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20 ESPAÑA LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M LA DINAMITA SE ROBÓ EN MINA CONCHITA MIÉRCOLES 28 s 3 s 2007 ABC El único condenado por la matanza culpa a Trashorras de dar la dinamita a los islamistas Acompañó a El Chino a Mina Conchita y cargaron cuatro o cinco mochilas que bajaron llenas de explosivo N. VILLANUEVA D. MARTÍNEZ MADRID. El testimonio de Gabriel Montoya Vidal, el único condenado en relación con los atentados de Madrid, fue demoledor para el ex minero José Emilio Suárez Trashorras, a quien el hoy mayor de edad (menor el 11- M) acusó directamente de proporcionar los explosivos a los islamistas autores de la matanza de Madrid. Tan contundente fue su declaración que al abogado del ex minero le quedaron pocos resquicios para poder defender a su cliente. Montoya, el octavo testigo de la vigésima sesión de juicio oral, ratificó que Trashorras acompañó a Jamal Ahmidan, a quien en todo momento identificó como Mowgli al interior de la mina Conchita. Fue el último fin de semana de febrero, el mismo en el que los islamistas bajaron a Madrid ya con los explosivos, y ambos estuvieron en la explotación minera a solas durante 45 minutos. Montoya relató ante el Tribunal todo lo que oyó y escuchó durante aquel fin de semana y no ahorró ningún detalle que pudiera implicar aún más a Trashorras en los hechos, algo que, por el contrario, no hizo con los procesados más jóvenes de la trama asturiana, sobre cuya intervención dijo no recordar nada en un descarado intento de exculparles. Así, explicó que aquel fin de semana él estaba en casa cuando recibió una llamada de teléfono de Trashorras para que bajara. El ex minero, que estaba acompañado por Mowgli El Chino muerto en Leganés) y otras dos personas de raza árabe, le pidió que les acompañara sin saber Montoya hacia dónde se dirigían. Trashorras y él iban en un Toyota Corolla, mientras que los visitantes lo hicieron en un Golf negro. El camino que tomaron les condujo a Mina Conchita Atardecía, y Trashorras y Mowgli desaparecieron por uno de los caminos de la mina, mientras que los dos árabes y Montoya se quedaron en los coches en los que habían llegado hasta allí, cerca de la carretera. A los 45 minutos, el ex minero y Mowgli regresaron y se introdujeron en los coches, no sin antes recordar Trashorras a su amigo que no se olvidara de los tornillos. Una vez de vuelta en Avilés, los dos asturianos se quedaron en esta localidad mientras los tres árabes fueron a un centro comercial a comprar unas mochilas y unas linternas. A continuación volvieron a reunirse los cinco y regresaron a la mina, pero sin Trashorras. En esta ocasión, el entonces menor condujo otra vez a los árabes a la mina, si bien ahora lo hicieron Mowgli y Montoya en un Ford Escort propiedad de Emilio y los otros dos en el Golf. Yo, por orden de Emilio, me quedé en el coche por si venía la Policía decirle que estaba descansando, mientras que los otros, con cuatro o cinco mochilas oscuras, se dirigieron a la mina. Allí estuvieron una hora y media más o menos; aunque pudo ser más tiempo porque me quedé dormido. Bajaron con las mochilas llenas de explosivos En este punto, a preguntas de la fiscal, Montoya reconoció que entonces ya sabía que se trataba de explosivos porque semanas antes él ya había bajado a Madrid con una bolsa cargada de dinamita, operación por la que Trashorras le pagó 1.000 euros. Trashorras le dijo que los islamistas querían los explosivos para reventar escaparates de joyerías Con las mochilas en los maleteros de los coches se dirigieron al garaje de Trashorras en Avilés, donde procedieron a descargarlas e introducirlas luego en el Toyota Corolla. Luego, en el Golf de Mowgli repitieron el proceso: fueron a la mina, robaron explosivos y los introdujeron de nuevo en las mochilas. En esta ocasión, a diferencia de la primera, se perdieron y tuvo que ir Trashorras a buscarles. Cuando descargaron los bultos otra vez en el garaje y volvieron a llenar Mil euros como pago Emilio Suárez Trashorras, el ex minero de Avilés, en la sesión de ayer del juicio del 11- M los maleteros con la dinamita en el interior de bolsas verde claro el menor ya les perdió de vista. Eran las 9 de la mañana del 29 de febrero de 2004. Ese mismo día, los tres árabes, dos en el Golf negro y Mowgli en el Toyota, emprendieron el regreso a Madrid con la dinamita de la matanza. Un mes antes de la llegada de los árabes a Avilés, y después de que Trashorras ofreciera infructuosamente al procesado Iván Granados hacer un viaje a Madrid, Gabriel Montoya sí accedía a las pretensiones del ex minero y trasladaba a la capital una bolsa de deportes que pesaba entre 10 y 15 kilos. Al llegar en un autobús de Alsa a la estación llamó al móvil que le dio su amigo y al poco tiempo apareció Mowgli a recoger el bulto, cuyo contenido el entonces menor desconocía, según dijo ayer. Fue Granados quien le informó días después de que lo que había llevado a Madrid eran explosivos, algo que, según le confesó, sabía por- POOL El letrado del ex minero se quedó sin argumentos para defenderlo ante esta declaración que él mismo había acompañado a Emilio a la mina. Entre el viaje de Montoya a Madrid y la visita de los islamistas a Asturias, Montoya acompañó a Trashorras a Mina Conchita, aunque en aquella ocasión tampoco se bajó del coche. Ayer, el joven recordó que el ex minero se reunió allí con dos hombres que vestían un mono azul y que no fue capaz de identificar. Cuando Emilio se subió al coche le dijo a Montoya: Esto ya está hecho ABC. es Siga en directo las sesiones del juicio del 11- M desde abc. es Gabriel Montoya intentó no implicar al resto de los miembros de la trama, a los que había acusado antes El testimonio prestado por Gabriel Montoya fue demoledor para Trashorras pero, sin embargo, dejó algunas puertas abiertas a la defensa del resto de la trama asturiana. Con constantes respuestas de no recuerdo El Gitanillo no confirmó que los demás procesados que supuestamente hicieron viajes con dinamita hasta Madrid supieran lo que llevaban en las bolsas de deportes que les daba el ex minero. Sin embargo, a preguntas del letrado Gonzalo Boyé, se ratificó en el contenido de sus declaraciones judiciales, en las que sí había implicado a esas personas. El hasta ahora único condenado por la matanza de Madrid se mostró bastante tranquilo, respondió con pocas palabras a las preguntas que se le iban planteando y prefirió no contestar a incurrir en contradicciones. Su testimonio es relevante por varias razones: primero, porque al estar conde- nado ya en firme no tiene ninguna razón para mentir, pues no obtendría beneficio alguno de ello; segundo, porque no deja márgenes para la duda sobre dónde obtuvieron los islamistas la dinamita que luego utilizaron en los atentados y, finalmente, porque descarta definitivamente cualquier relación de ETA con los explosivos. En los próximos días estará por fin finalizado el informe definitivo sobre los explosivos. Los resultados parciales conocidos hasta ahora no sólo son compatibles con la versión facilitada por El Gitanillo sino que confirman el origen de la dinamita, Goma 2 ECO.