Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
36 INTERNACIONAL 50 aniversario de los Tratados de Roma s La Cumbre de Berlín DOMINGO 25 s 3 s 2007 ABC Fiesta en la capital de todos La puerta de Brandeburgo pudo ver ayer desde su cuadriga, que mira a París y da la espalda a Moscú, todo un continente a sus pies, y a Bruselas bailándole el agua a la canciller, Angela Merkel POR RAMIRO VILLAPADIERNA BERLÍN. La que fue imagen de ambición nacionalista y, a resultas, lo terminó siendo de derrota del ser humano y separación del continente, era anoche centro de la fiesta de Europa. La abrió algo tan alemán que es ya patrimonio mundial: la Quinta de Beethoven (ese allegro con brío que fue la respuesta furiosa pero culta a Napoleón) y la cerró una Novena, escrita sobre la Oda a la alegría de otro tremendo alemán como Schiller, que es el propio himno de Europa. Todavía alguien se preguntará porqué están los alemanes en el centro de Europa. La puerta de Brandeburgo, como una grapa suturando la cicatriz de Europa, pudo ver ayer desde su cuadriga que mira a París y da la espalda a Moscú, todo un continente sus pies y a Bruselas bailándole el agua a Merkel al son festivo: todo lo que nunca pudo ver Hitler en su proyecto mesiánico para aquella capital del mundo que había de llamarse Welthaupstadt Germania La UE empezó a celebrar anoche sus primeros 50 años -como puntuaba la pancarta de felicitación de la vecina embajada estadounidense- -rodeada de símbolos insoslayables para el futuro: aparte de la propia bandera norteamericana sobre Berlín, la plaza de París, la embajada rusa, el Reichstag, el monumento a los judíos de Europa, las vecinas ruinas del búnker de Hitler, el legendario Checkpoint Charlie que unía dos mundos, la avenida de Unter den Linden de Walter Benjamin, que viene de Alexander Platz y prosigue en la del 17 de Junio de 1953, fecha del primer levantamiento obrero contra el comunismo, y ésta a su vez en la de Bismarck, el unificador. De lo que no había traza ya bajo los pies festejantes y las caderas semovientes era del célebre muro, que aquí alcanzaba tres metros de grosor y rodeó durante casi 40 años esta puerta que ayer quería ser la de la casa de todos. Esto de la casa, por cierto, lo dijo un político que sí que fue entonces para Europa capital y hasta providencial, y hoy se ha desvanecido: Mijail Gorbachov. En el plano de Germania, capital del mundo con el que un endiosado Hitler jugó a arquitecto del universo, la Puerta de Brandeburgo apenas parece la marquesina de una parada de tranvía; y el propio Reichstag, la garita del guardia de la desproporcionada Grosse Halle del pueblo alemán, que Hitler diseñó con su tan elegante como siniestro arquitecto Albert Speer para multiplicar por 16 la cúpula de San Pedro. Su nacionalismo forzaba a Hitler a comparar enfermizamente sus proyectos con Roma y con París, capitales del mundo a las que debía suceder, en puridad de raza, Berlín. Pero la sola vez que pudo serlo realmente, lo fue al comienzo del siglo XX, y lo fue de las vanguardias, las artes y las ciencias, entreverados los premios Nobel con un cabaret canalla, que aquí es género político y literario. La ocasión fue pisoteada por un emigrante de aluvión como Hitler, para el que la sola potencia estaba en el tamaño. Por fin ayer todo Berlín abrazaba a Europa, cuyo 50 aniversario ha ido a caer en mitad de una presidencia alemana de la UE, voluntariosa pero por ahora estéril. Una capital modesta pero reconocidamente multicultural y sexy unía para la ocasión, a su ya tradicional Larga Noche de los Museos una Larga Noche de los Clubes que es el otro activo de esta capital de estudiantes, artistas y viudas. Los miembros de la Unión han colocado pabellones en la Puerta de Brandeburgo para ofrecer espectáculo y gastronomía. En la tierra del pan, los panaderos berlineses confeccionarán modalidades de cada país y los jefes de gobierno tendrán hoy, en la Plaza París, su misa laica de la foto de familia. La capital que todos liberaron sólo podía recibirlos como si ya fueran de casa. Voluntariosa pero estéril