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4 OPINIÓN DOMINGO 1 s 4 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EL TERRORISMO COMO AMENAZA A percepción de la amenaza es uno de los recursos que utilizan las sociedades para defenderse del peligro, y aunque las visiones colectivas puedan pecar de inexactitud, lo cierto es que, en los momentos críticos, los individuos suelen coincidir en gran medida con la corriente del grupo. Por ello tiene tanto interés el estudio que acaba de presentar el Real Instituto Elcano sobre las reacciones de los españoles frente al terrorismo. En la última oleada se puede apreciar, en efecto, que tenemos la impresión de vivir en un mundo cada vez más inseguro y en el que cualquier actitud- -activa o pasiva- -parece aumentar nuestra vulnerabilidad frente al terrorismo de origen islámico. Se aprecia una tendencia a la amalgama entre las distintas amenazas terroristas- -etarras o islamistas- fenómeno que resulta comprensible, puesto que ambas comparten un mecanismo común de coacción por la fuerza a toda la sociedad. En un caso, esa sensación de amenaza no desaparece, a pesar de los intentos del Gobierno por banalizar las actividades de ETA desde que la banda proclamó su cese de actividades mientras que, en el segundo, la encuesta pone de manifiesto que la sociedad no entiende bien el alcance y las implicaciones de lo que se percibe como una actitud de amenaza por parte de una nebulosa en la que prácticamente sólo se ven las connotaciones islámicas. Por un lado, una gran mayoría está dispuesta a que se dediquen mayores esfuerzos a las medidas de protección, y más de la mitad de los encuestados aceptaría renunciar a una parte de sus libertades en aras de la seguridad. Este último factor ha de ser una poderosa llamada de atención para todos, puesto que podría ser interpretado como una especie de claudicación preventiva frente al chantaje, antes incluso de que se produzca. Es decir, que sin que exista una amenaza concreta contra un colectivo determinado, hay quienes están dispuestos a pagar una especie de impuesto moral frente a una amenaza terrorista cuyas raíces le son extremadamente difíciles de comprender. En estas circunstancias, y teniendo en cuenta que la encuesta indica que las tendencias hacia la adopción de estas actitudes preventivas son más acusadas entre los votantes de partidos de izquierda, es previsible que el Gobierno se encuentre- -tarde o temprano- -bajo la presión de sus propios votantes en casos como el de nuestra presencia militar en Afganistán. Frente a ello, la obligación del Ejecutivo es explicar claramente a los ciudadanos las razones por las que España ha decidido participar junto a sus aliados en operaciones militares en el exterior y en defensa de determinados valores. Insistir en la desafortunada fórmula de la Alianza de Civilizaciones como un modelo de apaciguamiento del entorno político- religioso, que en la actualidad percibimos claramente como amenaza, no hace sino sembrar la confusión y predisponer al miedo social. L LA BATALLA DE LAS IDEAS ERECHA extrema nostálgicos de la Falange franquistas y otras referencias similares forman parte en los últimos tiempos de la propaganda que utiliza la izquierda contra el Partido Popular. La descalificación como partido democrático se dirige no sólo contra sus líderes, sino incluso contra los simpatizantes o los ciudadanos que acuden a una manifestación o utilizan con normalidad los símbolos nacionales. Lo cierto es que la izquierda ha cuidado siempre la batalla de las ideas, apropiándose de expresiones como progresismo o incluso democracia y ofreciendo una imagen distorsionada de sus adversarios, a los que atribuye una mentalidad autoritaria y la defensa de intereses egoístas e insolidarios. La reacción ideológica de la derecha no siempre ha sido brillante: en lugar de sostener con energía sus puntos de vista, a veces procura eludir el debate teórico, refugiándose en una gestión eficaz liberada de las ideas. Sin embargo, una parte sustancial del pensamiento político reciente está basada en planteamientos conservadores y liberales de alto nivel intelectual. Los partidos de centro- derecha en Europa pueden invocar a su favor nombres tan brillantes como Aron, Berlin, Hayek o Popper, sin olvidar a los más genuinos defensores de la libertad en el siglo XIX, como es el caso de Tocqueville, de cuyo centenario- -cumplido en 2006- -sólo se acordó la fundación vinculada con el PP ante la desidia de las instituciones académicas. En la práctica, mientras el centro- derecha sigue hipotecado mentalmente por la sombra del fascismo y se siente obligado a marcar distancias con los extremistas, la izquierda juega sin pudor la baza del radicalismo- -al menos, en el plano de la retórica- de modo que simpatiza con los movimientos antiglobalización y elogia sin complejos a Fidel Castro o Hugo Chávez. España aporta sus propias peculiaridades a este panorama general. La derecha social y política ha dejado atrás el franquismo tanto por razones ideológicas como generacionales. Los ultras obtienen un número irrelevante de votos, muy inferior a su base electoral en otros países euro- D peos. Sin embargo, el PSOE y sus socios continúan dibujando una caricatura que no se corresponde con la realidad. Es, sin duda, un discurso al servicio del nuevo poder constituyente que inspira la actuación de Rodríguez Zapatero, aunque se cuida mucho de hablar claro al respecto: se trata de rechazar la Transición como producto de una reforma impuesta y provocar la ruptura que entonces no se pudo conseguir. Es lamentable que la izquierda española no haya superado este tópico marchito, pero así lo demuestran las evidencias, entre ellas la invención de una falsa memoria histórica Convertir al PP en la expresión de un franquismo que nunca llegó a aceptar el pluralismo democrático implica una profunda deslealtad hacia el sistema, a la vez que constituye una falsedad manifiesta. Ni la ideología ni el contexto socioeconómico, ni la plena incorporación de España al mundo occidental, permiten que nadie en sus cabales pretenda una vuelta atrás en las páginas de la historia, impropia de una sociedad moderna y dinámica. Es la izquierda la que, por desgracia para la estabilidad de las instituciones, parece instalada en un antifranquismo de boquilla, como si no hubieran pasado más de treinta años de democracia. La propuesta política del PP es plenamente equiparable a la de los partidos afines en la UE, cuyos programas muestran una notable sensibilidad hacia los temas sociales y ecológicos o hacia la defensa de una ética pública a la altura de los tiempos. No debería dejarse arrastrar al terreno de su rival, porque el centro- derecha está mejor equipado para abordar los retos de la globalización y para resistir las tentaciones de la postmodernidad. El PP tendría que forzar a la izquierda a plantear un debate ideológico riguroso acerca de las grandes cuestiones relativas a la libertad y la igualdad, evitando los trucos, los engaños y las falacias. Algunos sectores del PSOE y de la izquierda supuestamente progresista se descalifican a sí mismos cuando pretenden aplicar al PP tópicos ajenos a una realidad que ha llegado la hora de discutir con argumentos racionales, no con insultos y trampas retóricas. EL PRADO, FÁBRICA DE CONSENSO ESPUÉS de largos años de viva polémica y sucesivos retrasos en los planes previstos por la Administración, ayer fue presentada la ampliación de Rafael Moneo para el Museo del Prado, espacio cuya conclusión representa no sólo una noticia de enorme envergadura para el mundo del arte: el Prado del siglo XXI es una realidad que sólo ha sido posible- -como ha indicado el presidente del Patronato, Rodrigo Uría- -porque el Prado es un emblema de España. Justo cuando la tensión política enturbia nuestra vida pública, surge este museo único, la primera pinacoteca de España, como metáfora y ejemplo nítido de lo que la sociedad demanda: el esfuerzo conjunto de nuestros representantes para ilusionar a los ciudadanos y sacar adelante un proyecto para orgullo de todos. Tal es la fábrica que sustenta este museo, que nació de las Colecciones Reales hace casi dos siglos, un lugar de mucha historia y de inmenso futuro donde ha fraguado, con naturalidad, el consenso. Como prueba, la presencia de parlamentarios de distinto signo en la presentación de un edificio cuya idea nació cuando Carmen Alborch, varias legislaturas atrás, convocó el primer concurso internacional de ideas. El Prado es un templo del arte mundialmente reconocido, y sobre su ampliación se posaban, con lupa, los ojos del mundo entero. Recibió muchas críticas- -sobre su costo, sobre la oportunidad de ocupar el espacio del claustro de San Jeróni- D mo el Real, sobre su estética contenida y su diálogo con el entorno- pero lo cierto es que hoy, contemplando el conjunto de sus edificios, el vetusto ábside creado por Villanueva se ha convertido en el centro de un enclave artístico de primer orden. Aquí no caben tópicos: el precio de 152 millones, con ser mucho, no lo es tanto si se compara con el resultado y la función que podrá desarrollar. Las nuevas instalaciones han dotado a los profesionales del Prado- -conservadores y restauradores que llevan años trabajando en condiciones incómodas- -de los medios óptimos para un museo de su categoría. El temor por haber invadido el claustro desacralizado palidece ante la luminosidad y la fuerza espiritual del nuevo espacio, tras restaurar y reinstalar, casi sobre el aire, los viejos arcos, semiabandonados antes del comienzo de las obras. La estética ideada por Moneo podrá no gustar a todos, pero es de justicia reconocer su armonía. El arquitecto, que soportó pacientemente las polémicas que su proyecto levantaba, las convirtió en un acicate para poner, con humildad, todo el saber de su oficio al servicio del museo. De ahí su grandeza, que encabeza la larga lista de todos los que han contribuido, a lo largo de diez años, a hacer posible lo que ayer cobró cuerpo. Un centro llamado a multiplicar la conversación de los ciudadanos, españoles y extranjeros, con lo mejor de nuestra historia y nuestro arte.