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ABC LUNES 26 s 3 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 77 ÓPERA La pietra del paragone Autor: G. Rossini. Int. M. Todorovitch (Clarice) L. Brioli (Aspasia) P. Biccirè (Fulvia) M. Vinco (Asdrubale) R. Giménez (Giocondo) P. Spagnoli (Macrobio) P. Bordogna (Pacuvio) T. Bibiloni (Frabrizio) Coro y Orq. Titular del Teatro Real. Dir. escena: P. L. Pizzi. Dir. musical: A. Zedda. Lugar: Teatro Real. Fecha: 25- III Abuchean a Montilla en el concierto de despedida de Lluís Llach EP VERGES (GERONA) El cantautor catalán Lluís Llach puso el sábado por la noche un broche de oro a su carrera de 40 años encima de los escenarios con un emotivo concierto en su localidad natal de Verges (Gerona) que congregó a más de cinco mil personas y en el que el artista repasó temas de su último disco, i a los que añadió algunos de sus clásicos. El concierto se inició cuando pasaban diez minutos de las 22 horas en medio de una fuerta ovación. Después de asegurar que este concierto de despedida sólo podía tener lugar en Verges, Lluís Llach inició el recital con Geografia y Un núvol blanc canción dedicada a la madre del artista, y Tinc un clavell per tu Le siguieron temas como Maremar dedicada a Salvem l Empord; Potser el desig y la política A poc a poc con críticas a la derecha neofascista y la izquierda decimonónica española sin ahorrar reproches a los políticos catalanes por el proceso del Estatut, algunos de ellos testigos de este último concierto. Y es que, además de los vecinos de la tranquila localidad de Verges, el recital contó con la asistencia de representantes de la clase política como el presidente de la Generalitat, José Montilla, que fue recibido por una parte del público con pitos y gritos de fora Montilla (fuera Montilla) También acudieron varios consellers del Gobierno catalán; el presidente del Parlament, Ernest Benach; o el líder de CiU, Artur Mas. Además, se pudo ver entre el público a la cantante María del Mar Bonet, el ex futbolista Pep Guardiola, la actriz Ariadna Gil y el director David Trueba, entre otros. El cantautor también tuvo, durante el concierto, un recuerdo para Salvador Puig Antich, los hechos de Vitoria de 1976 y las víctimas del franquismo con el tema Sempre queda un fil y a los Setze Jutges con Fins quan i per qui una adaptación de la cantante francesa Barbara. En los bises, Llach entonó Sabessis bé en homenaje al poeta Miquel Martí i Pol, y la coreada Que tinguem sort El concierto será editado en CD y DVD, convirtiéndose en uno de los últimos trabajos de Llach, quien anunció que no volverá a la carrera normal de grabar discos y hacer giras, aunque deja la puerta abierta a actuaciones con su piano en pequeños teatros y colaboraciones puntuales. Amistades interesadas ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE La ópera está hecha para sufrir o para llorar. Sin andarse por las ramas, con cierta gracia y bastante desengaño, lo sugería Felipe Pedrell, padre espiritual de buena parte de nuestra música (siempre es necesario volver a los clásicos) Intimando un poco más, cuenta que la ópera es asunto abonado para las amistades. Entre ellas la del crítico, por supuesto. En su tiempo pudo ser el que recibía favores, hoy es el que tutela a la cantante o el más distinguido que cena, come y se desayuna con el director de escena para luego explicar sus infinitas bondades y, de paso, dar consejos a los demás sobre cómo han de proceder. Por supuesto, sin darse cuenta de que lo suyo tiene poco de ética y menos de estética. Efectivamente, por dentro y por fuera, la ópera tiene miga. Pero no parece que este sea el tema. Centrémonos. Anoche se estrenó en el Teatro Real La pietra del paragone Rossini juvenil, recuperado definitivamente hace dos décadas para alegría de cuantos rossinianos habitan en el mundo. No lo debió ser nuestro conspicuo pensador patrio, tan teutón él, pues en caso contrario habría apreciado que también hay ópera hecha para la diversión. Esta misma. Tan llana y directa que resulta de lo más recomendable para pasar el rato liberando endorfinas, que es cosa que alivia el dolor y mejora la digestión. Son sus protagonistas un conde remolón al matrimonio que no acaba de encontrar la mujer ideal; la marquesa, viuda y perspicaz, que lo pretende; las rivales que buscan la fortuna; el poeta amigo del primero y aspirante a la segunda; otro poeta ignorante, el mayordomo confidente y, para rematar, el crítico de bolsillo ancho. Qué casualidad. Pero lo que importa es que a todo ello hay que añadir el interesante punto de vista que propone Pier Luigi Pizzi director de la escena en el Festival Ros- Una escena de La pietra del paragone de Rossini, en el Teatro Real sini de Pesaro y ahora en Madrid. El suyo es otro argumento más para demostrar que el mundo y sus pequeñas miserias pueden formularse con distintas caligrafías pero que giran igual en tiempo de Rossini, de Pedrell o en este tan moderno de la globalización. Por eso todo transcurre en una casa de campo, años 70, de lo más elegante, cuya rectitud arquitectónica, proporción entre las partes y la claridad en los colores cuadra bien con esta música de corta y pega, modular y simétrica. Y aún así lo de Pizzi tiene mayor enjundia, porque la suya es una escena que se mueve con detalle, con la agilidad del enredo, que entra, sale, sube, baja, se encuentra y se separa. Un alarde de vestuario y una iluminación impecable hacen el resto. Coherencia se llama el resultado de esta producción minuciosamente caracterizada hasta en el reparto. Ya se sabe que el maestro Alberto Zedda suele recrearse en un Rossini detallista un punto moroso, de chispa equlibrada, pero enormemente colaborador con las voces. Su trabajo tiene humildad y el protagonismo justo, lo cual permite que alguien como Marie- Ange Todorovitch encuentre espacio para mostrar lo mejor de su estupenda y atractica voz. Desde la cavatina inicial queda claro que en su marquesa prima el buen gusto, los medios y una intención pícara e inocente. Podría hablarse en términos pareci- REUTERS Coherente resultado de esta producción minuciosamente caracterizada hasta en el reparto Protagonismo justo y humilde del director, Alberto Zedda, que deja todo el lucimiento a las voces dos del resto del reparto pues si Marco Vinco se luce en su aria final es después de casi tres horas dando vida a un conde que transita con agilidad, gallardía, planta y seducción. Pero el resultado de tan notable reparto también tiene otras vías. En el poeta Paolo Bordogna cabe apreciar frescura en el estilo, salud vocal y gracia. Su momento de gloria es la caricatura de una doméstica incorporada en el aria Ombretta sdegnosa todavía rematada con caía en la piscina. De otro lado está Raúl Giménez quien en su aria del segundo acto manifiesta que también importa la experiencia. Él la aplica a grandes pianísimos y a un control muy medido de las agilidades. Y aún Pietro Spagnoli, actor con voz engrasada y muy afín al personaje. Poltrón le llaman los demás una vez descubierta la trama. Pero esta es una verdad a medias. Él es el crítico presuntuoso. Junto con el resto de los intrigantes sale con el rabo entre las piernas. Es toda una satisfacción.