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ABC DOMINGO 1- -4- -2007 En portada s El Prat, un aeropuerto global para Barcelona ECONOMÍAyNEGOCIOS 43 La espada de Bofill, el mayor edificio construido nunca en España BARCELONA. Ajena al debate que su adjudicación ha propiciado, la T- Sur de El Prat empieza a despegar. La espada diseñada por Ricardo Bofill- -525.000 metros cuadrados, el mayor edificio individual construido en España- permitirá al aeropuerto barcelonés desplegar todo su potencial, con la tercera pista ya en funcionamiento y el resto de instalaciones notablemente ampliadas; si la T- Sur costará 800 millones, el conjunto del llamado Plan Barcelona eleva la cifra a 3.000, un dato que indica el alcance de la reforma. La construcción de la nueva terminal- -1.300 obreros y 300 técnicos de media- -no está resultando fácil en un aeropuerto que no ha dejado de funcionar y que cuenta con una limitación fundamental, el mar, que lo encajona físicamente y que ha obligado, dado el nivel del freático, a aislar la T- Sur en un cajón de hormigón de siete kilómetros de largo, 23 metros de profundidad y ocho centímetros de grosor, lo que ha prolongado las obras al menos un año. Se estima que a finales de 2008 o principios de 2009 pueda entrar en funcionamiento, si bien no será hasta dos o tres años después cuando el aeropuerto quede enlazado con la red de Metro y AVE. De seguir la progresión de crecimiento actual, para 2015 la T- Sur habrá quedado pequeña; los ingenieros ya trabajan en la ubicación y diseño de una nueva. À GUBERN do e impulsado en la etapa en que el socialista catalán José Borrell era ministro de Fomento, ha evitado hasta ahora que los aeropuertos españoles compitan entre sí, como sucede ahora en la mayoría de países que disponen de grandes aeropuertos internacionales. En Europa, además de España, sólo los países nórdicos y Rumanía mantienen un sistema centralizado. Portugal se encuentra en estos momentos en pleno proceso de privatización. Otros aeropuertos, como Amsterdam, Munich y Manchester, cuentan con órganos de control en los que está presente el Estado, aunque la gestión es individualizada y se realiza con criterios empresa- Únicos casos en Europa De cumplirse el calendario, la nueva terminal de El Prat entrará en servicio a finales del año 2008 E. C. riales. Otros casos, como los de Australia, Canadá, Eslovenia, Grecia, Hungría, Irlanda y Chequia han servido de modelo para los planteamientos de la Generalitat porque han evolucionado de un modelo centralizado como el español a otro en competencia. El profesor Pedro Nueno, de la escuela de negocios IESE, ofreció su receta para lograr una buena salud aeroportuaria: Una gestión independiente y profesionalizada, una negociación creativa continua, un buen management y un excelente servicio al cliente Y el ejemplo a emular sería el de Boston y Nueva York, que pese a estar a una hora de vuelo, como Madrid y Barcelona, ambos aeropuertos tienen conexiones intercontinentales. Fernando González Urbaneja EL EFECTO DE EL PRAT o que no logró el Estatuto lo ha hecho la ampliación de el aeropuerto de El Prat. La sociedad catalana se ha sentido concernida y movilizada por el futuro de ese aeropuerto y ha convenido que su condición de internacional es necesaria para que Barcelona, Cataluña y España puedan competir en la economía globalizada. La demostración se produjo en una reunión del IESE, donde un millar de empresarios y directivos secundaron los argumentos de tres catedráticos de distintas sensibilidades, pero acreditada competencia (Nueno, Bel y Mas- Collel) en pro de la autonomía del aeropuerto y su potenciación para hacerlo tan internacional (es decir nacional) como Barajas. Días después, Montilla recibió L El efecto El Prat viene activado por el impacto de la T 4 de Barajas, percibida en Barcelona como una desmesura, la demostración de que el Gobierno central prefiere Madrid a los patrocinadores de la iniciativa para sumarse a la misma. Fuera de Cataluña el caso El Prat apenas ha interesado, acreditando la baja sensibilidad hacia Cataluña del resto de España. Desde que los grandes medios nacionales publican edición propia en Cataluña, la merma de lo catalán en las demás ediciones es apreciable con un efecto perverso para la densidad del relato informativo. El efecto El Prat viene activado por el impacto de la T 4 de Barajas, percibida en Barcelona como una desmesura, la demostración de que el Gobierno central prefiere Madrid. Personas con mucho juicio sostienen en Barcelona que la apuesta de Iberia por Barajas responde a una agenda oculta del Gobierno para favorecer Madrid, para perjudicar a Cataluña y hacer pasar a los catalanes que viajan a otro continente por esa irritante catedral del siglo XXI que es la T 4. Intentar razonar que Iberia es privada y que toma sus decisiones sin pasar antes por el Ministerio no cabe en la mente de esos juiciosos. Que el AVE no haya llegado a Barcelona, que las cercanías sean muy deficientes, que la Feria se haya quedado canija, que la Terminal Sur de El Prat entre en funcionamiento dos años después que la T 4... forman parte de los agravios y ratifican que en Madrid no escuchan, desprecian a los catalanes. Si ese pensamiento o sentimiento no evoluciona, si no mejora el diálogo, la competencia y el entendimiento entre los dos principales núcleos económicos de la península, del sur de Europa, del Mediterráneo será malo para todos. Madrid se va dijo hace un año Goytisolo. Ahora podríamos proponer: Barcelona no debe quedarse Y ambas ciudades interesa irse arriba juntas, como BBVA y Santander, que se han hecho muy fuertes porque han competido a cara de perro sin agobiarse por la sede social. Y al fondo, el modelo aeroportuario español, centralista y estatal, cuando los mejores aeropuertos son privados y muy competitivos. Los aeropuertos españoles les pagan los usuarios, no les financia el presupuesto. Y desde esa realidad la opción que evita problemas, la privatización urgente, incluidos lo deficitarios que para sobrevivir quizá necesiten la ayuda de la administración más cercana. El efecto de El Prat es uno de los fenómenos más interesantes de los últimos tiempos, un recado de que los catalanes están al loro.