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ABC DOMINGO 25 s 3 s 2007 ESPAÑA 33 COMUNICACIÓN Hoy será enterrado en Constantina Manuel Ramírez Fernández de Córdoba El ex director de ABC de Sevilla murió el viernes por la noche por un infarto cuando pronunciaba el pregón de la Semana Santa de Talavera de la Reina (Toledo) ABC MADRID. La capilla del tanatorio de los Hermanos Agüero de Talavera de la Reina se llenó ayer en el oficio religioso por el periodista sevillano Manuel Ramírez Fernández de Córdoba, ex director de ABC de Sevilla, que falleció el viernes por la noche a los 58 años mientras pronunciaba el pregón de la Semana Santa talaverana. El presidente de la Junta de Cofradías de Talavera de la Reina, Ángel Mariano GarcíaLoarte, expresó lo doloroso que fue para él ver morir al pregonero, una persona a la que definió como comprometida y lleno de proyectos de ayuda hacia los demás Manuel Ramírez Fernández de Córdoba falleció mientras pronunciaba el pregón de la Semana Santa de Talavera. El cuerpo se trasladó a Constantina (Sevilla) la localidad natal del fallecido. El periodista estaba ofreciendo su pregón en el Teatro Victoria cuando empezó a marearse, tomó un sorbo de agua, soltó el vaso, volvió a coger el vaso para beber y se sujetó al atril. Inmediatamente subieron al escenario tres médicos (los doctores Maribel Gil, Ricardo Juárez y Gonzalo Lago, que habían acudido a escuchar el pregón) el alcalde de la ciudad, José Francisco Rivas, y el presidente de la Junta de Cofradías, que trasladaron a Ramírez Fernández de Córdoba a la parte trasera del escenario para atenderle. El periodista entró en varias paradas cardiacas y poco después ingresó cadáver en el hospital. peñaba su trabajo periodístico en la Confederación de Empresarios de Andalucía. Recibió en junio de 2001 el Premio Joaquín Romero Murube en su segunda edición por el artículo titulado Andrea, la madre del Faraón publicado en la Tercera de ABC el 25 de octubre de 2000 y en el que glosaba la figura de Curro Romero. Realizó en el periodismo las más diversas tareas, desde el trabajo de mesa al reportaje y la entrevista y desde la crónica de fútbol a la crítica taurina, así como coleccionables por fascículos como Curro Romero, un torero de leyenda Sevilla, imágenes de un siglo o El libro de oro de la Maestranza Ha pronunciado numerosas conferencias y escrito artículos en diversas publicaciones, aparte columnas diarias como Por la banda comentario que hasta el viernes publicó en las páginas de Deportes. También destacó en la crítica tauri- De redactor a director Manuel Ramírez Fernández de Córdoba nació en Constantina el 29 de septiembre de 1948. Licenciado en Ciencias de la Información, comenzó su carrera profesional en Radio Sevilla y continuó en el diario Suroeste Comenzó a trabajar en ABC de Sevilla el día 1 de mayo de 1978, en la sección de Deportes. En 1979 fue ascendido a jefe de sección, desempeñando las funciones en las secciones de Mesa, Sevilla y Deportes. En 1981 fue nombrado redactor jefe; en 1990, subdirector, y en 1997, director adjunto. Dos años después, en 1999, fue designado director de ABC de Sevilla. En los últimos años desem- RAÚL DOBLADO Manuel Ramírez Fernández de Córdoba na y en los artículos que, cada Feria de Abril, publicaba en ABC de Sevilla la columna A una mano El 24 de junio de 2000, Manuel Ramírez fue nombrado Hijo Predilecto de Constantina en un acto donde se le impuso la Medalla de Oro. Casado con Concha Mejías Ramírez, tenía dos hijos, Juan de Dios, de 19 años, y María del Robledo, de 18 años. A las seis de la tarde de hoy se celebrará el funeral corpore in sepulto en la Parroquia de la Encarnación de Constantina. A continuación será enterrado. ¿QUÉ NOS PASA? Las instituciones han entrado en una fase de deterioro que exigirá tiempo, paciencia y mucho tino corregir en el futuro ha experimentado el sistema. Hago la afirmación con candor absoluto, a sabiendas de que las grandes perplejidades brotan, no sólo de cómo son las cosas, sino también, e incluso en mayor medida, de los prejuicios con que las percibimos. Entre los últimos, ocupa un lugar no menor la idea de que existe una correlación, todo lo imperfecta que se quiera, entre sociedad y política. ¿Qué nos hace creer en esa idea? En parte, un irreprimible amor al orden; nos produciría desasosiego llegar a la conclusión de que el metabolismo de la vida pública se rige por pautas independientes de las que gobiernan los destinos y actitudes de los ciudadanos. Lo encontraríamos raro, como encontraríamos raro descubrir que un hombre siente sed o hambre con independencia del estado en que se encuentra su organismo. Necesitamos, además, hallar, no ya una explicación, sino una justificación, a la estructura de representación política. Cada época ha usado argumentos extraordinariamente abstractos para avalar la estructura de poder en ella dominante. Estos argumentos forman parte de la teología política, es decir, de principios fundamentales en torno a qué es mandar, y quién debe hacerlo, o cómo o para qué. La teología política democrática asevera que el pueblo se gobierna a sí mismo a través de representantes en quienes delega la defensa de los intereses generales. Entre la teología y los hechos, se abre una distancia enorme, aunque no infinita. En el instante en que se llegase a la conclusión de que las acciones de los partidos no reflejan en ninguna medida los intereses de quienes les votan, moriría la democracia. No debe sorprender por tanto que la bronca política nos induzca a buscar un origen conmensurable, un mal, por así decirlo, homogéneo, en la sociedad civil. Finalmente, hemos heredado del pasado ciertos códigos, ciertos resúmenes que, lo mismo que los cuentos que se refieren a los niños, juntan el relato de los hechos con máximas de intención edificante y moral. Considérese, por ejemplo, la Álvaro Delgado Gal eamos sinceros: los españoles no comprendemos demasiado bien qué nos está pasando. De un lado, nos llegan señales de una crisis política profunda. Las instituciones han entrado en una fase de deterioro que exigirá tiempo, paciencia y mucho tino corregir en el futuro; la sociedad empieza a dividirse, al punto de que hay viejos amigos que prefieren no verse, y si se ven, es sólo para hablar del tiempo. Pero cuando se mira al lado contrario, en busca de un hecho que explique lo que no sería aventurado calificar ya como un decaimiento grave de las reglas de convivencia que nos legó la Transición, no se logra, por empeño que se ponga en la tarea, identificar una causa proporcionada a las devastaciones que S Guerra Civil. ¿Por qué terminaron yendo a las manos los españoles? Los economistas atestiguan las enormes diferencias en renta, bienestar y oportunidades que afligían a los españoles; los sociólogos certifican el escaso grado de desarrollo del país; y los historiadores nos recuerdan que la democracia parlamentaria había entrado en liquidación en Europa, la cual se aprestaba a un conflicto global entre el fascismo y una ideología totalitaria cuya palabra tótem era revolución -un aggiornamento con toques modernos, del Milenio de que habla san Juan en el capítulo vigésimo del Apocalipsis La Guerra Civil fue un error, y un horror. Aunque, no exactamente, un accidente, como no lo es en el cuento de Perrault que el lobo se coma a Caperucita. Nada comparable ocurre en la España actual. Padecemos un problema de terrorismo en el País Vasco, que se encaró mal, luego bien, y finalmente, mal de nuevo. Tenemos un gobierno que ha iniciado un proceso cuyas claves oculta y que se está desautorizando seriamente a sí mismo. Tenemos una Constitución que ha entrado en rendimientos decrecientes y que tendrá que ser reformada. Se trata de cuestiones serias, en el primer caso, de una cuestión con muertos inter- puestos. Pero no de cuestiones que una democracia normal no pueda resolver acudiendo a los recursos que deparan la ley y el sentido común. Y sin embargo, en Cataluña, un ministro del gobierno autónomo declara que un asesinado es menos víctima que otro asesinado cuando el verdugo esgrime una ideología legítima; el secretario de Organización del PSOE encuentra interesante que se acuse como criminal de guerra, en el Tribunal de la Haya, a un ex presidente del gobierno que cometió errores, pero que no mandó disparar un solo tiro en Irak; días después de que se hayan oído gritos en la calle pidiendo la aniquilación política de la oposición, el Congreso vota en contra de que se persiga a un partido ilegalizado por su vinculación con el terrorismo; el PP, excluido simbólicamente del sistema, convoca manifestaciones multitudinarias y se queda a dos pasos de declarar inicuo al Gobierno. La gesticulación, los excesos verbales, y no sólo verbales, insinúan una ruptura civil de grandes dimensiones. Pero no se adivina el por qué, considerado el asunto con calma. Todo esto es grotesco, desaforado. Todo debería resolverse en una farsa, si nuestros prejuicios no nos engañan. ¿Será necesario revisar nuestros prejuicios?