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ABC MARTES 27 s 3 s 2007 LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M DECLARACIÓN DEL INSPECTOR JEFE DE AVILÉS ESPAÑA 21 Viñetas de Mahoma en la sala del juicio El presidente del Tribunal del 11- M, Javier Gómez Bermúdez, ordenó ayer el desalojo de la Sala de una mujer que asistía como público y que vestía una camiseta con una caricatura de Mahoma. Esta joven, miembro de la Asociación 11- M Afectados por el Terrorismo- -y que al entrar en la Sala de vistas llevaba una camisa vaquera encima de esa camiseta- -se sentó en la primera fila a apenas un metro de los procesados y cuando ya había comenzado el juicio decidió quitársela y dejar al descubierto el dibujo de Mahoma, publicado en varios rotativos europeos. Al percatarse Gómez Bermúdez de esta escena, a la que los procesados permanecieron en todo momento ajenos, ordenó al funcionario que se llevara de forma discreta a la mujer, y así se cumplió la orden. Ya una vez fuera, el presidente del Tribunal pidió a la Policía que la identificara por si en la camiseta figuraba alguna consigna. La joven ya no volvió por la tarde. Siguió la sesión desde la sala habilitada para las víctimas. Los acusados, en el recinto blindado desde el que siguen el desarrollo del juicio; en primer término, Suárez Trashorras POOL Manolón sólo creyó a Trashorras la tercera vez que acusó a los moritos El inspector jefe de Avilés revela una relación que iba más allá de la de simple confidente D. MARTÍNEZ N. VILLANUEVA MADRID. El inspector jefe del Grupo de Estupefacientes de Avilés que tenía como confidente al ex minero José Emilio Suárez Trashorras dibujó ayer, durante el interrogatorio del fiscal, una relación entre ambos que iba mucho más allá de la que hay entre un policía y su confidente. El agente Manolón con voz pausada, sin incurrir en una sola contradicción, reveló que sólo creyó a Trashorras cuando le decía que los atentados del 11- M habían sido obra de los moritos a la tercera vez que se lo dijo, el lunes o el martes Ese día- -explicó- -me volvió a abordar y me espetó: ¿Ves como eran ellos? Entonces le pregunté que en qué se basaba para decir algo así, y me contestó que un morito Jamal Ahmidan, El Chino le había dicho la última vez que lo vio, en febrero, que si no se volvían a ver en la tierra se verían en el cielo Además, me contó que tras los atentados había intentado llamarle varias veces y que nunca le había cogido el teléfono. Fue entonces cuando decidí comunicar estos extremos a mis compañeros de Información de Madrid, por si podían servirles para la investigación El inspector jefe explicó las claves de una relación que arrancó por el intento del ex minero de conseguir la excarcelación de su cuñado Antonio Toro a cambio de información sobre operaciones de droga y que derivó en una especie de tutelaje con el que el policía quería sacar a Trashorras de ese mundo Incluso, Manolón llegó a conseguir trabajo a la entonces novia de éste, Carmen Toro, al lado de uno de mis hijos. Nos veíamos en los bares, a la vista de todos, era una relación que iba más allá de la de confidente dijo. Sin embargo, Trashorras nunca le informó de sus relaciones con El Chino o con Rafa Zohuier, ni con ningún otro; tampoco de las reuniones del Mc Donalds en Madrid, ni de que le habían pedido explosivos. De nada, en fin, que permitiera al funcionario tener la mínimima sospecha de las peligrosas andanzas de su confindente colaborador Creía conocer de tal forma a Suárez Trashorras- -él siempre le llama José Emilio que cuando le dijo por primera vez en un bar el 12 de marzo que la matanza era cosa de los moritos no le hice ni caso y le recordé lo de la caravana de ETA que habían cogido con 500 kilos de explosivos. Cuarenta y ocho horas después- -el sábado- -le volví a ver y me repitió: ¿Ves como te decía yo que era cosa de los moros? Era muy dado a exagerar y tampoco entonces le creí Pero el lunes se lo volvió a repetir y el inspector jefe comenzó a sospechar. Muy pocas horas después, con la detención del ex minero y los resultados de la investigación, se dio cuenta por primera vez que en realidad no conocía tanto a aquel hombre extrovertido, cuyas confidencias le habían servido para hacer tres o cuatro operaciones antidroga y al que quería rehabilitar. El inspector jefe relató con detalle su llamada a la Comisaría General de Información para explicar lo que le había dicho Trashorras; su sorpresa cuando supo que sus compañeros de Madrid estaban ya sobre la pista asturiana; la toma de declaración voluntaria que hicieron Trashorras y su mujer No le hice ni caso en la tarde del día 17, y la detención del ex minero en las primeras horas del 18 tras disfrutar todos- -policías y sospechoso juntos- de una cena que resultó muy amena en un restaurante de Avilés, y finalmente la salida del arrestado hacia Madrid a bordo de un vehículo policial. Hasta los careos, fue la última vez que lo vi explicó el funcionario. La última pregunta del fiscal Javier Zaragoza fue sobre una carta escrita por Trashorras a su antiguo controlador que por razones desconocidas no le llegó a él, sino que se publicó en un medio de comunicación. ¿Puede hacerme un breve resumen de lo que decía? lepreguntó Zaragoza: Me daba las gracias por todo lo que había hecho por él. De alguna forma me reconocía que me había engañado Y de qué manera, cabría añadir.