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ABC DOMINGO 1 s 4 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA AUTOLESIONES MPIEZA a convertirse en legendaria la capacidad del PP para autolesionarse cada vez que disfruta de una perspectiva política razonablemente optimista. Con un Rajoy volcado para aprovechar el creciente desgaste del Gobierno a sabiendas de que se juega media carrera en las elecciones de mayo, la denuncia fantasma de Díaz de Mera en el juicio del 11- M se ha cruzado en el camino de la alternativa levantando de nuevo la polvareda tóxica de las horas confusas y los días amargos que evaporaron una victoria segura y dejaron al partido sumido en la zozobra. Es decir, el escenario en el que los socialistas sueñan con encerrar a sus rivales, exhuIGNACIO mado de un modo perfecCAMACHO tamente gratuito e irresponsable por uno de ellos mismos. Un prodigio de torpeza política, una manifiesta insensatez jurídica y, por ende, dados los nebulosos ribetes de la revelación, una más que dudosa conducta ética. Porque nadie duda de la excelencia personal y de la bonhomía contrastada de Díaz de Mera, pero delante de un tribunal un político en ejercicio no puede tirar la piedra y esconder la mano, ni un testigo respetable comportarse como un vulgar confidente de los que se sientan en el banquillo de acusados. Pero más allá de la injustificable ambigüedad del testimonio, lo que sorprende es que una declaración de tal gravedad haya podido pillar por sorpresa a la cúpula de un partido que aspira a sustituir al Gobierno. Que nadie se haya sentado con De Mera a preparar su declaración en la vista oral. Que el secretario general del PP, Ángel Acebes, que además era el superior directo del testigo en aquellas fechas aciagas, haya quedado en la desairada posición de sentirse blanco de una muda interpelación colectiva. Que un antiguo alto cargo de responsabilidad, eurodiputado en ejercicio, haya comparecido ante el Tribunal con una turbulenta carga de sombrías sospechas incontrastadas y la haya desparramado de malísima manera ante el estupor de sus compañeros de filas. Todo este episodio desgraciado constituye una muestra de descontrol y falta de coordinación impropios de una organización de primer nivel que reclama el apoyo de los ciudadanos para dirigir el país. Rajoy ha salido del desagradable trance con dignidad, agarrado al mástil del respeto a la justicia, pero es evidente que el curso del asunto le va a envenenar la campaña. De momento, ya ha provocado una división entre quienes han cerrado filas con De Mera y los que se han visto obligados a señalar lo inaceptable de su actitud. En el mejor de los casos, es un inesperado paso atrás, y en el peor se puede convertir en un incomodísimo trance preelectoral, del que sus adversarios obtendrán indudable provecho. Parece que no hay modo de que el PP sea un barco en el que todos los marineros remen en la dirección que marca el capitán sin provocar más oleaje del que ya hay en el agua. Y el capitán debería ser el primero en darse cuenta de que lleva a bordo tripulantes poco recomendables para una travesía tan delicada. E EL RECUADRO LOS POSOS DEL CAFÉ DE 80 N O sé si se recuerdan a la cubana Emiliana, la que cantaba Carlos Puebla: Si no fuera por Emiliana nos quedaríamos con las ganas de tomar café El programa televisivo del formato francés parece que lo presentaba Emiliana. No nos hemos quedado con las ganas de tomar café. Nos hemos hartado. A ZP le hicieron la pregunta clásica del cordobés: -Rafaé, ¿quiés café? Y en vez de responder: No, gracias, generoso, que lo tomé en denantes salió por peteneras con los 80 céntimos. ZP hizo una Alianza de Civilizaciones de a perra gorda, y un Proceso de Paz que no vale un duro, pero la rebaja a la realidad ha sido drástica. Y acto seguido se fue al Congreso de los Diputados, si no quieres café, dos tazas, a tomarse su cortado subvencionado. En la España de la agricultura subvencionada, del teatro subvencionado, del cine subvencionado, hasta los cafés de los padres de la patria están subvencionados. Con lo mal que le sienta el café a la Historia. El café le sube la tensión a España. Trae muy malos recuerdos. A estribor, los malos recuerdos de la II República y de la guerra civil: vamos, la memoANTONIO ria histórica del café. CAFÉ en mayúsBURGOS culas era el acrónimo de los falangistas tras las elecciones ganadas por el Frente Popular. CAFÉ era Camarada, Arriba Falange Española Camaradas que hablaban de tú a todo el mundo, por cierto, como ZP a quienes le preguntaban en el programa de Emiliana, digo, del Mienmano de Mercedes Milá. Y café ojú, fue sinónimo de matarile, de asesinato de cuneta en la guerra civil. Cuentan que a García Lorca lo mataron porque consultada la autoridad, militar naturalmente, respondieron: Que le den café Y a babor, en los más recientes años del autotitulado socialismo obrero y español, ni te cuento. El felipismo no cayó por el GAL, ni por la corrupción: cayó a causa del café. González perdió todo su poder y gloria cuando se supo que, en la Delegación del Gobierno en Sevilla, el Mienmano de Alfonso Guerra se dedicaba a dar cafeli- tos a los empresarios, y no precisamente a 80 céntimos el pelotazo. Al que le dieron café realmente con aquellos cafelitos fue al felipismo, a pesar de que era socialismo descafeinado. Si no el médico, sus asesores electorales deben prohibir, pues, terminantemente el café a ZP. Todo su proyecto se ha quedado en una taza de café de 80. Yo ahora, haciendo la competencia ilícita a Rappel, miro los posos de ese café, e interpretando los dibujos que han hecho caprichosamente sus zurrapas en el fondo de la taza comprendo perfectamente lo que ocurrió en el programa de marras, por qué Zapatero quedó bastante peor que Cagancho en Almagro, y encima con una audiencia como de partido de La Roja. El bla, bla del chau, chau inocuo de su discurso- placebo antes solamente lo conocían los diputados de la oposición, los tertulianos y los columnistas. Ahora se ha enterado España entera de lo torpón que es. No falló el formato a la francesa. Falló la elección de los cien preguntantes. No eran representativos de la España de ZP. Unos señores que se preocupan por la subida de las hipotecas, por el colegio de los niños, por la inseguridad del barrio, por la cantidad de inmigrantes que están entrando, por la depreciación galopante del billete de 50 euros, por la manga ancha con la ETA, por la rendición del Estado ante los asesinos y por las listas de espera en los hospitales no son la España de ZP La mues. tra no era nada representativa. Esa es la España real, contante y cada vez menos sonante, la que desprecia ZP. Tenían que haber llevado a los suyos, a las minorías para las que gobierna. ZP hubiera triunfado si le hubiesen preguntado un homosexual que se ha casado con su novio, un titirimundi del No a la guerra un separatista catalán, un filoetarra, una feminista contentísima con la paridad, un ateo que ha quitado el crucifijo en la escuela, uno de la antiglobalización y el anti- Bush, un progre orgánico con carné y un empresario adicto al régimen, encantado de haberse conocido como agente social subvencionado. Pero ante la España real que no tiene ni para café, ZP hizo lo suyo de siempre: dar zapatetas al aire, como Don Quijote en Sierra Morena.