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ABC LUNES 2 s 4 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL PUEBLO EN LA CALLE UANDO contestó el teléfono, mi amigo estaba a punto de salir con su familia a la calle. Se había puesto, me dijo, el terno impecable de las fiestas, corbata nueva- el Domingo deRamos, al queno estrena se le caen las manos -y zapatos lustrados. Era media mañana y la ciudad hervía ya en la expectativa de la celebración. A mi amigo se le hacían camino los pies, y le apretaba el alma la prisa por incorporarse al rito. Envidiándole a distancia, le quise provocar un poco. -Tengo puesta la Pasión según San Mateo para ambientarme desde lejos. -Pues yo voy a vivir la IGNACIO Pasión según Sevilla, que es CAMACHO más participativa. ¿Por qué no escribes de eso? -Porque es difícil contárselo a quien no lo entiende. En España hay mucha gente para la que la Semana Santa es una paella grasienta en GandíaoBenidorm, ounaexcursión aLondres. ¿Cómo les dirías tú lo que sientes por dentro? -Yo ya he llegado a la conclusión de que los sentimientos no se explican. Se viven. Pero... ¿porquénocuentas, porejemplo, quesolamente en Sevilla o Málaga van a salir en las procesiones más ciudadanos que simpatizantes puede tener Batasuna? -No está mal visto... y sin dar por saco. -No sólo sin dar por saco: sin apenas subvenciones ni dinero público. Poniéndolo desu bolsillo para mantener un patrimonio único y hacer obras de caridad todo el año. -Para recibir subvenciones tendrían que sacar Cristos y vírgenes pornográficos... -Sí, tiene bemoles la cosa. Pero luego los que subvencionan eso se dan tortazos por presidir las procesiones con la vara de mando y el traje oscuro. -Ay, amigo, porque saben la fuerza que hay detrás. -La fuerza del pueblo. Aquí estamos todos. De izquierdas y de derechas. Creyentes y descreídos. Unos por fe, otros por tradición, otros por cultura, otros por la belleza... ¿tú conoces una fiesta más integradora, a la que la gente se acerque con más respeto? -Yo conozco a un presidente socialista de la Junta quesalía con el capirote del Calvario. -Y muchos más. Ojalá hubiese esa transversalidad en lapolítica, eseconsensocolectivo. Lo que pasa es que en el nuevo pensamiento dominante no está demasiado bien visto, por aquello del laicismo... Por fortuna en Andalucía y en algunos otros sitios, la izquierda hacemuchotiempoquelo entendiósinproblemas, pero... ¿tú has visto alguna vez al presidente Zapatero presenciando alguna cofradía? -Políticamente incorrecto: casaría mal con la Alianza de Civilizaciones... -Yesoque la iconografía tradicionalmaltrata a los judíos, jajaja... Pues ya ves: mucha democracia deliberativa pero luego algunos le dan la espalda a las manifestaciones del pueblo. Será que los millones de personas que hay en las calles son todos unos rancios o de extrema derecha. Hasta que salga una cofradía de batasunos... -Se dice hombres de paz, que no estás al día con tanta procesión. -Por cierto, te dejo, que me pierdo la Paz por el Parque de María Luisa... C CURAS NA encuesta publicada por la revista 21 RS entre sacerdotes diocesanos ha proporcionado durante los últimos días diversas excusas para la comidilla periodística. Se ha insistido mucho, por ejemplo, en que hay curas que se declaran partidarios del celibato opcional, curas que adoptan posturas contrarias cuando se les pregunta sobre la recepción del Concilio Vaticano II, curas que se declaran de izquierdas o de derechas. Se descuida, en cambio, el dato esencial de la encuesta, el dato que hace palidecer todos los demás: noventa y siete de cada cien curas encuestados afirman sin dubitación que, si volvieran a nacer, elegirían otra vez el ministerio sacerdotal, volverían a dejarlo todo y a seguir la llamada que un día los convocó. Y esta respuesta tan abrumadoramente unánime nos sitúa ante la grandeza y generosidad de su decisión: más allá de cualquier discrepancia, más allá de preferencias ideológicas, estos curas se saben y se sienten curas, saben y sienten que no podrían ser otra cosa, saben y sienten que el sentido de su elección ha dado sentido a su vida y que, sin esa elección, su vida resultaría estéril e ininteligible. JUAN MANUEL La banalidad contemporánea pueDE PRADA de regocijarse analizando los pareceres encontrados que esa encuesta manifiesta; en el fondo, ese regocijo es la expresión de una incomprensión supina. No hay personas tan radicalmente libres como los curas: la decisión que un día adoptaron los convirtió en hombres a contracorriente, hombres capaces de escuchar una voz interior entre el tumulto de voces confusas con que nuestra época nos aturde, hombres dispuestos a renunciar a formas de vida mucho menos exigentes a cambio de una felicidad difícil y puesta a prueba cada día; cuando se ha sido libre hasta tal extremo en lo esencial, es natural que se sea libre también en lo accesorio. Quienes hemos tenido la suerte de tropezarnos en nuestro camino con curas que desempeñan su ministerio con alegría y denuedo sabemos, sin necesidad de encuestas, que partici- U pan de las pasiones humanas, y que por lo tanto poseen opiniones muy diversas sobre asuntos que afectan accesoriamente a su ministerio; pero también sabemos que el fuego que alimenta su vocación es el mismo, sabemos que en lo que verdaderamente importa no hay entre ellos disensiones ni titubeos. Todos se saben, con orgullo y humildad, pescadores de hombres, ungidos por Dios para predicar la buena nueva. Se saben depositarios de una gracia que es testimonio de la fidelidad de Dios al hombre; y esa certeza les basta para vivir. Sólo cuando entendemos la razón última de su vocación podemos comprender la naturaleza de su servicio. Sólo entonces entendemos el sacrificio de esos curas rurales que atienden media docena de parroquias en pueblos que ni siquiera figuran en el mapa; sólo entonces entendemos el pundonor de esos curas ya achacosos que siguen levantándose de la cama cuando suena un teléfono en mitad de la noche y una voz les requiere para administrar los sacramentos a un moribundo; sólo entonces entendemos el coraje de esos chavales que ingresan en un seminario, contrariando las inercias de una época que ha renunciado al espíritu; sólo entonces entendemos la epopeya anónima de tantos curas que se desvelan por los pobres, que se vuelcan en los ancianos y en los enfermos, que encuentran siempre un rato libre para donarlo a quienes se acercan a ellos en busca de consuelo espiritual. Yo he tenido la suerte de conocer a algunos de estos curas, he tenido la suerte de disfrutar de su amistad y de sentirme querido por ellos, de sentirme salvado por ellos. He tenido la suerte de compartir sus tribulaciones y de escuchar sus inquietudes; y he comprobado que, en su rica e inabarcable diversidad, son todos uno y lo mismo: hombres que han elegido servir a otros hombres, hombres que renuevan cada día el misterio de la Redención, que se calcinan en el desempeño de su ministerio sin pedir nada a cambio, en un ejercicio de generosidad insomne que nunca dejará de asombrarme. Son curas, sin adjetivos ni aderezos. El día en que dejaran de existir el mundo se apagaría, habría perdido la esperanza.