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S 6 24 3 07 EL DIARIO DE JENNIFER ZAMBUDIO 16 S 6 LOS SÁBADOS DE T ROSA BELMONTE Morado oscuro casi negro engo un ojo morado oscuro casi negro. Voy a hacer flashback como en Amanece que no es poco Subida en la bicicleta elíptica recibo una llamada de teléfono. Me saco el móvil del mismo sitio de donde Arantxa Sánchez Vicario se sacaba las bolas. Primero lo seco un poco. ¿Sí? En el gimnasio no hay demasiada cobertura, aunque teniendo en cuenta el enorme cartel que recomienda no usarlo tampoco puedo quejarme. ¿Sí? Mano en la boca para que no se me oiga (eso que nadie hace en el tren) ¿Sí? ¿Jennifer Zambudio? Le llamo de la central de alarmas, mi nombre en clave es Charlotte. Para continuar lo que parece una conversación de espías (del calibre de Superagente 86, eso sí) debo decir el mío (Emily) Al principio no me acordaba en absoluto de los nombres que había dado cuando me instalaron la alarma en casa. Dices lo primero que se te ocurre. ¿Tres palabras? Pues tres nombres. A ver, Jorgito, Jaimito y Juanito es muy previsible. En cuanto sabes el primero, sabes los otros. Con María Emilia, María Eugenia y María Laura pasa lo mismo. Y con Gaby, Fofó y Miliki (a no ser que hagas variaciones con Milikito, Fofito, Rody o incluso Fernando Chinarro) Así que me decidí, sin pensarlo mucho, por las Brontë según el orden de su nacimiento, que coincide con el de su importancia. Al menos a mí me gusta más Jane Eyre que Cumbres borrascosas Y de Anne no he leído nada. Luego pensé que mejor habrían sido las hijas del Rey Lear, Goneril, Regan y Cordelia, pero es que me imaginaba a la tía de las alarmas (siempre es una tía la que me llama) teniendo que soltar Goneril, que suena a enfermedad venérea, y no (hombre, mira, también podría haber escogido gonorrea, sífilis y clamidia) Me alegro de haberme decidido por las hermanas Brontë. Sí que parece gafapasta pero qué se puede esperar de alguien que tuvo como número secreto de su primera tarjeta bancaria la fecha de nacimiento de Simone de Beauvoir (9108) En el despacho nos decantamos por nombres de abogados míticos: Perry, Montes y Saavedra. Como mi alarma (la de casa) salta más que la pequeña langosta he acabado por contestar automáticamente mi palabra clave. Al principio, una vez eliminado Charlotte, no sabía por cuál decidirme. ¿Anne? No, esa es la palabra de pánico (la de si tienes un kosovar con un lanzallamas sonriendo a los pies de la cama) Ah, vale, pues Emily. Me la dan por válida, claro. Ha ganado usted que le digamos que su Maxwell Smart (y señora) El Superagente 86 lo sabía todo sobre las claves secretas alarma se ha puesto a berrear. Esto es muy poco serio. Pero estaba en la bicicleta elíptica. Sin darme cuenta, mientras intento escuchar lo que me dicen por teléfono (lo de Charlotte y eso) inclino la cabeza sin dejar de darle a las piernas. El brazo derecho de la máquina me da en la cara, concretamente en el ojo izquierdo. Si fuera un dibujo animado mi cabeza estaría orbitada por estrellas. Me caigo y doy el espectáculo. Llevo puesto el Exper- ABC El brazo derecho de la máquina me da en la cara, concretamente en el ojo izquierdo. Si fuera un dibujo animado mi cabeza estaría orbitada por estrellas tise de Clarins, ese spray facial que protege contra las ondas electromagnéticas de móviles, ordenadores y televisores. Contra lo que no protege es contra los brazos en movimiento de las bicis elípticas. Para eso habría necesitado el campo de fuerza en forma de seta que cubría el Instituto de Investigaciones Fotónicas de Mazinger Z Lo peor de tener un ojo morado casi negro (espero el momento en que sea amarillo, color de moda) son las explicaciones. Me voy a imprimir tarjetas con la historia. Lo del brazo de la bici no se lo cree nadie y si se lo cree es para troncharse. Así que, limitadas las gafas de sol para exteriores, he optado por confesar que me han pegado. Es mano de santo para callar bocas.