Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 2- -4- -2007 Veinticinco años de la Guerra de las Malvinas INTERNACIONAL 33 Lo mismo que hacían en el continente lo repetían en las islas, las mismas torturas, los mismos crímenes El trato de los ingleses a los prisioneros fue excelente reconoce uno de los soldados por la montaña o sufría otro percance, nadie comía La antología del disparate en la Guerra de Las Malvinas se resume en la instalación de cocinas que funcionan con leña en un lugar donde no hay un triste palo. Tierra inóspita, tampoco hay mosquitos aunque ahora se han radicado, como el resto del mundo, pulgas y piojos, que nosotros llevamos Mejor con los ingleses Con los pies de trinchera es decir, a reventar y medio congelados por dentro y por fuera, los soldados, para no morir de hambre, empezaron a matar ovejas. Nos comíamos la carne cruda para meternos algo caliente recuerdan. Los superiores podían molerles a palos o matarlos por eso o por cual- quier otra cosa. Impensable la escena, corrían menos riesgos a manos de los ingleses que con sus compatriotas. La experiencia de Salvucci lo confirma: Excelente, el trato de los ingleses a los prisioneros en la Bahía de San Carlos fue excelente reconoce. Iluminados por la derrota, los soldados volvimos por la puerta de atrás nos metieron en autobuses, de noche, con las cortinas echadas para que nadie nos viera y a algunos nos trasladaron en camiones de residuos Cambian las palabras del que habla, pero la historia se repite. El regreso de los combatientes a Argentina fue la vuelta de los apestados. El pueblo siempre nos ayuda, lo que pasa es no nos veía. La gente hizo donaciones, mandó barras de chocolate, comida, pero luego aparecían a la venta en los supermercados de Buenos Aires Relato amargo y conocido, menos es la orden recibida en el continente. Todos terminábamos en Campo de Mayo, teníamos que redactar un informe de nuestra experiencia. Los militares lo corregían y nosotros firmábamos. Todos los combatientes recibimos instrucciones de no contar la verdad bajo amenaza de poner en riesgo la vida de nuestra familia En los estertores de la dictadura, nadie habló. Objetivo Gibraltar La Policía española descubrió un plan de la Marina argentina para hacer volar un buque inglés en Gibraltar. Los miembros de la operación eran también inverosímiles: guerrilleros montoneros y oficiales POR C. DE CARLOS BUENOS AIRES. Era como en una película de Woody Allen. Cada fuerza actuaba por su cuenta, a espaldas de las demás. La descoordinación era absoluta El ejemplo más claro que recuerda Gustavo Figueroa, jefe de Gabinete de Cancillería durante la guerra, es el de la denominada Operación Algeciras. La Marina había enviado a España a un grupo de infiltrados con el fin de hacer volar un buque inglés en Gibraltar. La Policía española les descubrió antes de realizar la operación. Advertido el embajador en Madrid nos llamó a Buenos Aires. Yo, personalmente, le atendí el teléfono. Me contó esa historia de la que, naturalmente, no teníamos la menor idea. De inmediato, el ministro de Asuntos Exteriores (Costa Méndez) se puso en contacto con Galtieri que... tampoco sabía una palabra... Todo era así, cada uno hacía lo que quería Si la iniciativa era inverosímil más aún los miembros de la operación: un grupo de guerrilleros montoneros con apoyo, entre otros, del por entonces teniente de la Armada Ricardo Cavallo, actualmente preso en España aunque Argentina ha solicitado su extradición. El objetivo era la fragata Ariadne hermana gemela de la Sheffield que había sido hundida en el Atlántico Sur por un avión Super Etendart. Nicoletti y Latorre, los dos montoneros encargados de ejecutar el plan, llegaron el 15 de abril a España. Se establecieron en un hotel de San Roque, cerca del Peñón. Tenían pasaportes falsos y, junto con otros dos, Rosales y el marciano que llegaron más tarde, se hicieron pasar por turistas fanáticos de la pesca El periodista José Vales, autor de la biografía no autorizada Ricardo Cavallo, genocidio y corrupción en América Latina recuerda los hechos. Compraron un bote de goma en el Corte Inglés y Nicoletti, que era buzo profesional, se sumergió y comprobó que las redes de acero para proteger el puerto militar contra ataques submarinos no estaban colocadas. El 27 de abril, Cavallo les hizo llegar la carga explosiva disimulada en una boya naranja. Todo estaba preparado para el lunes 31 de mayo pero, cuando fueron a renovar el alquiler de los coches, que se les había vencido por un día, en la agencia les estaba esperando la Policía Nacional El resto hoy es conocido. Oficiales y guerrilleros fueron deportados a Buenos Aires, pero antes coincidieron con Calvo Sotelo, por entonces presidente del Gobierno, en el vuelo que hizo escala en Madrid Explosivos en la boya Montoneros