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20 ESPAÑA El juicio del 11- M s La hora de la verdad DOMINGO 1 s 4 s 2007 ABC Callejón sin salida Díaz de Mera, director de la Policía el 11- M, no sabe cómo salir del paso tras sus declaraciones en el juicio: si identifica a su supuesta fuente, corre el riesgo de ser desmentido; si no lo hace, su futuro político queda comprometido. Y el PSOE se frota las manos P. M. J. L. J. MADRID. Agustín Díaz de Mera, movido por su buena o mala fe- -las consecuencias políticas en ambos casos son las mismas- -ha caído en un error de principiante que consiste en no evaluar las consecuencias de unos actos. El ex director de la Policía, según las fuentes consultadas, no está en condiciones ni siquiera de aportar el nombre de una supuesta fuente policial sin correr el riesgo de ser inmediatamente desmentido. Entre otras razones, porque el señalado por Díaz de Mera, si finalmente reconoce ser el origen de esa información, habría cometido un delito al no poner los supuestos hechos- -que se ha orientado en un sentido muy concreto y por razones de conveniencia política las investigaciones sobre la matanza de Madrid- -en conocimiento del juez instructor Juan del Olmo. En estas condiciones, la situación del ex director general de la Policía es más que comprometida. Sin respaldo claro y evidente en la Policía, salvo que alguien quiera asumir una grave responsabilidad; sin respaldo en su partido, que no entiende cómo ha actuado así sin consultar antes, y sin la posibilidad de contar con el menor respaldo probatorio, a Díaz de Mera le aguardan semanas de calvario de las que a estas horas horas es difícil aventurar un resultado. El ex director general de la Policía ni siquiera cayó en la cuenta de que ya ante la comisión de investigación parlamentaria del 11- M toda la anterior cúpula policial, que trabajaba a las órdenes del Gobierno del PP, había descartado cualquier vinculación de ETA con el peor atentado de la historia de España o, al menos, afirmó no conocer dato alguno para poder sostener esa afirmación. Si eso dijeron los jefes policiales en aquella ocasión, es muy difícil suponer que ahora puedan cambiar de testimonio. A pesar de ello, Díaz de Mera se lanzó a la piscina primero en la Cope- -en ese momento ya fue reconvenido por sus jefes políticos- -y luego en el juicio, con los resultados ya conocidos. Eso, si no es que lo que intentó realmente fue torpedear el proceso y llevarlo, como dijo Gómez Bermúdez, a una situación insostenible El único informe encargado por Telesforo Rubio en su época de comisario general de Información es el que está en el sumario, y no hay otro afirman las fuentes policiales consultadas. Si se mantiene lo contrario es muy sencillo: que se demuestre añaden. Si Díaz de Mera habla de otro documento es porque muy probablemente haya malinterpretado lo que le han dicho o bien porque ha actuado por Un solo informe Díaz de Mera, en la comisión del 11- M en el Congreso CHEMA BARROSO MELANCOLÍA CON FUNDAMENTO Lo más probable es que España siga desvencijándose y luego se recomponga, con arreglo a una fórmula que ahora no imaginamos neracionales. Fueron los de sus edad los que, en esencia, montaron la estructura política a que nos hallamos todavía acogidos. Pero la lealtad de Fusi al sistema se inspira, sobre todo, en consideraciones objetivas. A partir del 78 hemos estado, sin duda alguna, mejor que en cualquier otro momento de la historia contemporánea. El aplomo o alegría de Fusi fueron moderándose durante los últimosaños, yahorahanrematado, como se confirma leyendo su Tercera del 27 de marzo, en alarma, agravada por la desesperanza. Fusi cree que el régimen de convivencia está muy, muy seriamentetocado, sin perspectivas de iramejor. El hechodequenoexistan causas proporcionales- -una derrota bélica, una economía inviable, un enfrentamiento de clases- -a la gravedad de la crisis, produce desconcierto y acentúa el pesimismo. Se diría que lo que no funciona, es la clase política. Yo añadiría, dado que la clase política no viene de la luna sino de las urnas, que no funcionamos tampoco los españoles. Nos enfrentamos a una cuestión, si se quiere, de desarrollo. Se requiere un alto grado de desarrollo para conseguir buenos resultados en investigación o tecnología. Se requiere, igualmente, un alto grado dedesarrolloparamanejarsecon éxito en un régimen institucionalmente complejo. Y parece que no estamos rindiendo lo suficiente. Parece que se ha empinado la cuesta y que hemos empezado a renquear. Que el más decidido defensor de la democracia actual comience a no tenerlas todas consigo, representa la primera razón por la que el artículo del martes veintisiete es impresionante. Se trata de un artículo, lo aclaro de inmediato, con el que estoy fundamentalmente de acuerdo. Pero no estoy de acuerdo con él en su totalidad. Y los puntos en que discrepo meconducenasuotroladoimpresionante. Los remedios, tanto retrospectivos como proyectivos, que desfallecientemente propone Fusi, se reducen a voluntarismo puro, achaquesiempreraroenun historiador. ¿Qué prueba esto? Que la situación es de bloqueo, de agobioprofundo. Cuandolassolu- Álvaro Delgado Gal ablo Fusi ha publicado el martes pasado una Tercera impresionante. Lo es por dos conceptos distintos, que expondré dentro de un momento. Es propio de los españoles estimar que las buenas maneras, así en lo gestual como en lo dialéctico, achatanycomoocultanelpensamiento auténtico. Fusi representa lo contrario. Habla quedo y mide las palabras por lo que pesan, no por lo que lucen. Es un hombre eminentemente civil: no ha cruzado nunca, ni por ensueño, ante el espejo cóncavo del Callejón del Gato. Durante mucho tiempo, se ha constituido en defensor a ultranza de la democracia quefue alumbrada por la Transición. Ello se explica, en parte, por razones ge- P ciones son implausibles incluso para el que las propone, es que el asunto se ha enredado de verdad. Según Fusi, fue una desdicha que las elecciones del 14- M se celebraran en las circunstancias en que se celebraron. Nada que objetar. Fusi añade que lo aconsejable habría sido la formación de un Gobierno Nacional de los dos grandes partidos, con el mandato de reconducir la crisis y restablecer el pulso moral del país antes de proceder a la consulta electoral Esto, aunque deseable, habría sido muy difícil de articular constitucionalmente. Pero se trata de un reparo menor. Quizá los dos partidos, considerando el carácter excepcional del momento, habrían podido encontrar un hueco, un pliegue en la ley, para montar una operación patriótica de envergadura. Lo que aquí me interesa destacar, y esto ya no es un reparo menor, es que sólo partidos por entero distintos a los realmente existentes, habrían desplegado la generosidad y lucidez que la idea de Fusi comporta. El pasillo de tiempo que va del 11- M al 14- M se convirtió, como Fusi recuerda, en una galería horrenda de decisiones caracterizadas por la cicatería oportunista y la mala fe, y a la postre, la irresponsabilidad. Fue cicatero el Gobierno al querer apropiarse de las ren- tas que presuntamente le reportaba un atentado que pensó que había cometido ETA. Y la mala fe de la oposición saltó a la vista. Del forcejeo entre los dos egoísmos, salió destrozado el PP. Pero el PSOE conservó la vertical sólo a medias. Millones de españoles persisten en experimentar una sensación de estafa. Y el presidente del Gobierno ha hecho lo contrario de lo que debía. En vez de bienquistarse a los desafectos, ha gobernado contra ellos. Esto perpetúa el desgarro insoportable, convenientemente alimentado por medios de comunicación poco sensibles a la estabilidad del sistema. Fusi cierra el artículo apelando al buen sentido de partidos, líderes de opinión, jefes autonómicos, sindicatos y círculos empresariales. De nuevo, voluntarismo, un voluntarismo que el propio Fusi tilda de poco realista. En efecto: ¿por qué habrían de portarse bien los que están insistiendo en hacerlo mal? Lo más probable, es que España siga desvencijándose y luego se recomponga, con arreglo a una fórmula que ahora no imaginamos. Democrática y europea, pero distinta. El rodeo enorme provoca un sentimiento de fatiga, de frustración. Lo teníamos a huevo, sí señor. Y nos hemos dedicado a jugar con él al ping- pong.