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4 OPINIÓN JUEVES 29 s 3 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro CIUDADES GLOBALES OR primera vez en la historia, y según los últimos datos de Naciones Unidas, hay más personas viviendo en ciudades que en cualquier otro tipo de asentamiento humano. Los núcleos urbanos siguen creciendo y cobrando cada vez más importancia en el contexto del desarrollo global: de cómo crezcan y asuman los retos de un mundo cada vez más globalizado depende no sólo el desarrollo de los núcleos urbanos en sí, ni tan siquiera el de las naciones en los que estos están enclavados, sino el desarrollo de amplias zonas del planeta, que cruzan fronteras políticas y geográficas para erigirse en motores de progreso general. Por eso, y también por primera vez, representantes de las políticas nacionales y locales de numerosos países miembros de la OCDE se reúnen hoy y mañana en Madrid, bajo los auspicios del alcalde de la capital de España, en una conferencia internacional cuyo principal objetivo es precisamente el de revisar los modelos de desarrollo urbano actuales y analizar cuáles son los grandes retos que la globalización impone a un crecimiento demográfico que cada vez repercute más en la configuración de las ciudades. El evento, que se repetirá en el futuro en otras capitales, está llamado a cambiar la forma de concebir la política urbana y, en palabras del jefe de División de Competencia Regional y Gobierno de la OCDE, Mario Pezzini, poner juntos por primera vez a ejecutivos y alcaldes P UN SILENCIO INACEPTABLE L ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera cometió ayer algo más que un error inexcusable durante su declaración en la vista oral del 11- M. No es cuestión de hacer un juicio de intenciones sobre su negativa a revelar la fuente que le comunicó la existencia de un supuesto informe policial sobre la relación de ETA con los atentados. Las razones por las quetomóestadecisión pertenecen a su fuero interno, pero es evidente que, cualesquiera que fueran, debió anteponer su deber de colaboración con la Justicia a un muy subordinado compromiso moral con su fuente. Su testimonio ha sido un duro golpe al proceso, una generación de dudas perfectamente evitable, porque si hay alguien en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que tiene información, por mínima que sea, sobre la autoría del atentado, debe ser llamado al juicio para declarar ante el Tribunal. Es una incongruencia absoluta que adopte esta postura quien, como máximoresponsabledela Policía, desempeñó susfuncionesen lalucha antiterrorista. Más aún, no se entiende que quien tanto hizopor las víctimasdel 11- Men elapoyoa sus familias y enla detencióninmediata de algunos delos principales acusados ahora amague con un supuesto informe que, si realmente es como diceDíaz deMera, tendríauna incidenciadirectaen elresultado de las investigaciones. Con toda razón, el presidente del Tribunal le pidió insistentemente que valorara la situación en que coloca el proceso Y con la misma razón no tuvo más remedio que imponerle una multa y deducir testimonio por un posible delito de desobediencia grave, pues como testigo tenía obligación de contestar la verdad. La actitud del juez Gómez Bermúdez no pudo ser más ajustada a las consecuencias que se preveían si Díaz de Mera persistía en una negativa tan injustificada legalmente como incomprensible para la opinión pública y las propias víctimas. Además, Díaz de Mera no reparó en que, como primer cargo político del Gobierno del PP llamado a declarar, iba ser un objetivo seguro de interrogatorios incómodos y orientados a demostrar las supuestas mentiras u ocultaciones de la autoría islamista por parte del Ejecutivo de Aznar. Aquel Gobierno no se merecía esta impronta tan negativa E que ha dejado Díaz de Mera, porque si algo está demostrando el juicio es que nadie mintió cuando señaló a ETA como probable autora del atentado y nadie ocultó información a los ciudadanos sobre los descubrimientos de las pistas que acabarían desembocando en la célula yihadista y sus cooperadores de la trama asturiana. No hay otro momento ni otro lugar más adecuado para hablar de ETA y el 11- M que este juicio y la sala en la que se celebra. Esas llamadas teorías de la conspiración -de las que nadie, sea de las defensas o sea de las acusaciones, se está ocupando en el juicio- -tenían en el informe aludido por Díaz de Mera una ocasión inmejorable de someterse al filtro de las pruebas ante el Tribunal. Pero la decisión del ex alto cargo del PP de hurtar al juicio la posibilidad de una nueva prueba, quizá decisiva, quizá irrelevante, sólo contribuye a mantener esas teorías en el terreno impune de la especulación incontrolada que, con total desparpajo, acusa, sin solución de continuidad, a los servicios secretos marroquíes, a ETA, a los servicios de inteligencia del Estado y a una conjura de policías y guardias civiles. Teorías hechas de forma que no admiten verificación alguna, pero que han dañado gravemente al PP al instalar en la opinión pública la falsa ecuación de que el Gobierno de Aznar salva su responsabilidad política sólo si aparece ETA por medio, como si la autoría islamista fuera en prueba de una supuesta culpa del PP por el atentado, cuando lo cierto es quegracias asu gestión policialposterior al 11- M hoy seestá celebrando este juicio con la amplitud de acusados y pruebas que presenta. En todo caso, quienes con tanto empeño reprochan a ciertos mandos policiales el miedo a que ETA aparezca en el juicio del 11- M, deberían ahora ejercer su censura con igual rigor sobre la inmoral decisión de Díaz de Mera de hacer exactamente lo mismo, es decir, evitar que la Justicia pueda saber si ETA tuvo o no algo que ver. Por cierto, que no estaría de más que Ángel Acebes, secretario general del PP y en marzo de 2004 ministro de Interior, se pronunciase sobre el inaceptable silencio del que fue responsable de la Policía bajo su mandato. CAFE SOLO VE se ha apuntado un buen tanto con la entrevista ciudadana al presidente del Gobierno. Pese a los desajustes propios del estreno, el nuevo formato ofrece posibilidades por lo que supone de cercanía entre políticos y gente de la calle. Sin embargo, las respuestas de Zapatero, plagadas de lugares comunes y frases estereotipadas, fueron muy decepcionantes porque parecía llevar la lección aprendida de antemano. Lo peor de todo fue- -una vez más- -la inconsistencia y la fragilidad de los argumentos. Los ciudadanos querían escuchar respuestas concretas sobre la negociación con ETA, el modelo territorial y la crispación política, pero al acabar el programa los criterios del presidente sobre las grandes cuestiones de Estado seguían siendo tan oscuros como al principio. Las respuestas ambiguas sirven para salir del paso, pero no son suficientes para tranquilizar a una opinión pública seriamente preocupada con la situación actual. Es significativo que lo más comentado de la entrevista sea la anécdota sobre el precio del café. Pero las cosas no están para sonrisas livianas, ni para complacencias por la situación económica o las medidas sociales. Los ciudadanos ven la realidad con ojos mucho más críticos que los líderes políticos, y no decir nada claro sobre ETA ni garantizar el actual modelo de Estado han convertido la macroentrevista en una oportunidad perdida. T ETA PRESIONA A UN GOBIERNO DÉBIL A detención de ocho miembros de un comando etarra es, lógicamente, una buena noticia. Nada ha cambiado en la actitud real de la banda terrorista, de manera que sólo la acción policial continuada y eficaz puede considerarse como respuesta adecuada por parte de los poderes públicos. Es significativo que fuentes del Ministerio de Interior estimen que los detenidos podrían estar preparando un atentado a corto plazo con el objetivo de presionar al Gobierno en el proceso de negociación con ETA y, en concreto, de cara a la presencia de su brazo político en las elecciones municipales. Como es notorio, éste es un asunto muy sensible para los sectores radicales, puesto que supone una decisiva fuente de financiación y un altavoz político para las reivindicaciones extremistas. En buena medida, el éxito del Pacto Antiterrorista se debió a la ilegalización de Batasuna, cuya vuelta a las instituciones- -con uno o con otro nombre- -es un requisito imprescindible para que los terroristas ofrezcan alguna esperanza a un Gobierno desconcertado. Las cosas están como siempre, o peor. Zapatero debería ser muy consciente del fracaso sin paliativos de su proyecto de sedicente paz en el País Vasco. Muy al contrario, ETA conserva toda su fuerza, y sus terminales ante la opinión pública han recuperado la energía que les faltó durante algún tiempo. No podía L haber hecho peor las cosas un Ejecutivo que ha conseguido dar aire a un enemigo que sabe utilizar todas las bazas. Por fortuna, la eficacia de las Fuerzas de Seguridad ha permitido en este caso detener a los terroristas. Sin embargo, es evidente que ETA está dispuesta a transformar su chantaje en una acción criminal para utilizar a su favor la debilidad del Gobierno. Zapatero ya no sabe qué hacer, porque equivocó la ruta desde el primer día. Es consciente de las consecuencias electorales que puede acarrear un nuevo atentado, pero tampoco encuentra alternativas a su apuesta por una falsa paz ante la falta de proyectos ilusionantes para los ciudadanos. Está atrapado en un callejón sin salida, del que sólo podría librarse volviendo al consenso antiterrorista y arrinconando para siempre y sin eufemismos un proceso que- -definitivamente- -le ha salido mal, lo cual era, por cierto, más que previsible para quien no esté lastrado por un absurdo optimismo voluntarista. No es fácil confiar en que el sentido de Estado oriente al presidente del Gobierno a buscar el camino adecuado en la lucha contra ETA. Sin embargo, tal vez las conveniencias partidistas le obliguen a cambiar de rumbo en esta encrucijada, ante la que se encuentra a causa de sus propios errores. Porque lo que está claro es que ETA sigue siendo la misma.