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48 ECONOMÍAyNEGOCIOS Pugna por el control de Endesa DOMINGO 1 s 4 s 2007 ABC El vigilante vigilado Mercados, empresas y políticos miran con lupa las decisiones de Manuel Conthe, presidente de la CNMV, cuyo papel puede ser determinante para el resultado de la mayor guerra de opas conocida jamás en nuestro país F. CORTÉS MADRID. Aseguran los que le conocen que Manuel Conthe sabía más que de sobra dónde se estaba metiendo cuando, en el año 2004, aceptó la oferta de su amigo Pedro Solbes para presidir la Comisión Nacional del Mercado de Valores. No necesitaba, desde luego, demasiadas pistas ni que se desatase la guerra de opas más encarnizada conocida jamás en el mercado español. Le bastaba con pasar un rato en una hemeroteca y refrescar sus propios recuerdos sobre las experiencias vividas por las personas que en los años anteriores le precedieron en el cargo. Desde su creación en 1988, la CNMV ha tenido cinco presidentes y ninguno de ellos ha disfrutado de un mandato que se pueda considerar plácido tal y como cabría esperar de un puesto eminentemente técnico. Él no tenía por qué ser una excepción. El primero en pasar por lo que a la postre ha resultado ser un auténtico potro de tortura Luis Carlos Croissier, tuvo que sufrir, aunque fuera colateralmente, el terremoto que provocó la intervención del Banesto de Mario Conde por parte del Banco de España. Le sustituyó Juan Fernández- Armesto, a quien todavía le pitan los oídos por culpa de las famosas stock options de Juan Villalonga, el banquero de negocios elevado por el primer Gobierno del PP a la presidencia de Telefónica, con el encargo de pilotar su plena privatización. Después de Armesto vino Pilar Valiente, aunque lo suyo fue visto y no visto. Arrastrada por la riada de Gescartera, duró en el cargo menos de un año. Recogió el testigo Blas Calzada, quien pasó por el puesto con la discreción propia de su personalidad, aunque tampoco se libró de salir en los medios por culpa de sucesos extravagantes, como cuando dos desconocidos se colaron en dependencias de la Comisión y revisaron algunos despachos. En los dos años y medio que lleva ocupando la máxima responsabilidad dentro del regulador bursátil, Manuel Conthe ha tenido que lidiar auténticos miuras Los más llamativos, aunque no los únicos, son el caso de FG Valores y la guerra por el control de Endesa. Ambos asuntos han sido de gran interés para un sector muy concreto del Gobierno, desde el que se presionó a fondo para conseguir un desenlace satisfactorio para sus intereses. Y en las dos cuestiones Conthe ha sido determinante y ha mostrado un grado de independencia poco habitual- -y sumamente molesto, según algunos- -en los tiempos políticos que corren. La operación auspiciada a finales de 2004 desde Moncloa para desalojar a Francisco González de la presidencia del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria también salpicó a la CNMV en un momento determinado. Desde ciertos sectores se intentó desempolvar el episodio de la venta, en 1996, de FG Valores- -propiedad de González- -a Merrill Lynch, con el objeto de buscar presuntas irregularidades. Conthe cortó de raíz la operación. Y no le dolieron prendas a la hora de arremeter contra los que, en su opinión, intentaron manipularle. Este episodio ya le granjeó más de una animadversión en el entorno de Moncloa, donde tampoco emociona el papel que está jugando en la pugna por el control de Endesa. En este asunto, la actuación del regulador fue muy criticada en un principio desde la propia Solbes ha mostrado su apoyo claro y concreto hacia Manuel Conthe, señalando que su decisión de bloquear durante al menos seis meses la opa de Enel y Acciona constituye la medida más equilibrada que se podía adoptar Las primeras actuaciones de la CNMV no gustaron en Endesa, donde, sin embargo, se valora en estos momentos el papel que está representando el regulador Endesa, por lo que se consideraba exceso de celo, a la hora de exigir a los responsables de la eléctrica que respetasen su deber de pasividad. Una obviedad que en la compañía se interpretó como un presión más por parte del Gobierno, deseoso de que la balanza se inclinase en favor de Gas Natural, el primer y ya casi olvidado candidato a la compra. La verdadera prueba de fuego para la CNMV ha sido, sin embargo, la aparición de Enel y Acciona- -con todas las bendiciones del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero- -en el escenario de la opa. Conthe ha bloqueado, al menos temporalmente, las pretensiones de los nuevos aspirantes, en una decisión difícil y que está siendo revisada con lupa por los afectados. El vigilante vigilado no sólo ha tenido que sobreponerse a la presión ambiental también ha debido superar las diferentes sensibilidades existentes dentro del propio consejo de la Comisión, donde más de uno era partidario de dejar a la eléctrica italiana y a su aliado español entrar en el terreno de juego a mitad de partido. La división existente en la CNMV respecto a la opa es un calco de la que sufre, en este mismo asunto, el propio Gobierno, en el que las opiniones son variadas. Nadie, sin embargo, pone demasiado entusiasmo a la hora de manifestarse, ya que los planes del presidente del Ejecutivo y de su círculo más cercano- -incluido Miguel Sebastián- -respecto a Endesa son más que conocidos. Quien sí ha roto una lanza, de forma clara y concreta, en favor de Conthe ha sido quien le nombró para el cargo. El vicepresidente económico, Pedro Solbes, con quien le une una estrecha amistad, salía en su defensa esta semana señalando cosas que, pese a ser obvias, hay que recordar de vez en cuando. Por ejemplo, que la CNMV es un organismo independiente que toma sus decisiones de acuerdo con sus propios procedimientos y que está formado por personas cuyos análisis y criterios son mejores incluso que los de cualquier otro miembro del Gobierno. No le hizo falta mencionar expresamente a Conthe- -ni a algún otro- aunque se entendía perfectamente a quién se estaba refiriendo. El regulador- -en su opinión- -ha buscado un equilibrio entre los intereses de ambas operaciones señaló el vicepresidente segundo. Palabras que, a buen seguro, habrán compensado en cierta medida los sinsabores que desde que accedió al cargo padece este madrileño de 52 años, empeñado, casi siempre, en remar contra la corriente.