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Sábado 31 de Marzo de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.345. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany CAFÉ UESTRO presidente del Gobierno, por no confesarnos que hace tiempo que no pisa los ruedos, se ha atrevido a calcular lo que cuesta un cafelito y se ha sacado de la manga esos ochenta céntimos con que ya no te compras ni la nube de leche. No es de extrañar, en un país como el nuestro en el que cada cual pide el café a su manera, y el cómo te lo tomes te retrata, que quien manda lo abarate a su antojo. Se ve que por hache y por be estamos todos tan hartos del debate político que el café del señor Zapatero ha sido la bomba de la semana. El café, ustedes se habrán dado cuenta, se ha puesto de moda. No siempre el bueno, claro. Te apostas delante de la máquina, haces tu selección y puede pasar cualquier cosa: que te lancen una opa más o menos hostil, que quatre gats te organicen un referéndum, que la nieve bloquee los caminos de la justicia, que un fiscal diga diego donde dijo digo, que llueva en Semana Santa, que Bermejo nos garantice la aplicación de la ley de partidos, y hasta que un caballero, con su sagrado pie nacionalista, te dé una coz impune en la entrepierna. No me sorprende que esté causando furor esa serie, Camera Café en que ante un cafelito más o menos aguado se reúne la flor del paisanaje. Yo la sigo en diferido, y les confieso que me troncho. Tiene todos los tipos de la vida corriente, aunque falta, quizás, el progresista. Bueno, y el aborigen furibundo. Digamos que en esencia estamos todos: ingenuos, botarates, caraduras, inflexibles, hipócritas, medrosos... Ay, Papito, la gente de la calle. Los que suelen llevar en la cartera lo que cuesta un café, acaso porque saben que la Historia la termina escribiendo una escalera. N A Girl una impresionante escultura de Ron Mueck, que puede verse en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga EFE Colosal lección de anatomía Las esculturas de Ron Mueck impresionan, sobrecogen. Por su realismo, por su gigantesca escala... Es uno de los artistas de moda. Una recién nacida, de cinco metros, se exhibe en el CAC de Málaga. Le falta llorar... NATIVIDAD PULIDO usta mucho o provoca rechazo. No hay término medio. Resulta complicado permanecer impasible ante las escalofriantes esculturas hiperrealistas del australiano Ron Mueck (Melbourne, 1958) Entró en el mundo del arte por la puerta de atrás, pero hoy las principales bienales y los grandes museos del mundo (incluso los históricos, como la National Gallery de Londres) le abren sus puertas de par en par. Aterrizó en el mundo del arte más por casualidad que por vocación. Ni el Renacimiento, ni el Barroco. Lo suyo era la publicidad, la televisión, el cine, los efectos especiales... De su Australia natal se trasladó a Londres, donde creó su propia empresa de utilería y animatronics Su trabajo empezó a conocerse en programas infantiles tan célebres como Los teleñecos o Barrio Sésamo Más tarde daría el salto a la gran pantalla e hizo que películas como Dentro del laberinto dirigida por Jim Henson y producida por George Lucas, estuvieran pobladas de increíbles criaturas. Pero fue su suegra, la artista portuguesa Paula Rego, quien le pidió colaborar en una muestra en la Hayward Gallery londinense en 1996. Allí lo descubrió Charles Saatchi, el mecenas más estrafalario que ha dado el arte contemporáneo, quien alzó a los altares del mercado a los Young British Artists: Damien Hirst, los Chapman, Tracey Emin... Se consagró en la polémica exposición Sensation en la Royal Academy of Arts de Londres en 1997. Entre aquellos chicos malos causó sensación Ron Mueck. Desde entonces, su cotización no ha hecho más que subir y se ha convertido en un imprescindible en las grandes citas artísticas. ¿Dónde radica el secreto de su éxito? En buena medida, en la escala de sus esculturas. Siempre son figuras humanas (en su mayoría desnudas) monumentales, modeladas con resinas de poliéster. No sólo parecen reales. Parecen sentir. Un gigantesco chico en cuclillas impresionó a todos en 1999 en el Millenium Dome de Londres y dos años más tarde deslumbró en la Bienal de Venecia. Un hombre pensativo en un rincón impactó en la muestra que el Grand Palais dedicó a la melancolía. Sus mujeres embarazadas, sus ancianas, sus bebés... No hay lugar para la indiferencia. A Girl una niña recién nacida, apenas cortado el cordón umbilical, puede verse desde ayer en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. El bebé mide cinco metros. Impresiona verlo desde cualquier ángulo. Aunque para impresión, admirar la escultura que Mueck hizo del cadáver de su padre, Dead Dad No obvió ningún detalle: dicen que incluso utilizó pelo auténtico de su progenitor. Lo suyo es una lección de anatomía colosal. En todos los sentidos. G Los fines de semana a lo La revista más leída, cada domingo con al. com abc. xlseman