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ABC MIÉRCOLES 28 s 3 s 2007 MADRID 61 AL DÍA Manuel de la Fuente ¡TOMA PASTILLA! (PERO POCA) I Mario Sandoval cubre con almíbar las torrijas, ante la atenta mirada de su madre y de la viceconsejera de Economía, Concha Guerra EFE A la rica torrija del pobre... Pan, azúcar, canela, esencia de limón, huevo, aceite y agua. Estos son los ingredientes que dan sabor a las torrijas más artesanas que encontramos en nuestra región. Lo dice una experta, Teresa Huertas, madre del reconocido cocinero Mario Sandoval POR MABEL AMADO MADRID. El Mercado de Maravillas se convirtió ayer en plató improvisado de una singular clase de cocina en directo. En los fogones, Mario Sandoval y su madre, Teresa Huertas; tras la mesa, y ávidos de probar las dulces viandas, un nutrido grupo de curiosos, comerciantes y amas- -o amos, que también los hay- -de casa, carrito en ristre. La ocasión lo merecía. Pocas veces el público tiene la oportunidad de admirar en vivo el arte culinario de una familia que ha conseguido convertir un pequeño local de comidas de un pueblo de Madrid en casi un santuario gastronómico: el restaurante Coque, en Humanes. Ayer, merced a una iniciativa de la Comunidad de Madrid y la Cámara de Comercio, uno de los mercados más emblemáticos de la región ofreció por unas horas el producto ya preparado mientras Sandoval y su madre mostraban a la concurrencia su receta familiar. Os he traído a quien me enseñó a hacer las torrijas, mi madre Con estas palabras Mario Sandoval se dirigía al público mientras se afanaba en cortar el pan en rodajas para que Teresa comenzara a cocinarlas. Un pan que, a diferencia del candeal, lleva un poco de azúcar y de manteca de cerdo. Según los expertos, de esa manera tendrá un toque dulce y, además, se dorará pronto y no absorberá demasiado aceite al freír. La receta para esta ocasión es la tradicional de la casa, como las hacía mi madre y así me las enseñó relataba Teresa Huertas a la vez que preparaba el almíbar con agua, azúcar, un chorrito de esencia de limón y canela. En seguida una jubilada preguntó por la leche. Y es que la receta de ayer no contaba con este producto. En su lugar se utilizó agua, siguiendo la receta de las torrijas del pobre como afirmó Sandoval. Pero sigamos con la preparación mientras se termina de hacer el almíbar- -primero se tuesta el azúcar y luego el resto de los ingredientes- En una preparación de agua, azúcar y esencia de limón se remojan las rodajas y se ponen a escurrir. Seguidamente, se rebozan en huevo y se fríen por tandas. En este punto comenzamos con los primeros trucos: el aceite, que será de girasol para evitar un exceso de espuma al freír las piezas, y la temperatura del fuego, ni muy fuerte ni muy flojo, lo suficiente para conseguir el tono tostado deseable (unos 3 o 4 minutos) Tras freírlas, se pasan por azúcar y canela y se rocían con el almíbar preparado. ¿No es Trucos Receta tradicional Ingredientes para 16- 20 torrijas 2 barras de pan de torrijas. 6 huevos. 1,5 kilos de azúcar. Agua para el almíbar. Esencia de limón (al gusto) Canela (al gusto) Aceite de girasol (imprescindible para que no haga espuma) para chuparse los dedos? Eso debió de pensar una de las presentes cuando, al olor de la primera torrija que salía de la sartén, espetó entre risas a Teresa: Dámela a mí... Afortunadamente hubo para todos, pues en previsión de la demanda, se habían preparado más bandejas con el objetivo, además, de promover el consumo de pan como alimento sano y nutritivo. Y es que, como reconocieron ayer en este acto compartido la viceconsejera de Economía e Innovación Tecnológica, Concha Guerra; el vicepresidente de la Cámara de Comercio, Salvador Santos Campano, y el presidente de la Asociación de Panaderos de Madrid, Ramón Ángel Gil, el pan es un alimento necesario y esencial en una dieta cardiosaludable No en vano, contiene la mayoría de los nutrientes esenciales para vivir y, a pesar de su fama de engordar, no contiene colesterol, ayuda a regular el tránsito intestinal y previene el cáncer de colon. Para terminar les dejo con un dato. Sólo en Semana Santa, se estima que se adquieren en Madrid casi 4 millones de torrijas artesanales, a un precio medio de 1,80 a 2,30 euros la unidad. A esa cantidad añadan las elaboradas por los propios consumidores, que rondan las 8 millones de unidades... Consumo en Semana Santa La campaña que se ha realizado busca promover el consumo de pan como alimento sano y nutritivo ncreíble, pero cierto: una buena noticia. No, no es que haya llovido en la región y haya nevado en la sierra, no, que desde luego siempre es un notición. No, la alegría viene dada porque los madrileños somos los españoles que menos se pasan de la raya, al menos de la raya en cuanto a consumo de medicamentos, tal y como atinadamente se informaba ayer en estas mismas páginas. Esto es, que somos la comunidad autónoma con menos consumo de pócimas, inyectables, supositorios, cápsulas y grajeas diversas de todo el país, en concreto cerca de cuatro puntos y medio menos que el resto de nuestros compatriotas. Tiene su mérito, desde luego, viviendo en pleno meollo de las más distintas contaminaciones. Y una de dos, o nos duele menos que a los demás, o es que nos quejamos menos y aguantamos mejor. Y eso que uno creía que a mis convecinos les iba lo del pastilleo, la fórmula 44 y todas las fórmulas habidas y por haber. Pues va a ser que no. La información, facilitada por el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, no aportaba sin embargo datos sobre qué es lo que hacemos, o qué puñengas nos tomamos los madrileños cuando, por ejemplo, se nos pone la cabeza como el tambor de granaderos después de ver jugar a la selección española tal y como lo hizo el pasado sábado en el Santiago Bernabéu. Y eso que a los daneses les hicimos el truco de la hora, ése que consiste en jugar a las diez de la noche, que con la horita de marras que hubo que adelantar (valiente sandez, valiente memez) el partidito acabó a la una de la madrugada, hora en que en las tierras de Hamlet deben estar a puntito de levantarse. Bien, pues ni después del partido y tal, y tal, los madrileños nos metimos el acetil salicílico en vena, lo que tiene un grandísimo mérito. Quién sabe, tal vez se deba a nuestra educación recia y en pantaloncito corto, en aquellos viejos y muy austeros tiempos, en los tiempos de Carlitos Alcántara, cuando nos entrenaban desde bien pequeñitos con el bicarbonato, la quina Santa Catalina, la manzanilla, y la esotérica y milagrosa tacita de tila para los nervios. Y ya ven, hemos lelgado hasta aquí.