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ABC MIÉRCOLES 28 s 3 s 2007 LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M LA TRAMA ASTURIANA ESPAÑA 21 Otro testigo ratifica el descontrol de la dinamita en Mina Conchita El explosivo y los detonadores sobrantes se dejaban en cualquier lugar del tajo D. M. N. V. MADRID. Un trabajador en activo de la empresa Caolines de Merillés que estuvo empleado en Mina Conchita ratificó ayer la situación de descontrol que día a día se registraba en la explotación minera en la que coincidió con Emilio Suárez Trashorras. Gonzalo López aseguró que era factible sacar cartuchos de la mina y que el material sobrante, tanto detonadores como explosivos, se dejaba escondido en cualquier sitio del tajo. Citó, a modo de ejemplo, el tubo de refrigeración del aire, detrás de unas chapas o a cinco metros de la boca de la mina. Las cajas se quedaban abiertas y desperdigadas por la mina incluso durante los fines de semana. López, que dijo no tener miedo a represalias de su empresa, reconoció que las medidas de seguridad cambiaron a raíz de los atentados de Madrid, y precisó que la situación de descontrol que había en Mina Conchita no se extendía a otras explotaciones de la empresa. Así, aseguró que en Mina Collada las medidas de control eran más exhaustivas. El testigo explicó la forma de trabajo que se seguía en Mina Conchita El primero que llegaba cogía las llaves de los minipolvorines y se las iban pasando de unos a otros según las necesidades de cada cual. Ni el capataz ni Emilio Llano, a quien atribuyó la supervisión de todo cuanto sucedía en la mina, llevaban un control de las cantidades de dinamita y detonadores. Admitió que si hubiera habido una sustracción importante de dinamita al día siguiente no se habría podido reanudar el trabajo. Y señaló que en esa mina se usaban indistintamente detonadores de cobre y de aluminio, aunque cree más los primeros. Un defensor pregunta por la relación de ETA con las Torres Gemelas D. M. N. V MADRID. Los macrojuicios suelen ser terreno abonado para las anécdotas, pero lo más curioso del proceso abierto por los atentados terroristas del 11- M es que buena parte de éstas son protagonizadas por los letrados, que en ocasiones plantean a los testigos cuestiones cuando menos sorprendentes. Hasta el momento se llevan la palma en este sentido el defensor de Jamal Zougam y Basel Ghalyoun y el de Rachid Aglif, si bien en este último caso hay ocasiones en las que simplemente es su dificultad con el idioma- -se trata de un letrado griego- -la que provoca esos momentos de estupor. Uno de los minipolvorines de la mina asturiana D. G. C. Germán Yanke ¿Y ETA? L o que Lavandera dijo que Toro y Trashorras le habían contado mientras ofrecían explosivos como en un supermercado, es decir, los contactos que tenían con ETA, no se lo dijo este último a la Policía, según el testimonio de un agente de la Unidad Central de Información, que habló con él largo y tendido. Ni le dijo eso ni le habló, dice el policía, de la caravana de la muerte en la que dos terroristas de ETA, detenidos una decena de días antes del 11- M, transportaban una furgoneta con explosivos hacia Madrid. Trashorras había declarado que avisó a la Policía que Ahmidan le había dicho que los etarras eran amigos suyos. Todo esto de me dijeron que había dicho es un tanto lioso pero se van aclarando algunas cosas. El agente de la UCII lo niega y, además, ni tiene pruebas ni ve factible una colaboración entre ETA e islamistas, que son- -explica- -grupos herméticos a nivel orgánico y operativamente reacios El policía de Asturias Manuel Rodríguez, al que todos ya conocemos como Manolón, añade que el 12 de marzo Trashorras le dijo que era cosa de moros y que insistió tanto que fueron a verle desde Madrid, lo que, por cierto, abrió la pista de El Chino Trashorras, además de parlanchín, se ha revelado habilidoso, ya que Manolón no sabe si el controlaba a su confidente o si éste le controlaba a él con tantos y tan variados relatos. Yo conozco a un ex etarra, de las primeras hornadas, ahora en las antípodas de la banda, que cuando fue detenido lo negaba todo. Como no era tan bien tratado como ahora, y para evitar el agobio, contó que en lo que sí había colaborado, aunque de lejos, era el asesinato de Kennedy. Mano de santo: abandonó los calabozos del País Vasco y fue trasladado urgentemente y con todo cuidado a Madrid. Me he acordado de él cuando un letrado le ha preguntado al policía de la UCII si sabía si ETA había participado en el atentado islamista contra el Wolrd Trade Center en 1993. En el caso de ayer, el protagonista fue José Luis Abascal, letrado de Zougam y Ghalyoun, quien en su afán por encontrar cualquier relación de ETA con la matanza de los trenes, una constante en la mayoría de sus preguntas, pidió al comisario que compareció, experto en la lucha contra esa banda terrorista, que le dijera si era cierto que los autores del primer atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York habían utilizado documentación falsa que les habría sido facilitada por etarras. El presidente del Tribunal, sin duda sorprendido, declaró de inmediato improcedente la pregunta. Este mismo abogado, en una sesión anterior, ya había preguntado a otro jefe policial por la presencia en Irak de las Brigadas de Euskalherria línea de interrogatorio que de nuevo fue abortada por Javier Gómez Bermúdez tras mostrar de nuevo su sorpresa por esa pregunta. Reincidente