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16 ESPAÑA LUNES 2 s 4 s 2007 ABC EL OBSERVATORIO Germán Yanke EL CUENTO DE BATASUNA E está construyendo una absurda ficción en torno a Batasuna. No parece haber nadie convencido de que esa organización ilegalizada se haya desligado de la violencia o vaya hacerlo y, sin embargo, se parlotea constantemente sobre su posible presencia, cumplidos ciertos requisitos, en las próximas elecciones. Incluso en torno al intento de registro de una nueva formación política, volvemos al cuento, como si la habilidad para encontrar personas no contaminadas o alguna fórmula retórica aparentemente novedosa sirvieran para olvidar que sólo hay una Batasuna y que esa Batasuna forma parte de un entramado de raíz terrorista, el de ETA, tal y como evidencian tanto el sentido común- -la observación elemental de la realidad- -como la sentencia judicial por la que fue ilegalizada. El presidente del PNV, José Jon Imaz, que no confía en que Batasuna vaya a condenar el terrorismo, afirma que todo depende de esa organización: si lo hiciera estaría presente en los comicios. El presidente del Gobierno parece todavía más generoso: piensa que puede hacer algo en el ámbito de la política para que algunos de los votantes o de los militantes de Batasuna abandonen esa organización. Pero Otegi y los suyos saben que condenar a ETA, separarse de la banda de una u otra manera, significa el fin de Batasuna. Y el presidente Rodríguez Zapatero se debate en el absurdo dilema de considerar a los votantes de Batasuna, que fueron numerosos y podrían volver a serlo, como un elemento que implica algunas transacciones políticas y, al mismo tiempo, utilizar esas transacciones para que sean menos. La política tiene algo de teatro, pero el dominio de la ficción como fundamento de la misma nunca había alcanzado estas cotas. Se sabía, claro, que ETA seguía activa, robaba armas, extorsionaba económicamente, desplegaba violencia callejera, pero, como no mataba, no actuaba. Es irracional, pero lo hemos padecido: ETA no mata, podemos hablar con Batasuna S ante la ausencia de Batasuna, reforzaron la posición electoral del PNV porque no querían que ganaran los partidos no nacionalistas. La izquierda abertzale, como concepto político en el País Vasco, es Batasuna. Los citados antes no necesitan otro cauce de expresión más allá de la democracia que disfrutan. Es Otegi el que quiere la legalización de la izquierda abertzale -como dijo el sábado claramente- -porque va a estar (en las elecciones) tal y como es, sin subterfugios ni disfraces La ficción, por cierto, es la misma antes y después del atentado de Barajas, aunque ahora el cuento es sensiblemente más sangrante. Antes de la bomba del 30 de diciembre, se trataba de disimular la indeleble vinculación de Batasuna con ETA con una suerte de bucle mental que venía a implicar la inconsecuencia de pensar, o de querer pensar, que, como la banda no actuaba, no existía. Batasuna, así, estaba, ¿cómo decirlo? desligada de la violencia. Se sabía, claro, que ETA seguía activa, robaba armas, extorsionaba económicamente, desplegaba violencia callejera, pero, como no mataba, no actuaba. Es irracional, pero lo hemos padecido: ETA no mata, podemos hablar con Batasuna. uando ETA mata en Barajas, hasta el presidente del Gobierno pareció todavía subyugado por el cuento, como si pensara que la barbarie iba a servir para que dos cosas distintas (Batasuna y ETA) se separasen definitivamente. Pero las dos forman parte de una misma realidad que, como se ha visto apenas tres meses después, ha aceptado las consecuencias del atentado y los asesinatos y sigue dispuesta a seguir utilizando el chantaje del terrorismo, como demuestran las detenciones que desde aquel día se han llevado a cabo en Francia y España. Y la actitud de Batasuna, como parte del entramado, ante esta evidencia. Pasmosamente, todavía hay quienes viven en el cuento. Y Batasuna del cuento. Así, si dice que quiere seguir gozando de la actividad institucional que impidió la Ley de Partidos, sin renunciar a nada, pretenden convencerse de que, en realidad, desean utilizar la vía política Todos los gestos, inusitados, del Gobierno, desde la entrevista de López con Otegi que rompió las amarras con el PP hasta los beneficios parlamentarios a De Juana, que quebró definitivamente el hilo que pudiera aún subsistir, son parte del cuento. Puro cuento. C CARLOS KILLIAN E l cuento conlleva pensar que los independentistas vascos de izquierda no tienen otra opción que Batasuna. Se alude a menudo a que no puede ilegalizarse a ciento cincuenta o doscientos mil votantes, como si impedir que den su voto a una banda terrorista fuese limitar sus derechos. Tras el acto del sábado en Baracaldo, un dirigente del PNV, Iñigo Urkullu, al que los observadores colocan en el sector moderado del nacionalismo vasco, considera nece- sario que Batasuna tenga cauces de expresión Sin embargo, Aralar es una formación de izquierda e independentista. ¿Por qué Otegi y los suyos, incluidos sus votantes, no apoyan a ese partido? ¿Por qué no sirve esa formación, u otra similar, de cauce de expresión de la izquierda abertzale? Porque eso no sería ETA, que es lo que tenemos delante en sus diversas ramificaciones orgánicas y que es lo que Batasuna no quiere dejar de ser. Da la impresión de que hasta el juez Garzón se siente cómodo en esta sorprendente ficción elevando a categoría de auto judicial la distinción entre Batasuna y la izquierda abertzale. La ilegalización- -y la suspensión que él dictó y fue después prorrogada por Grande Marlaska- -afectaría a la primera y no a la segunda. En la comparecencia judicial del lehendakari Ibarretxe por haberse reunido con Bata- suna, algunas significativas preguntas de la defensa, de la representación de la propia Batasuna y de la misma fiscalía, iban en ese mismo sentido. El cuento se refuerza: Batasuna está ilegalizada, es evidente que depende y obedece a ETA, pero deberíamos buscar una solución, una fórmula para que la izquierda abertzale esté presente y tenga sus cauces de expresión. Se quiere dar al cuento tanta verosimilitud que el lehendakari y el propio PSE podrían no haber estado reunidos con Batasuna, aunque lo estuvieron con Otegi y compañía porque, en realidad, hablaban con la izquierda abertzale. S in embargo, la izquierda abertzale no es un concepto sociológico. No son los independentistas vascos de izquierda, no incluye a los votantes de Aralar o de otras agrupaciones similares, no responde a los votantes que,