigue. Nunca mereció otro destino.