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6 OPINIÓN VIERNES 30 s 3 s 2007 ABC AD LIBITUM LA PROPIEDAD ÍDOLOS DE LA CUEVA DE UN SECRETO A crónica judicial, tradicional en el periodismo impreso, tiene mala adaptación a los géneros audiovisuales. Los grandes juicios, vistos por televisión, se convierten, cuando mejor, en una sucesión de anécdotas y sucedidos. Algo distante del fondo del asunto que, lejos de una función divulgadora, suele propiciar posiciones y prejuicios entre quienes asisten hechizados por la imagen al largo desarrollo que, como culebrones de no- ficción, ofrecen los procedimientos estelares. En el caso del juicio del 11- M, esa situación ha llegado a su paroxismo con la presencia testifical de quien, cuando se M. MARTÍN produjeron los hechos, FERRAND era director general de la Policía, Agustín Díaz de Mera, un veterano militante del PP que, como Ángel Acebes, procede de los viveros políticos de Ávila. Díaz de Mera, en la actualidad eurodiputado, hizo protestas ante el tribunal de actuar según su conciencia y su ética y, arropado por ellas, denunció un delito- ¿real, imaginado? -sin aportar prueba alguna que corroborara la firmeza de su acusación dirigida, naturalmente, contra el Gobierno actual. Cada cual es sabio en su casa, pero no es buen camino llevar la confrontación partidista al ámbito en que se juzga un asunto luctuoso y dramático. En su desviación política, la actitud de Díaz de Mera, más leal con sus informadores y o subordinados que con el Estado que se comprometió a servir, exige la presencia y la explicación de Ángel Acebes, titular de Interior el aciago 11- M. La gran política se hace con pequeños detalles. A estas alturas de la Historia y de la Economía, en los países en los que se ha superado un mínimo de renta entre sus ciudadanos, las distancias entre la derecha y la izquierda, acortadas por la generalizada aceptación del Estado de bienestar, se quedan en poco más que nada. No caben las grandilocuentes proclamas de grandes principios y, en cambio, resultan exigibles gestos y acciones con los que se establecen las diferencias fácticas entre los partidos que, por la derecha y por la izquierda, dicen aspirar al centro. En ese entendimiento, la supuesta gallardía de Díaz de Mera, cantada por los samuráis predicadores que pretenden convertir al PP en un grupo de extrema derecha, es una torpeza. Las confidencias que pudo haber recibido Díaz de Mera a propósito del 11- M no le fueron hechas a título personal, sino en condición de máximo responsable policial en el momento en que se produjo el más grave atentado sufrido por la Nación española hasta donde abarca la memoria. Es decir, el secreto no es suyo, ni es profesional, ni puede ser amparado por la ética. Él es, en su pasada condición de director general de la Policía, un mero depositario de ese hipotético secreto que, por sí solo, pone en duda lo actuado en la ceremonia que oficia, con pulso y prudencia, Javier Gómez Bermúdez. EN LA MESILLA DE NOCHE edad de trabajar. Lo he recordado mientras leía una ESDE hace años tengo el privilegio de ganarcarta al director publicada recientemente en un peme la vida leyendo libros, que es una de las riódico y cuya remitente se preguntaba con amargudos o tres cosas que más me gustan. Leo y esra quién puede leer esos miles de libros apasionancribo sobre lo que leo. Y a ello dedico mi jornada labotes que se publican semana a semana, y cuyas reseral, casi tan rígidamente pautada como la de un oficiñas aparecen en los suplementos literarios de los dianista. No soy un lector rápido, especialmente cuanrios. Ella no, desde luego: tras describir sin dramado un libro me gusta o me interesa. Pero, como durantismos la distribución de su jornada- -hogar, hijos, te mucho tiempo he sido editor, me he visto obligado transporte, oficina, almuerzo, transporte, hia aprender a leer de otra manera: inmediajos, hogar- -exponía que, en el mejor de los cata, utilitaria, transversal, zapeando páginas sos (no ve mucha televisión) no le quedaba para hacerme una idea de las características tiempo, antes de caer profundamente dormide la obra o encontrar enseguida lo que puede da, más que para leer cinco o seis páginas del interesarme. Alguien ha dicho que el editor libro que le esperaba en la mesilla de noche. es un crítico con poder ejecutivo: es decir, doUn tiempo de lectura que podría extenderse a tado de la capacidad de publicar lo que le gusdos o tres horas los fines de semana, pero nata o lo que le parece importante. Eso sería esda más. Y se interrogaba, con argumentos batupendo, pero no siempre ocurre. Pero lo que MANUEL sados en su experiencia, acerca de si esa lentisí es cierto es que un editor puede leer muy ráRODRÍGUEZ tud no acabaría muy pronto con el interés pido. Lo que no significa que lo pase bien haRIVERO con que adquirió y empezó a leer la biografía ciéndolo. de 800 páginas cuya lectura retoma (aún) noEn aquel oficio adquirí, por lo tanto, cierta che tras noche. técnica personal- -y discriminatoria- -de lectura veQuizás convenga que, en esta parte del mundo en loz. Útil para algunas cosas, pero no para el disfrute. la que el tiempo es uno de los bienes más escasos (y, Cuando dejé la edición tardé en reciclarme como lecpor tanto, de los más caros) vayamos desacralizantor corriente y recuperar la bendita sensación de dedo la lectura, relativizando su valor simbólico. No pajarme arrastrar, olvidado del tiempo y del entorno, ra bajar la guardia en las políticas de fomento de hápor un texto sobre el que no tenía que tomar decisiobitos lectores, sino para acabar con cierta demonizanes económicas. De manera que ahora puedo leer a ción elitista de los no lectores (como si, encima de no dos velocidades, eligiendo el ritmo según me conventener tiempo, debieran sentirse culpables) en la que ga. En todo caso, buena parte de mi jornada laboral casi todos solemos caer. Los editores y los libreros, consiste en leer. De lo que se deduce que, al final del frecuentemente: en cierto modo, en ello les va el negodía, ya estoy cansado de hacerlo, y me dedico a otras cio. Pero también desde los medios que, como los licosas. Una situación opuesta a la de la inmensa mabros, exigen tiempo de lectura. Leer está bien, incluyoría de los lectores, que sólo pueden leer en su (escaso muy bien, como otras cosas que la vida ofrece. Y, so) tiempo libre. probablemente, los que no lo hacen se pierdan algo. Según la mayoría de las encuestas sobre hábitos Claro que a veces no leer no es una decisión del todo culturales, la falta de tiempo es, con gran diferencia, voluntaria: al menos entre la población en edad laboel principal motivo aludido para no leer. Una carenral. cia especialmente acuciante entre la población en L D