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ABC DOMINGO 25- -3- -2007 Motociclismo s Gran Premio de España DEPORTES 101 Peregrinación a Jerez Es el viaje que ningún motero se quiere perder. Desde Navidad se sueña con él y cuando llega la hora, la emoción no deja de embargarte. Este año han bajado más que nunca. Despeñaperros y la SE- 30 se bloquearon. Y en Jerez había que dar el santo y seña POR NIEVES COLLI MADRID JEREZ. En diciembre se empieza, como siempre, a organizar el viaje. Los preparativos requieren una minuciosa planificación, pues es toda una aventura conseguir buenas entradas, alojamiento o compaginar el calendario laboral y familiar con el Gran Premio. Aunque, por norma general, no hay ningún plan que logre desplazar al que sin duda es el viaje por antonomasia a las carreras. Este año, una lesión de rodilla dejó en casa a uno de los habituales del grupo, así que hemos bajado cuatro motos en lugar de cinco. La ida, como siempre, la hicimos por autovía. Se impusieron las ganas de llegar pronto y no excesivamente cansados pese a que las vías rápidas no son de nuestro gusto: demasiada gente, demasiados radares (este año muchos más) y peligro multiplicado por tres. Para la vuelta, el lunes, diseñaremos una ruta alternativa por carreteras secundarias, menos conflictivas y más entretenidas por el trazado de curvas. Como cada año, hemos quedado en la gasolinera del Campo de las Naciones. Ya desde ese momento, el ambiente olía a Jerez. No éramos el único grupo de moteros que se había dado cita allí ni los únicos que admirábamos las mejoras que cada uno hemos introducido en nuestras motos. También comenzamos los piques sobre nuestros pilotos favoritos. El viaje es una parte más de la fiesta. Conducir la moto es una diversión en sí misma. De ahí que, aunque hay mucha gente que lo hace, bajar en coche no es lo mismo. A medida que recorríamos kilómetros, iba aumentando el número de motos y las áreas de servicio aparecían tomadas por los moteros. Nunca deja de sorprendernos cómo cada año crece la multitud. Otro récord de público. Paramos a repostar cada doscientos kilómetros y esos ratos volvieron a ser una buena ocasión para las bromas, comentarios sobre el viaje, sobre lo bacheada y en mal estado que sigue estando la carretera, para estirar las piernas y para refrescarnos (en este caso, calentarnos, porque el viernes hizo fresquito) Quien no esté metido en este mundo, puede pensar erróneamente que somos un colectivo irrespetuoso o conflictivo. La realidad es bien distinta. Hay un porcentaje reducido de individuos que cada año consigue extender con su comportamiento una imagen negativa de nosotros. La mayoría sabe bien que para divertirse no es necesario hacer caballitos ni peligrosas exhibiciones por El Puerto. Pese a todo, en cada cita se repite el triste espectáculo y los accidentes. A diferencia de otros deportes, en los que la violencia va en aumento, el de las motos es un mundo plural en el que prima el gusto por el espectáculo por encima de las rivalidades entre los aficionados al Rossi o al Pedrosa de turno. Da igual que uno venga de Barcelona, Bilbao, Madrid o Santiago... A todos nos une la moto y todos peregrinamos al templo español del motociclismo con la idea de disfrutar de unas carreras emocionantes y con un enorme sentimiento de respeto hacia todos los pilotos, sean o no nuestro favorito. Viajamos en abanico o en zig- zag, algo muy importante para poder tener una completa visibilidad. También nos hemos acostumbrado a ir en un determinado orden, aunque solemos darnos relevos para que no le toque siempre al mismo tirar del grupo. El punto clave del recorrido es Despeñaperros. Esta vez, el atasco fue monumental. Pasado este puerto, se vuelve a producir algo que al primerizo le sorprende y a los demás nos provoca de nuevo un sentimiento muy especial: los lugareños muestran su cordialidad a los motoristas y nutridos grupos de chavales (y no tan chavales) vuelven a saludarnos desde los puentes que cruzan la autovía, a ondear banderas españolas y a pedirnos que demos gas y hagamos sonar los motores. Nos sentimos pilotos de verdad en la vuelta de honor. Y en alguna de las paradas, no faltaron los niños arremolinados en torno a las motos que repetían: ¿A cuánto corre tu moto? ¡Hala, pero si eres una chica! El kilómetro 393 fue el lugar de encuentro general, bajo la carpa de El Oasis. Después sufrimos el embotellamiento de Sevilla. Todos los aficionados bloqueamos la SE- 30. Y por fin, Jerez. Allí nos llevamos el susto. La Policía nos explicó que no se podía entrar con moto a la ciudad si no tenías reserva de hotel. ¡Pero si voy a un piso particular! Le dimos las señas y nos dejó pasar, con una advertencia: Consiga un recibo de IBI o algún papel de la casa, porque, si no, la moto no sale el lunes El viernes y el sábado por la noche la ciudad vive el ruidoso ambiente de las motos. Miles y miles de todas las marcas forman el paisaje de la comarca. Pero la imagen que impresiona es la del circuito lleno a rebosar. Ni un hueco libre en la tribuna, ni un trozo de hierba visible en la pelousse Esperando al semáforo verde. Jerez: no pasas sin hotel AP Locatelli se estrella y vive de milagro Estuvo en coma y se fracturó toda la cara, la órbita ocular, una clavícula y un tobillo T. GONZÁLEZ- MARTÍN JEREZ. Terrorífico, espeluznante. Cuando el doctor Claudio Costa, el Agostini de los médicos, manifiesta que ha pasado miedo, es que el piloto ha competido con la muerte en una carrera de velocidad. El accidente sufrido por Locatelli en la curva Peluqui recordó al mundo del motociclismo el fino equilibrio con la vida que practican estos héroes sin tierras. El italiano disputaba los entrenamientos libres y se estrelló contra el muro, de frente, a 160 kilómetros por hora. No se sabe qué le pudo suceder para no evitar ese choque tan brutal. La historia de la hora después fue terrible. El piloto temblaba de miedo en Peluqui, porque sabía que se encontraba muy mal. Tal eran sus nervios y la tiritona de sus manos que se le aplicó una intubación. Estuvo en coma. Trasladado de urgencia al hospital de Cádiz, se le realizó un escáner. Sus graves lesiones afectaban a todo el cuerpo, pero especialmente a la cabeza. Sufría traumatismo craneoencefálico y se había fracturado toda la cara: la mandíbula, el maxilar y la órbita ocular. Además, sumaba una fractura de clavícula y una fractura desplazada del tobillo izquierdo. El remate era una contusión en el pulmón izquierdo. El piloto, al que se mantuvo con un coma farmacológico, permanecerá ingresado en Cádiz hasta que pueda viajar a Bolonia, donde se estudiarán las operaciones necesarias. Habrá que recomponerle la cara, pues la órbita ocular estaba hundida. Pero estos hombres son de otro planeta. Costa habla de intervenciones quirúrgicas que le podrían permitir competir en cuestión de un mes. Hoy tiene la cabeza destrozada y ya se piensa en la reaparición. Llegamos a Jerez y la Policía nos pide reserva de hotel para pasar en moto. ¡Pero si yo vengo a un piso! Pues el IBI Componer una nueva cara