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22 ESPAÑA LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M OTRO CONFIDENTE EN EVIDENCIA MARTES 27 s 3 s 2007 ABC Germán Yanke La chiquillada de ETA El domador de serpientes, matón de discoteca y confidente Lavandera acusó a Antonio Toro de ser el jefe de la trama asturiana de los explosivos s Presumía de su relación con ETA- -aseguró- pero yo pensaba que era un alarde, una chiquillada POR D. MARTÍNEZ N. VILLANUEVA Si algo puso en claro Francisco Javier Villazón Lavandera es que es un catálogo de la delincuencia. No hay palo que sea ajeno a su mundo: tráfico de explosivo y drogas, billetes falsos, asesinatos por encargo, chivatazos, grabaciones ocultas... y hasta ETA. El testigo, que se definió como portero de discoteca y adiestrador de serpientes, tuvo a Antonio Toro en su punto de mira. Dijo que era el verdadero jefe de la trama asturiana y que José Emilio Suárez Trashorras ocupaba el puesto de segundón. Vinculó a ambos con el comercio ilegal de dinamita, en concreto Goma- 2, actividad que, en su opinión, se realizaba a diestro y siniestro ante todo el mundo. Todo el mundo lo sabía Pero Lavandera, como anteriormente ha venido haciendo con algún medio de comunicación, ayer intentó, ante el tribunal que juzga el 11- M, venderse como el hombre que alertó a la Policía y a la Guardia Civil de las actividades de la trama asturiana. Su testimonio resultó poco convincente. Comenzó su relato en 2001 cuando Antonio Toro le ofreció la manera de ganar dinero de forma rápida a través de la venta de explosivo. Al principio- -dijo- -no lo creí. Para fiarme de su palabra, me tuvo que enseñar el maletero de un coche en el que había explosivo y detonadores. Estábamos a pocos metros de la Comisaría de Avilés. Cuando vi el maletero, me lo empecé a tomar en serio y acto seguido lo denuncié Lavandera dijo que, sin demora, fue a informar a la Policía de Gijón, pero no me tomaron en serio. Me dijeron que no tenía importancia, que no debía preocuparme y que podía tratarse de un minero con unos cuantos cartuchos De esta confidencia que hizo a la Policía no ha quedado rastro. Y fue sencillamente porque él se negó a firmar la declaración por temor a que me mataran Y es que Lavandera siempre se ha sentido amenazado por sus compinches. Incluso ante el tribunal llegó a recordar aquel episodio de intento de asesinato que sufrió, aunque la Guardia Civil descubrió en su día que se trataba de una película sólo dirigida por él. La declaración de Lavandera ante el tribunal no se alejó mucho de sus otras confidencias, es decir, las realizadas a un medio de comunicación. Por ello, recordó que también en el verano de 2001 Toro le dijo a sus propias palabras al afirmar a renglón seguido que Toro presumía de su relación con ETA, pero yo pensaba que era un alarde, una chiquillada No creo que ETA tenga nada que ver con los atentados- -añadió- No creo que sean tan tontos como para vender explosivos en un club Además de Toro, Lavandera también vinculó a Trashorras con el tráfico de explosivos. Afirmó que el ex minero le dijo en 2001 que tenía 400 kilos de Goma- 2 en venta y que días después, le reveló que la mitad del cargamento ya lo tenía vendido. Después, dijo que no volvió a tener relación con los miembros de la trama asturiana. Lavandera se esforzó en resaltar su papel de colaborador Y por ello puso énfasis, aunque de forma poco convincente, en decir que al ver que la Policía no tomaba en serio sus confidencias sobre Toro y Trashorras, decidió acudir a la Guardia Civil. Fue el agente Jesús Campillo quien grabó todas sus confidencias. Eran tantas- -dijo el miembro de la Benemérita ante el tribunal- -que opté por grabarlas. La cinta con esas declaraciones y un informe de tres folios lo remití a mi superior y éste al jefe de la comandancia La cinta apareció, tras una mudanza, cinco años después en el patio del cuartel de Cancianes. El guardia civil afirmó que todo lo que sabía es lo que está grabado en la cinta y que luego fue retirado de la investigación. Las indagaciones posteriores se encaminaron no hacia el tráfico de explosivos, sino por la droga LAVANDERA Y MAHOMA oro, según Lavandera, ofrecía explosivos como otros dan los buenos días. Y, según su testimonio, cuando Toro fue encarcelado era Trashorras el que seguía con el negocio y las ofertas. El tal Lavandera habla con seguridad y lo hace de todo, hasta de móviles y detonadores, aunque luego explica que son teorías suyas, deducciones que ha debido hacer en los ratos libres, porque saber de esas cosas no sabe nada. De lo que Lavandera dice saber ya conocíamos todo, porque ha hecho continuadas declaraciones y hasta ha escrito, con la necesaria colaboración, un libro. Zouhier también andaba con ellos y terminó por estallarle, según su ex novia, un móvil manipulado entre las manos. Zouhier ha terminado siendo expulsado por Bermúdez. Lo suyo es la bronca. Lo de Lavandera es contar cosas. Además de a los periódicos, a la Guardia Civil, aunque se queja de que no le hicieron caso con la cantidad de cosas que sabía. Aún más, según su testimonio, le persiguieron y le amenazaron para no contar que Toro, con su maletero lleno de explosivos, tenía o decía tener contactos con ETA. Su vida, no hay duda, ha sido desgraciada, incluido el suicidio de su mujer en plena vorágine de la investigación. Pero también sabemos que el testigo, quizá por afán de contar y contar, se ha venido inventando algunas historias en el pasado reciente, persecuciones y aventuras, todo muy imaginativo y muy falso. Es, al fin y al cabo, una pieza de un submundo que linda y a menudo se cruza con la delincuencia. Antes hubo sus momentos de intriga, además del retraso en el comienzo de la sesión por la reunión de los magistrados en la Audiencia. Intriga lingüística porque al parecer no todos los árabes, las lenguas, son lo mismo. Una víctima se ha colocado ante los procesados con la imagen de Mahoma con una bomba- -sí, la de la famosa polémica- -en la camiseta. Estaba muy nerviosa, dicen los psicólogos. Y tanto, si la pobre mujer, además de mostrarnos su dolor, nos devolvía a la realidad, a las barbaridades que pueden pergeñar algunos con sus profetas. T Francisco Javier Lavandera ABC Lavandera dice que Toro ofrecía explosivo a diestro y siniestro ante todo el mundo. Todos los sabían que tenía contactos con ETA y que si quería ganar mucho dinero no tenía que hacer otra cosa nada más que llevar explosivos al País Vasco. No obstante, el testigo protegido quitó valor Un testigo confirma que la Policía sólo identificó el piso de Leganés ocho horas antes del suicidio N. V. MADRID. El trabajador de la asesoría que alquiló el piso a los suicidas de Leganés confirmó ayer que la Policía sólo localizó este inmueble después de que él mismo les suministrara la información sobre la calle, el portal y el piso en el que se encontraba, pues hasta ese momento lo único que constaba, tal y como han declarado ya varios testigos que han depuesto en la vista oral, era la localización de varios móviles relacionados con la matanza de Madrid bajo el área de influencia de Leganés. El testimonio de este trabajador avala las declaraciones prestadas en este sentido por los agentes de la Policía, que han declarado que llegaron a Leganés tras investigar el tráfico de llamadas de una de las tarjetas vinculadas a la matanza. En ella figuraba un contacto entre el empleado que ayer declaró y Mohamed Belhadj, una de las personas que huyó del piso de Leganés tras la explosión y a cuyo nombre se hizo el contrato de arrendamiento. Además, contradice las palabras del confidente Cartagena, que aseguró que la Policía le trajo desde Almería la madrugada del 3 de abril para que ese mismo día por la mañana acudiera a la vivienda en la que estaban los terroristas. Este empleado explicó que medió en el alquiler de este piso porque así se lo pidió su propietario, un cliente de la asesoría que residía en Pontevedra. Reconoció que pese a que el contrato de arrendamiento estaba fechado el 1 de marzo de 2004 no fue en esta fecha cuando los inquilinos pasaron a ocuparlo, sino unos días después. Más tarde, un testigo protegido aseguró que el presunto narcotraficante José Ignacio Fernández Díaz Nayo relacionado con Trashorras y Toro, le comentó que ETA intentó robar a Toro el explosivo que él iba a vender a la banda terrorista, sacado ilegalmente de Mina Conchita. Según el relato de este testigo, quien coincidió con Nayo en la cárcel entre 2002 y 2003, éste le contó que el incidente tuvo lugar en un club de Gijón en el que hubo incluso una persecución y un tiroteo El testigo protegido relató que Nayo le dijo que había informado a la Policía Nacional del posible tráfico de explosivos que llevaban a cabo Trashorras y Toro, pero como no le hacían caso le pidió que contactara con la Guardia Civil. El testigo indicó que habló dos veces con agentes del Instituto Armado mientras estuvo en prisión. A partir de mayo de 2004 se volvieron a poner en contacto con él para localizar a Nayo quien tras salir de la cárcel huyó a Santo Domingo.