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ABC MARTES 27 s 3 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 89 Rusia celebra hoy los 80 años del músico Mstislav Rostropovich A los festejos acudirán la Infanta Cristina y personalidades de todo el mundo RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. El gran maestro Mstislav Rostropovich, el mejor violonchelista de todos los tiempos, según la inmensa mayoría de los críticos musicales, cumple hoy 80 años. Con tal motivo, se celebran estos días por toda Rusia multitud de eventos de carácter cultural dedicados a la vida y obra del insigne músico: conciertos, exposiciones, conferencias y ciclos de cine. El acto central de los festejos será una recepción en el Kremlin ofrecida hoy por el presidente Vladimir Putin, a la que está previsto que acudan numerosas personalidades mundiales de la política y la cultura. Por parte española, asistirá la Infanta Doña Cristina. Rostropovich es íntimo amigo de la Familia Real desde hace tiempo y, desde París, su residencia habitual, viaja con frecuencia a España. Le fue concedido el premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1997 y hoy recibirá de manos de Putin, la Orden del Mérito a la Patria. No son los únicos galardones que posee; es también caballero del Imperio Británico y de la Legión de Honor de Francia, entre otras muchas condecoraciones. Slava, acepción familiar del nombre Mstislav y palabra que en castellano significa gloria, es también pianista, director de orquesta y compositor. El mes pasado, Rostropovich atravesó uno de los trances más amargos de su vida. Tuvo que ser sometido a una complicada operación de hígado en una clínica oncológica de Moscú. Según sus allegados, se encuentra ya fuera de peligro y en proceso de recuperación. Empezó a sentirse mal a finales del año pasado. En diciembre, durante un viaje a Vorónezh, el célebre violonchelista tuvo que ser hospitalizado urgentemente. Su estado de salud le obligó a cancelar todos los conciertos programados para este año. En febrero, días antes de ser intervenido, recibió la visita de Putin. Pero Rostropóvich no ha dedicado su vida solamente a la Yo, Farinelli, el capón novela el paso del castrato por España SUSANA GAVIÑA MADRID. Jesús Ruiz Mantilla confiesa que tal vez ha sido su inconsciencia la que le ha llevado a relatar en primera persona la biografía del castrato más famoso de la historia de la música, Carlo Broschi, más conocido como Farinelli (1705- 1782) y que él ha transformado en teatro literario La novela Yo, Farinelli, el capón (Aguilar) ha permitido al autor acercarse al personaje con curiosidad e incluso morbo y al mismo tiempo realizar una visión muy subjetiva del Barroco Escritor y periodista musical, Ruiz Mantilla también ha querido pagar una deuda con una figura esencialen eldesarrollo musical en la España del siglo XVIII. Se le ha hecho muy poco caso, tratándole como un florero en las biografías y en los libros de Historia, cuando fue uno de los grandes introductores de la ópera italiana en nuestro país Tras granjearse el favor del público en las grandes urbes musicales del momento, como Venecia, Viena o Londres- donde fue fichado para hacer la competencia a Haendel, por quien sentía auténtica devoción Farinelli acudió a la llamada de Isabel de Farnesio, que requirió su voz para sacar de su permanente estado despresivo a Felipe V El castrato llegó, vio y convenció al monarca con sus prodigiosas dotes, y lo que parecía iba ser una corta estanciaseprolongódurante 22 años. Farinelli era muy inquieto y durante esetiempo organizó muchos espectáculos en la corte. Llamó a los mejores cantantes del momento y contrató a Metastasio como libretista Sin embargo, su inclinación hacia Fernando VI, hijo del primer matrimonio del monarca, supuso el deterioro de su relación con Isabel de Farnesio, que le acusó de deslealtad por lo que a la subida al trono desu hijo, Carlos III, tuvo que abandonar la corte. Ruiz Mantilla subrayasu calidad humana. Todo el mundo hablaba bien de él. Era divo pero sólo sobre el escenario Y asegura que Farinelli se sintió orgulloso en todo momento de ser un castrato. Fueun héroedesucondición. A pesar de la soledad que sufrió, sabía que ésta le dio la gloria total De voz maravillosa, que era adorno pero al mismo tiempo tenía mucha profundidad en el sentimiento cree que hoy día ésta sólo sería comparable a la de Cecilia Bartoli, que es la única que le ha llegado a imitar Entre los proyectos de Ruiz Mantilla se encuentra escribir un libro sobre el divismo contemporáneo, que hablará sobre los divos de hoy y de los que van de ello y no lo son Actos principales Recepción en el Kremlin. Galas en las dos salas de concierto del Conservatorio y en la Filarmónica de Moscú. Una programación especial en el canal de televisión Cultura Un ciclo de cine en las filmotecas de varias ciudades rusas. Exposiciones en las bibliotecas de las ciudades de Samara y Vorónezh sobre la obra del violonchelista. En San Petersburgo se han programado numerosos eventos. Rostropovich, durante un concierto celebrado en Tokio en 2004 música. Fue siempre un artista comprometido moral e intelectualmente con la defensa de las libertades y los derechos humanos. Por ayudar y exigir justicia para su amigo, el escritor Alexánder Solzhenitsin, quien en 1970 fue expulsado de la Unión de Literatos de la Unión Soviética por manifestarse en contra de la invasión de Checoslovaquia, cayó en desgracia y se quedó hasta sin trabajo. Él y su esposa, la soprano Galina Vishniévskaya, que cumplió también 80 años el pasado mes de octubre, abandonaron la URSS en 1974 para rehacer sus vidas en los EE. UU. Fueron incluso privados de la nacionalidad soviética y no pudieron volver a Rusia hasta 1990, cuando Mijaíl Gorbachov les devolvió la ciudadanía. Rostropóvich estuvo también en las barricadas en defen- AP sa de la sede del Parlamento ruso, durante el golpe de Estado contra Gorbachov de agosto de 1991. Allí se afianzó su amistad con el ex presidente Borís Yeltsin. Esa afinidad le perjudicó a finales de los 90, hasta el punto de que estuvo una época sin aparecer por Rusia. Más información sobre el músico: http: www. rostropovich. org En proceso de recuperación CLÁSICA Temporada OCNE Obras de R. Strauss y Schoenberg. sInt. A. Schwanewilms, soprano. Orq. Nacional de España. sDir. J. Pons. sLugar: Auditorio Nacional. Madrid. sFecha: 23- 03- 07 Punto de encuentro ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Es curioso. Hay nombres que todavía ponen a la defensiva a algunos espectadores. Arnold Schoenberg, por ejemplo. El compositor tendría ahora 133 años, es decir que su tiempo fue otro y, además, lejano. Pero hay aficionados que ante su sola mención rememoran lo peor. Lo confirma algún comentario escuchado durante el último concierto de la Orquesta Nacio- nal. Y es curioso, sí, pues estamos ante un público con experiencia, que ha escuchado mucho y variado. Algún inconveniente habrán sufrido para que se manifiesten de esta manera. Sería interesante indagarlo. Por el momento la reflexión sólo alcanza a recordar el valor que también tiene la interpretación a la hora de aniquilar prejuicios (educar, se dice ahora) Al fin y al cabo el concierto es un acto condicionado. Ejemplo: si se anuncian los Cuatro últimos lieder de Strauss es razonable que se aspire a una emoción concentrada, cercana al adiós callado y eterno. La soprano Anne Schwanewilms prometía hacerlo, pero antes de salir al escenario anunció una cierta indisposición vocal. Justa y no siempre impecable en toda la extensión dejó trazas de buen estilo al cantar a los exhaustos ojos apaciguó la libertad de la incomensurable profundidad del círculo mágico de la noche y semostró morosaante el definitivo Atardecer irregularmente apoyado por la trompa. Transitó con precaución arropada por una orquesta que obligó a recordar (era un día para la reflexión) que también hay vida cerca del silencio, que el pianísimo existe y que su poder expresivo es importante. El público no quedó muy convencido de lo que oyó. Parte de él despertó con Pelleas und Melisande de Schoenberg. Pero sólo aquel que acudió más dispuesto a la aventura. Con visión ancha, perspectiva general y buena dirección, el maestro Josep Pons impuso seguridad y entusiasmo. Su versión habría ganado en valor de coexistir con una cierta viveza interior. Quizá así habría ganado alguna amistad más. No todos los días se tiene la oportunidad de escuchar este Schoenberg juvenil, anterior al diablo que cambió la música y la escucha del mundo para malestar de varios.