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ABC JUEVES 29 s 3 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA OCHENTA CÉNTIMOS los hombres de poder hay que mirarles las suelas de los zapatos. Por lo general las tienen intactas, impolutas, incólumes, apenas rozadas por el polvillo de las moquetas. Cada mañana, un automóvil blindado con cristales oscuros les recoge en la puerta de su casa y les traslada hasta un garaje con ascensor directo a la planta noble. A mediodía almuerzan en restaurantes de fama y por la tarde acuden a algún acto en el que rara vez pisan la acera. Rodeados de una corte de asistentes, no suelen llevar nada en los bolsillos- -por eso les caen tan bien los trajes- -y han IGNACIO olvidado, si alguna vez lo CAMACHO supieron, cómo es el trato en una ventanilla o cómo funciona un cajero automático. Desconocen el precio de la gasolina porque sus coches siempre están repostados, y cuando les apetece un café tocan un timbre y aparece un enguantado camarero que se lo sirve en vajilla de lujo. Caminan levitando sobre alfombras y un cinturón de escoltas les aísla del pulso de la calle. No pasa nada, es así y todo el mundo lo sabe. Los tipos que deciden sobre nuestras vidas no conocen, en realidad, nada de ellas. El problema ocurre cuando pretenden aparentar ser gentes sencillas que no han cambiado bajo el peso de sus responsabilidades. Cuando blasonan de austeros y organizan bodas faraónicas o reclaman un jet de la Fuerza Aérea para llevar a Londres a la familia. Cuando presumen de talante común y tutean al interlocutor pero se saltan las colas o mandan abrir paso a los guardias en medio de un atasco. Cuando creen que el contacto con la ciudadanía se puede mantener escrutando encuestas pero olvidan que en ellas nadie pregunta el precio de un café en un bar. De todas las evasivas respuestas posibles que estaban al alcance de Zapatero en su pregonada entrevista popular- -que no toma café, que sólo recuerda la cafetería del Congreso, que suelen invitarlo allá donde va- el presidente eligió la peor. La que destroza su estudiado empeño de parecer un ciudadano común, la que le retrata como un gobernante alejado del pálpito de la calle. A veces, la política pivota sobre esos detalles cuya nimia apariencia esconde un devastador potencial simbólico. Esos inverosímiles ochenta céntimos reventaron dos horas de respuestas ambiguas y dejaron en el público un mensaje de avasalladora simpleza: el poder, como a todos, sí le ha cambiado. Y lo puso en evidencia un hombre normal, con el rostro arado por los surcos de la vida; un hombre corriente que escarba en su portamonedas para pagarse el cortado. Sólo por eso, el programa valió la pena. Porque fotografió, siquiera fugazmente, la zanja que existe entre la política y el pueblo. Entre la autocomplacencia del poder y la impotencia de la gente. Entre la macroeconomía y la cesta de la compra. Entre la ingeniería social y la lucha por la vida. Ese cauce poblado por millones de personas que circulan, azacaneando para abrirse paso a través de las vicisitudes de la existencia, entre las dos orillas de una trinchera de prejuicios sectarios a cuyos privilegiados habitantes no les importa la subida sideral de un humilde café. A CHIRAC Y LA FUERZA NUCLEAR L cabo de 12 años, Jacques Chirac deja la presidencia de la República Francesa. Momento elegido por sus enemigos para lanzarle una andanada de grueso calibre. Hombre no... Un poco de respeto. Chirac, como otros hombres del poder, tiene algún flanco al descubierto. Pero habrá que reconocerle una formidable resistencia, intuición, arrojo y algo que podría resumirse así, 50 años de servicios del Estado. Habrá sido a veces ambivalente, otras oportunista y, como todo hombre de Estado, defensor del secreto (necesario en materia de seguridad) Pero no se debería negar su decisión de plantar cara a la historia y responsabilizar a ciertas autoridades en la Francia de Vichy (Maurice Papon y otros) del exterminio de decenas de miles de ciudadanos franceses, judíos... O de descubrir la brutalidad de algunos colonialismos en Asia y África... De sus años de servicio, dos decisiones podrán pasar a la historia: la defensa, mal conocida, de la Francia nuclear, y la posición de Francia y de buena parte de Europa ante la guerra de Irak. Es curioso, François Mitterrand, llegado a la presidencia en 1981, antecesor de Chirac, tuvo esa idea fija: DARÍO los riesgos y soluciones de la fuerza nuVALCÁRCEL clear, los conflictos posibles en un mundo poscomunista. Francia es, con Reino Unido, la única potencia atómica de Europa. Además de Estados Unidos, existen, como se sabe, dos grandes naciones oficialmente dotadas de fuerza nuclear, Rusia y China, y tres más, Israel, India, Pakistán, con armamento nuclear tolerado de facto. Corea del Norte podría haber renunciado a desarrollar la bomba mientras que Irán, en un complicadísimo pleito del que no se debe hablar sin sus documentos esenciales, aspira a la energía nuclear propia y quién sabe si a fabricar armas estratégicas dentro de seis u ocho años. El riesgo de proliferación podría extenderse a saudíes, turcos o egipcios si los iraníes tuvieran la bomba. Con doce Estados nuclearizados, la situación podría ser incontrolable. Francia tiene una pequeña flota de seis submarinos nucleares. Dos de esos buques navegan 365 días al año a A gran profundidad. Podrían lanzar 128 cabezas nucleares en pocos segundos, arrasar más de un centenar de ciudades: escenario irreal, pero útil como poder de disuasión. Quizá menos irreal fuera un disparo con explosión a gran altura que, con poco daño humano, destruyera las conexiones de una gran zona, diez veces mayor que el área metropolitana de Teherán, por ejemplo. Quedarían cortadas durante meses las comunicaciones de teléfono e internet. En un documento del 19 de enero, Chirac se dirigía a los responsables de la Force Océanique Stratégique, cerca de Brest. En él adaptaba la doctrina estratégica de Francia a la nueva situación. Pocos días después, el presidente aclaró algunos puntos: aunque Irán desarrollara una bomba nuclear, no dispondría quizá de vectores para lanzarla. Antes de que se elevara unos metros del suelo, Teherán podría ser arrasado. Era tan sólo un recordatorio del peligro que los iraníes correrían. ¿Aludía a Israel? ¿Quizás a Estados Unidos o a Francia? Chirac aclaraba algo: con Irán se puede y se debe negociar. Los clérigos de la República islámica podrían aceptar un acuerdo con los occidentales, con el testimonio de rusos y chinos. Estados Unidos firmaría un plan de paz con Irán a cambio del mantenimiento del actual equilibrio. La renuncia al arma nuclear daría grandes réditos a Irán. No tenemos espacio aquí, pero es lo que Chirac aclaró: Irán podrá aceptar nuestra oferta; Francia no admitirá un Irán con armas nucleares. ¿Merecen crédito esas palabras? Mayor del que se supone, después de la última provocación de Ahmadineyad, 15 marinos británicos capturados, quizás en aguas territoriales iraníes. Francia y Alemania mantuvieron la dignidad europea ante la invasión de Irak en marzo de 2003. El presidente iraní cree que Irán sólo se hará respetar por Estados Unidos si se arma. Es una versión primitiva del problema, pero la diplomacia americana no podrá resolverla sin el apoyo activo de sus aliados. Francia invierte y gasta cada año más de 4.700 millones de euros en su force de frappe (más de la mitad del entero presupuesto de Defensa español... Décima parte del presupuesto militar francés) Al frente de esa respetable máquina está el presidente de la República, jefe de las Fuerzas Armadas. Es el primer asunto de Francia, su seguridad. Y en él, Chirac ha cumplido.