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Domingo 1 de Abril de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.346. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 3,20 Bélgica: 3,00 Estados Unidos: 3,50 USD. Francia: 3,05 Irlanda: 3,00 Italia: 2,80 Holanda: 3,00 Portugal: 2,45 Reino Unido: 1,80 LE. Suiza: 5.40 CHF. Marruecos. 30 Dh. Aguas revueltas para la gondolera Hija de un argelino y una alemana, Alexandra Hai se ha convertido en la primera mujer gondolera de la historia de Venecia, después de haber ganado en los tribunales una larga batalla con el gremio JUAN VICENTE BOO a tenacidad de una mujer está agitando las aguas de la laguna de Venecia. Los gondoleros están en pie de guerra, y la Serenísima República, gobernada por el alcalde filósofo Massimo Cacciari, ha perdido su calma. Ayer no se hablaba de otra cosa en los canales- Pero, ¿a dónde vamos a parar? mientras la polémica se extendía por toda Italia en dos frentes radicales: el bando guerrero del ¡Basta ya de machismo! y la coalición sarcástica del Anda, mírala. Mejor que no te pegue con el remo... El origen de la borrasca se llama Alexandra Hai, tiene 35 años, es hija de un argelino y una alemana, y ha vivido mucho tiempo en Estados Unidos. Es una mujer atlética, que ama las góndolas y lleva años intentando romper el monopolio masculino en una profesión única en el mundo. Y además habla cuatro idiomas, el cuádruplo de algunos gondoleros que le han gritado comentarios soeces en el dialecto local. En cuanto a los gestos, es mejor no hablar. Alexandra pilotaba ayer su góndola gracias a que el Tribunal Administrativo de Venecia anuló el veto impuesto por el Ayuntamiento bajo presión del gremio de gondoleros: 575 hombres sin piedad decididos a no permitir la entrada de una prima donna -nunca mejor dicho- -en la cofradía del remo en la laguna. Aunque Alexandra controla bien la barca y tiene más fuerza que muchos compañeros, la suspendían cada vez que se presentaba al examen del carné En vista de que no podía ser gondolera oficial- -con el jersey de rayas y el sombrero de paja- Alexandra se estrenó como gondolera privada transportando a los huéspedes de Jm Internatio- Irene Lozano LA SIESTA DEL ABUELO PACHI o dejo de pensar en el abuelo Pachi. Su nombre viene a mis oídos sin cesar; me lo recuerda una radio, lo cita un periódico y es el tema de conversación en los bares. El abuelo Pachi se ha convertido en el centro de mi vida, y me atrevo a afirmar que será ya para siempre una referencia de nuestra historia. Me obsesiona su imagen de hombre sencillo, un punto rústico, que salía ufano de casa, con ochenta céntimos en el bolsillo por todo capital, para tomarse su cafelito diario. En los tiempos del abuelo Pachi hacía falta un caserón vacío para que el eco retumbara; hoy la muchedumbre y la bulla nos devuelven las palabras una y otra vez. Qué plácida vida la del abuelo Pachi, alejado del mundanal ruido para echarse la siesta en las eras. La arcadia feliz consistía en eso: achicoria barata y una cabezada. Por eso y por lo saludable que es el sueñecito de después de almorzar, los científicos nos animan a resistir en su defensa. Su último descubrimiento- -lo publicaba Le Monde el otro día- -es que los que duermen la siesta son buenos pagadores, pues tienen la costumbre de abonar esas deudas de sueño que uno contrae consigo mismo. De lo cual se deduce que pagan la letra con idéntica puntualidad, nada más terminar el postre. Fíjense en la importancia de este hallazgo para España, estando como está medio país hipotecado hasta las cejas. Ahora me explico que los bancos sigan prestando dinero a espuertas: han promediado el diferencial del euribor con el número de siestas anuales y les ha dado positivo. Ellos saben qué pregunta han de formular a sus clientes para averiguar si son de fiar: nada del precio del café o del billete de metro. Sin abandonar, por supuesto, al abuelo Pachi- -él nunca lo haría- -la cuestión decisiva es: ¿duerme usted la siesta? N L Alexandra Hai conduce su góndola por un canal de Venecia nal, una pequeña empresa propietaria de tres hotelitos de tan sólo una estrella. Y ahí volvió a pisar otro callo, porque hasta ahora el gremio de gondoleros había conseguido impedir que los hoteles les hiciesen la competencia. Total, que el Ayuntamiento emitió una ordenanza y Alexandra tuvo que colgar el remo. Se despidió de la góndola como los condenados a mazmorras se despedían de la luz del sol al cruzar el Puente de los Suspiros Pero una chica con fanta- EPA sía árabe, responsabilidad germánica y dinamismo americano no puede resignarse a la derrota. Alexandra y su empresa acudieron a los tribunales y, como explicaba ayer, hemos vencido en todos los frentes. Es estupendo y soy feliz Pero sobre todo, se sentía orgullosa: Mi góndola es muy bonita y limpia. Y yo no voy en vaqueros sino que visto un uniforme histórico del siglo XIX. Remo en esta góndola para reparar una injusticia