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ABC DOMINGO 25- -3- -2007 11 UN CRÍTICO DE LA CRISIS MORAL DE FRANCIA Ha evolucionado desde una cierta izquierda hacia la defensa de unos valores nacionales que considera amenazados Hijo de humildísimos emigrantes italianos, Max Gallo (Niza, 1932) se pagó sus estudios trabajando de mecánico y técnico de radio. Doctor en historia, fue profesor, catedrático, crítico literario, periodista, hasta convertirse en uno de los historiadores y novelistas más prolíficos y afamados de Francia. Fue comunista mientras era trabajador manual. Su carrera intelectual lo aproximó a la izquierda socialista. Llegó a ser portavoz de un gobierno de unión de la izquierda, antes de abandonar todo cargo público para consagrarse a la historia y la literatura. Ha escrito una veintena de novelas, otros tantos libros de historia y numerosas sagas de historia- novelada, que le han dado mucha fama. Abandonada la primera tentación comunista, abandonada su colaboración con un gobierno socialista, su obra intelectual lo ha convertido en uno de los grandes críticos de la crisis moral y nacional que vive Francia. Como Jean Pierre Chévènement, ha evolucionado desde una cierta izquierda hacia la defensa de unos valores nacionales que considera amenazados. Sus últimos libros alimentan el debate de la identidad nacional. Max Gallo, en su despacho, donde recibió ayer a ABC capitulación ante el terror y la violencia. Es lo más sencillo lo más fácil, ante unos criminales que nos amenazan con matar. Hay algo más grave, si cabe: la ideología de las vanguardias, que hunde sus raíces en el XIX y el leninismo del siglo XX. Esos grupos terroristas, ultra minoritarios, o minoritarios, como los terroristas corsos, las antiguas Brigadas Rojas italianas, la Fracción Ejército rojo alemana, o la ETA, en España. Esos grupúsculos se autoproclaman representantes del pueblo corso, italiano, alemán, español o vasco. Ante ese chantaje criminal, socialistas y socialdemócratas no se atreven a afrontar con claridad esa realidad. En su subconsciente, socialistas y socialdemócratas son bastante sensibles a ese discurso de las vanguardias leninistas, ya que, en algún momento de su historia, ellos mismos han estado próximos a ese discurso llamémoslo revolucionario. do a un parque temático. A partir de las ruinas de esa nación del pasado, construida con tanto furor y tragedias, surgen otras naciones o presuntas naciones, étnicas o religiosas. Aquellos que combaten la nación considerándola opresiva, no proponen nada que incremente la libertad y la justicia y la fraternidad. Proponen unidades nacionales mucho más regresivas, con menos libertades, más arcaicas, basadas en una lengua, una religión o una convicción étnica. Proponen naciones mucho más fanáticas y xenófobas, en muchas ocasiones. NOELA DOMECQ -Más allá de tales llamaradas terroristas, existen en buena parte de Europa, en España, en el Reino Unido, en Bélgica, en buena parte de Europa del Este, reivindicaciones nacionalistas contra los Estados tradicionales. -A partir del momento en que ciertas elites políticas afirman que la nación misma es algo arcaico, pasajero, que debe ser sustituido por Europa o la mundialización, se abre un camino sin destino conocido. Hay una frase célebre de Mitterrand: Francia es nuestra patria. Pero Europa es nuestro futuro Era una forma hábil de decir que la patria era el pasado, un patrimonio, algo pareci- ¿Cómo resume usted el alcance de esta elección presidencial? ta de la identidad nacional me satisface. Sarkozy retoma, en alguna medida, lo que yo he escrito en varios de mis libros. La necesidad de afirmar una historia nacional que permita asociar a los grandes personajes de la izquierda y la derecha en el proyecto común de construcción de Francia. Ségolène Royal ha llegado después. Comenzó diciendo que era escandaloso hablar de la identidad nacional. Ahora, ella misma hace campaña en ese terreno. ¿Cree que la campaña está dando respuestas a tales problemas de fondo? -Formalmente, no estoy descontento. La parte del programa de Nicolas Sarkozy que tra- -Es, sin duda, la elección presidencial más importante desde 1981, si no desde 1974. De entrada, cambio generacional. Agravación e imposibilidad de enmascarar la crisis de fondo que atormenta a los franceses. Elección de la última oportuni- dad para dar a nuestro país un proyecto nacional. Lo que finalmente está en cuestión es si Francia podrá evitar un espasmo violento. Ya hubo la crisis incendiaria de los suburbios. Ségolène Royal ha dicho que podemos ir a tragedias mucho más graves. En ese punto le doy la razón. Ségolène y Bayrou dicen que ellos traerán la paz y la tranquilidad, mientras que denuncian a Sarkozy, anunciando catástrofes. Los socialistas juegan con el miedo. Y proponen el confort, como con el terrorismo, las concesiones... Los franceses tendrán que elegir entre una política fuerte, enérgica, de afirmación, como la de Sarkozy, o una política de miedo, de inmovilismo, y entonces votarán a Ségolène o Bayrou. Francia debe elegir entre la energía o el miedo.