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ABC SÁBADO 31 s 3 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 59 Ignacio SuárezZuloaga Escritor LA EXALTACIÓN DE LAS PASIONES STE comienzo de siglo se está caracterizando por un desbordamiento de las pasiones humanas, que no solamente no se frenan o esconden, sino que se alimentan y divulgan con orgullo. Sorprendentemente, los protagonistas de esta tendencia no solamente son individuos profesionalmente propensos al escándalo y el exhibicionismo (como los cantantes y otros personajes de las revistas del corazón) a ella se han adherido colectivos hasta ahora elitistas, como los aristócratas, los miembros de familias reales y los dirigentes políticos. No crea el lector que este asunto es meramente moral- -pues de ser así, me temo que muchos abandonarían esta lectura aquí mismo- -sino que se trata de una cuestión con importantes consecuencias prácticas. No es casualidad que el avance de la civilización se haya venido midiendo hasta ahora por la capacidad individual de controlar los instintos primarios y por la implantación de unas normas de convivencia que mitiguen los choques entre grupos con intereses opuestos. Hasta hace relativamente poco tiempo, la prudencia y la templanza no eran solamente dos virtudes cardinales de inspiración cristiana, sino también constituían unas características deseables para cualquier persona que buscara la felicidad y el desarrollo profesional. Unas máximas clásicas que han sido refrendadas por la investigación del psicólogo norteamericano Roy Baumeister, que ha demostrado cómo el autocontrol es el factor que más influye en los mejores resultados en la vida superando al coeficiente intelectual (que venía considerándose co- E No es más patriota quien más se exalta, ni más moderno quien se entrega a la satisfacción de todas sus inclinaciones. Lo que distingue a los seres humanos civilizados es el raciocinio y la capacidad de convivir con los diferentes mo el principal factor individual de éxito) L o cierto es que hasta hace bien poco, las telenovelas venezolanas y los estrafalarios discursos de los tiranos iberoamericanos eran contemplados con ironía y aún con poco disimulado desprecio. En cambio, actualmente las telenovelas con personajes maniqueos se importan masivamente, se realizan unos reality shows basados en los enfrentamientos entre protagonistas y se producen programas de interés humano cuya audiencia depende del número e intensidad de los estallidos emocionales. Por si fuera poco el espectáculo mediático, vemos frecuentemente a los dirigentes de nuestra nación darse abrazos y proclamarse amigos de histriónicos dictadores como Fidel Castro o Hugo Chávez; algo que eluden la gran mayoría de los líderes occidentales. No vaya a pensar usted que la continua repetición de estas imágenes en los medios de comunicación no están teniendo su efecto ejemplarizante en la población española. Más aún, cuando a esto se une la multiplicación de nuestras tareas diarias y la pérdida de nuestro hábito de reflexionar. Dado que alguien adquiere fama y fortuna desatando en público su agresividad y sus instintos sexuales... ¿no es esto algo que hay que imitar? n cuanto a los líderes políticos, si para llamar la atención de los votantes funciona el denigrar al adversario y exaltar a las masas... ¿porqué no hacerlo? También lo hacen con éxito los tiranos antes mencionados, hábiles manipuladores de las movilizaciones multitudinarias. Con semejantes ejemplos en los dirigentes, no es de extrañar que sus backbenchers (los parlamentarios sin cargo) se distingan por el griterío y el insulto en sede parlamentaria. Una muestra de que el estilo de debate coreano se ha impuesto a la sutileza y la ironía británicas. Y qué decir de muchos de nuestros comentaristas y tertulianos- -intérpretes de la actualidad para el español medio- cuesta entenderles de cómo se quitan unos a otros la palabra en los debates. En cuanto a lo que se escucha a través de las radios, yo procuro cambiar de emisora en mi cotidiano periplo por los colegios de mis hijos: veinte minutos de Cope y otros tantos de Ser. Así es posible escuchar como unas mismas noticias son para unos preludio de guerra civil y para otros excusas tendenciosas que sólo denotan revanchismo. Y pobres de aquellos periodistas que no arenguen a las masas cada mañana, se exponen a perder una audiencia por ser prudentes y templados... En el circo romano de nuestros medios de comunicación, prevalecen los periodistas- gladiadores, voceros de la tesis simplista y tendenciosa (literalmente, aquella que defiende una tendencia en exclusión de otras) Su aceptación es tal, que algunos pasan de cronistas a protagonistas sin ningún esfuerzo; ya sea en la política o en los escándalos del corazón. Cuaresma, como pasaron los Reyes Magos con su magia estrenando nuevo año: 2007, un número tan bonito que entran ganas de jugarlo a la lotería, para el Niño. Pero el Niño también ha pasado, y en tu chimenea bajo tus zapatos cuelgan ilusiones infantiles. Como si no tuvieras ya el medio siglo. Pero, a veces, una se siente tan niña, goza con tan poquitas cosas que no es necesario asomarse al abeto, al árbol de Navidad para ver los regalos, éstos son como un añadido de tu alegría posnavideña. También en Carnaval y, luego, en Cuaresma has sido feliz. Te agarras a lo que tienes, a lo que disfrutas: la familia, los amigos, los libros, la música, tu trabajo, las pequeñas cosas de cada día. Y sonríes de nuevo en este amanecer de distancias próximas... E Nunca fueron ecuánimes, ya que eran parte integrante del espectáculo. A la hora de explicar tanto encarnizamiento en un país que sigue marchando bien (sea por la herencia de Aznar o por obra de Zapatero) se me ocurre que ese puede ser precisamente el problema. Que no hay tantos problemas graves- -aparte de un terrorismo en declive histórico- -y que los existentes resultan demasiado prosaicos para suscitar la debida atención de quienes dirigen y forman la opinión. No se brilla solucionando el reto del acceso a la vivienda, ni mejorando el ramplón sistema educativo; resultan más facilonas las soflamas sobre las injusticias de la guerra civil y los reproches sobre el terrorismo. P ero si la gran mayoría de la gente somos de temperamento templado, si sólo buscamos algunas pequeñas emociones diarias para salir de nuestras rutinas, mejor haremos en apasionarnos con una buena novela o película. La mayor parte de la programación de la tarde- noche es tan procaz y agresiva que deja poco para la imaginación y puede ser un estímulo excesivo para conciliar el sueño. Una posible explicación para el extraordinario consumo de somníferos por el ciudadano medio español. ¿Por qué no rechazar abiertamente la vulgaridad individual y el enfrentamiento social? No es más patriota quien más se exalta, ni más moderno quien se entrega a la satisfacción de todas sus inclinaciones. Lo que distingue a los seres humanos civilizados es el raciocinio y la capacidad de convivir con los diferentes; son los animales silvestres quienes se guían por sus instintos y deambulan en manadas con sus iguales. Lola Santiago Escritora VEINTE AÑOS UIZÁS no anocheciera. Quizás mis deseos de eternidad se entrecruzaran con las hojas caídas del otoño sin resultar disímiles. Quizás vuelvas bajo el árbol aquél donde un día me amaste. Hoy siento tu voz en la distancia fría de un móvil cualquiera y comprendo por qué nos separamos. Nunca llegaste ni tan siquiera a percibirme. Aunque estuviéramos juntos durante años. Tu voz cantarina, como agua de lluvia, se estremece contra las paredes de mi indiferencia. Contra el tutelaje breve de las sordas distancias. Contra esta contenida alegría. Y no sé por qué estoy alegre. No lo sé. El mundo va mal y yo Q Ya se sabe: veinte años no es nada como dice el tango estoy alegre... ¿Por qué? Bueno sí, estoy bien de salud, tengo ganas de trabajar, me gusta la creación literaria, que es lo que hago día a día, como una gota incesante que da forma a un muñeco de arcilla... Y está la música. Suena un viejo bolero en la voz de Lola Beltrán: Soy infeliz Sonrío. También ayuda el sol. Los días son fríos pero soleados, y ese rayo de luz siempre alegra el alma. Sobre todo en invierno. H an pasado los Carnavales, las carrozas van quedándose atrás en su cabalgata. Parece como si no quisieran abandonar estos últimos días, estos postreros compases de la uena el teléfono. Desde el pasado- -tu juventud hace veinte años- se oye una voz: ¿Lola? Soy Joao. Joao el portugués para mayor precisión, el lisboeta, que se descuelga con su voz cálida tinta en ayeres. Cómo pasa el tiempo. Habla. Como si fuera a mi oído. Un matrimonio fracasado, un divorcio, una hija que vive con él, primavera de dieciocho años, María, linda voz en la tarde al ponérmela para que la conozca. Y han pasado sólo veinte años. Ya se sabe: veinte años no es nada como dice el tango. Pero mi pelo se ha puesto gris y en mi alma se transparenta, a pesar de su alborozo, una melancolía tibia que grita a todos, que madre ya no está y tantos otros seres queridos y que sí, que sí, que han pasado veinte años. S