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ABC LUNES 26 s 3 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EN EUROPA, TAMPOCO UNCA hapintadoEspaña tan pococomo ahora en esa Unión Europea en cuyas autocomplacientes bodas de oro berlinesas se ha colado el Papa alemán para meterle un buen zarandeo de conciencia. Nunca desde que entró, claro, hace dos décadas, cuando había la mitad de miembros y estaba lejos la crisis de crecimiento que amenaza con la parálisis a ese proyecto tan sugestivocomo anquilosado por su propio desarrollo. En estas dos décadas, el peso específico español en Europa ha sido, si no considerable, sí al menos patente y diáfano, siempre de la mano de algún socio dominanIGNACIO te. González era amigo de CAMACHO Kohl y Mitterrand; Aznar se procuró alianzas de conveniencia con la Gran Bretaña de Blair y con una Polonia que parecía emerger como potencia media antes dequela asaltaranesosdos gemelosdemenciales. Pero... ¿y ahora? ¿Con quién vamos de la mano, en quién nos amparamos, quién nos echa un cable? -Oiga, pero cómo nos van a echar una mano en Europa si andamos todo el rato con Hugo Chávez y con la Alianza de Civilizaciones... -Pues ahí está el quid. El aburrimiento palmario que a Zapatero reproduce la política internacional, y la liviandad de su discurso exterior, amenazan con desembocar en una etapa de aislamiento o, por lo menos, de descuelgue en un momento clave. Mejor dicho, en dos momentos clave. Por un lado, el previsible relanzamiento que trama Angela Merkel, probablemente en compañía de Sarkozy si gana las elecciones en mayo, y que va a consistir, se mire como se mire, en una Unión de dos velocidades. Y por otro, el horizonte de 2013, con la desaparición completa de ayudas y subvenciones... -Ahí sí que nos van a crujir los dientes, usted. -Y tanto. Ser presidente de España en 2013, o ministro de Agricultura, por ejemplo, va a representar un trago bastante duro porque algunos sectores económicos se han acostumbrado a acolcharse en las ayudas. Pero habrá que prepararse, digo yo. Y buscarse un socio que mande, un aliado en el núcleo duro, que no se perfila en el horizonte inmediato. -Ni se va a perfilar, salvo que gane Segolène Royal en Francia. Y aun así, los franceses son muy suyos. -Pues eso. El caso es que, desde que Zapatero es presidente, la pérdida de influencia y la desorientación europea de España son manifiestas. Lo único que hace la UE es echarnos broncas por la política de inmigración. Sencillamenteno contamos, y la precipitadaaprobación de la Constitución quedó en nada, visto el gatillazo posterior. ¿Sabealguien cuál es nuestroproyectoeuropeo, nuestrapolíticadealianzas, nuestra apuesta estratégica? -Abrazar farolas, supongo, como es norma de la casa. -Sí, pero en Europa las farolas sólo se dejan abrazar a cambio dealgo. Si no, dan calambre, porquebajo la retórica de la unidad se producen unas descargas de aquí te espero, en busca deposiciones deprivilegio. Y en 2013, España corre peligro de electrocución grave. -Pues ahora los electricistas son casi todos polacos. O rumanos... N 300 N O puedo resistirme a escribir sobre esta película. Se trata, sin duda alguna, de la mejor adaptación cinematográfica que nunca se haya hecho de un comic, pero también de una insólita experiencia visual, de una actualización gloriosa de la épica clásica y de un muy perturbador alegato contra la blandenguería vigente. Una subversión estética e ideológica de primera magnitud que causará a partes iguales rechazos y adhesiones encendidas, pero que a nadie dejará indiferente. Zack Snyder, su director, ha alcanzado el olimpo cinematográfico con esta adaptación de la magnífica novela gráfica homónima de Frank Miller, que recrea la célebre batalla de las Termópilas, donde Leónidas, rey de Esparta, se inmoló en compañía de trescientos hoplitas, oponiendo resistencia al avance del multitudinario ejército persa de Jerjes. La narración de este episodio, convertido a lo largo de los siglos en emblema de la resistencia de la civilización occidental frente a las huestes de la barbarie, la encontrará el lector en el Libro VII de la Historia de Herodoto. Hemos calificado 300 de insólita experiencia visual. Se trata de una pelícuJUAN MANUEL la de una imaginería entre bizarre y DE PRADA pulp subyugadora, en la que el tratamiento digitalizado de las imágenes logra crear un efecto a la vez arcaizante y megacool. Algo así como si un peplum de Riccardo Freda se hubiese agitado en la misma coctelera con la trilogía de El señor de los anillos. Como La corona de hierro de Blasetti, La Bella y la Bestia de Cocteau o Matrix de los hermanos Wachowski, 300 provoca en el espectador una suerte de hipnosis o rendición de los sentidos. La planificación siempre estupefaciente, el barroquismo onírico de ciertas secuencias, el uso constante del ralentí, la coreografía operística de los combates logran un efecto de suspensión de la verosimilitud que hace más eficaz y memorable la narración en off de la epopeya. Hacía mucho tiempo en que no veía una película con una narración en off de retórica tan descaradamente arcaica; pero el efecto nunca es prolijo ni distanciador, sino que logra zambullirnos en un clima épico que alcanza su clímax en la secuencia postrera, cuando Dilios, el hoplita al que Leónidas ha ordenado abandonar las Termópilas para que pueda convertirse en rapsoda de la gesta, arenga al ejército que se dispone a presentar batalla a Jerjes. Una arenga que adquiere para el espectador occidental una vigencia muy desasosegante, pues en ella se vindica la libertad alcanzada en la batalla, frente a la paz genuflexa de los esclavos. Y aquí nos adentramos en el aspecto más polémico de 300, una película que obliga al espectador a confrontarse con todas las paparruchas que Occidente se ha inventado para justificar su claudicante decrepitud. Cuando Leónidas arroja a una sima al emisario de los persas que le propone un apaño indecoroso y lanza un grito de iracundo patriotismo ¡Esto es Esparta! resulta imposible no acordarse del llamado (las mayúsculas que no falten) Proceso de Paz. Y cuando los hoplitas espartanos se enardecen invocando el honor y la libertad, antes de arreciar sin piedad contra las huestes de Jerjes, vienen a la memoria las melifluas delicuescencias de la Alianza de Civilizaciones. Naturalmente, 300 ha sido tildada de apología fascista (mérito que podría compartir con Homero) aberración homofóbica (pero sospecho que nadie disfrutará más de la contemplación de tanto torso masculino hipermusculado como los homosexuales) y otras lindezas de parecido jaez. No podía ser menos, tratándose de una película que, bajo una apariencia esteticista, provoca reflexiones tan incómodas. Gracias a ella, muchos jóvenes descubrirán (porque, por supuesto, en la escuela no se lo han enseñado) que hace dos mil quinientos años un puñado de hombres valerosos sacrificaron su vida en las Termópilas, defendiendo un ideal que la mentalidad contemporánea, tan cobardona, ha preferido enterrar; un ideal que tal vez los ayude a revolverse contra ciertas baboserías buenistas que se han convertido en catecismo de obligado cumplimiento. Los centinelas de la corrección política deberían prohibir la proyección de esta joya, antes de que se les acabe el chollo.