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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE La clave del sabor Para el ángel ¿Aguantará este vino? M Saber cómo va a envejecer un vino no es ningún misterio gracias al nuevo accesorio La Clef du vin que permite descubrir en unos segundos su potencial de envejecimiento y ver si esa añada merece la pena guardarla o beberla POR CARMEN FUENTES FOTO ABC LUGAR DE LA VIDA a clef du vine (la llave del vino o la clave del vino, que de ambas formas podemos interpretarlo) es una cuchara que tiene en la base una pastilla compuesta por una aleación de metales específicos que acelera el desarrollo de los aromas y suaviza las texturas del vino. Todo empezó en 1996, cuando el químico y enólogo francés Laurent Zaron, y Franck Thomas (un sumiller catalogado como el mejor profesional de Europa en el año 2000) tras diez años de trabajo, inventaron un instrumento de medida científico basado en la electrólisis para ver, sin esperar al paso de los años, cómo evoluciona un vino. Los resultados, que parecen un milagro, dan una idea exacta de cómo va a estar ese vino, que acaba de salir al mercado, dentro de cinco, diez o quince años. Zaron y Thomas centraron los tres primeros años de su investigación en calcular la mezcla precisa para lograr el densímetro que debía envejecer en un segundo el vino. Durante los siete años restantes se dedicaron a hacer pruebas con miles y miles de botellas, y a reunirse, cada tres meses, con los sumilleres para ver, en catas a ciegas (que es donde de verdad se ven las cosas) los resultados. La llave del vino es un pequeño artilugio de fácil manejo (se puede colgar del llavero) que evitará muchos sustos y alguna que otra desilusión cuando al abrir un vino de guarda en el que se tenían puestas muchas esperanzas, se comprueba que no había aguantado el paso del tiempo. L Ese es precisamente su objetivo, adelantarse a los acontecimientos, y con sólo abrir una botella comprobar cuándo esos vinos estarán en su máximo esplendor, y si merece la pena o no invertir en muchas botellas para atesorarlas en la bodega. El procedimiento es muy sencillo. Sírvase una copa, cate el vino y memorice sus sensaciones. Después, sumerja la llave en la copa durante un segundo y vuélvalo a probar de nuevo. Cada segundo representa un año, por lo que, si se ha sumergido la llave en la copa cinco segundos, se verá exactamente cómo estará ese vino dentro de cinco años. ¿Cuánto tiempo hay que guardar un vino en la bodega? Es la pregunta que viene a resolver La llave del vino porque, si se tienen varias botellas, con abrir una, degustarla, e ir introduciendo la llave segundo a segundo, se verá exactamente cuándo el vino se apaga y en cuántos años empieza a perder su potencial. Curiosamente, en los primeros segundos se ve con toda claridad cómo el vino se va abriendo cómo va evolucionando y cómo se van resaltando sus aromas. Lo que no detecta la llave es ningún efecto positivo sobre un vino de baja calidad o aquellos que carecen de buen potencial de envejecimiento. La clef du vin no va a cambiar nada el vino, sólo va a marcar el potencial de envejecimiento, algo que garantizará las compras y también la capacidad de poder aprovecharnos hoy de un vino joven (los viejos son caros) que vemos que puede tener potencial de guarda, pero no sabemos por cuánto tiempo. La concesión del premio a la innovación tecnológica, concedido por Madrid- Fusión, es su mayor garantía. Hay tres modelos de bolsillo, para la copa y para la botella. El de bolsillo es el más pequeño y cuesta 90 euros; y el precio de la caja con los tres modelos asciende a 290 euros. Es el regalo más cool para un aficionado al vino y puede adquirirse en tiendas especializadas de vino (Lavinia, Vila Viniteca... o de diseño y regalos (Vendôme, Vinçon... Mónica FernándezAceytuno En cómodos plazos La llave del vino. Cada segundo que se introduce en la copa marca el potencial de envejecimiento en un año e contaba mi madre el otro día que mientras duraron las obras del convento de clausura fundado por su tía Rosario, ella y otras monjas vivieron en su casa de Oviedo. Notó que, a la hora de la comida, dejaban siempre las monjas un poco en el plato y decían que era para el ángel una suerte de ofrenda o de sacrificio, pero jamás faltaba al quitar los platos, la ración del ángel. La tía Rosario, lo tenía todo y lo dejó todo, para fundar conventos de clausura, con toda la vida por delante. A veces, consigo entenderla. Julián Marías solía escribir que la palabra creador le parecía excesiva aplicada al hombre que escribía, pintaba o hacía música porque Creador es solo Dios. Pero ahora pienso que esa felicidad que se tiene cuando se hace algo bueno, cuando se está delante de la frase que se ha escrito sobre el papel y parece que vuela o de la música o de la pintura, el que compone o pinta o escribe, aunque nadie lo escuche ni vea ni lea en ese momento, sabe que ha hecho algo bueno y entonces siente una pequeña parte, un pedazo infinitesimal, de la felicidad que tuvo Dios cuando creó el mundo. Porque yo creo que podría vivir sin comer, en ayunas como una monja de clausura en cuaresma, si escribiera cada día una de esas frases que nunca se sabe cómo se han escrito pero que, en lo más íntimo, sin necesidad del reconocimiento de nadie, así, a solas tú con el papel y la frase, sabes que es buena, y ya no necesitas nada. Tiene que ser terrible, vivir orlado de premios, y no haber sido capaz de escribir una frase verdadera. De alguna manera, escribir es casi una clausura voluntaria, una de esas cosas que se ofrecen no se sabe muy bien a quién ni para qué, más que para buscar el son del que escribió Unamuno y que no tiene que ver con el ritmo, sino con una suerte de espiritualidad que hay en lo que está bien escrito. Escribir ha sido la manera que yo he tenido de parecerme a la tía Rosario, con esta clausura en el propio pensamiento mientras escribo y, en mi cartera, llevo siempre un trocito de su hábito, que no era de seda ni de oro ni de plumas blancas, sino de áspera y oscura lana.