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60 MADRID SÁBADO 24 s 3 s 2007 ABC El último eslabón de la saga de los Palmero vuelve a Madrid La galería Altea expone cincuenta obras inéditas de Alfredo, nieto del Maestro M. DÍAZ MADRID. Este año se cumple medio siglo de la primera exposición en la capital del Maestro Palmero (1901- 1991) el patriarca de una saga familiar que, dos generaciones después, prosigue su nieto. Desde aquel lejano 1957, cada año un Palmero ha mostrado su obra en Madrid. Estos días lo hace Alfredo, ese nieto que casi absorbió el arte desde la cuna. La galería Altea (Don Ramón de la Cruz, 25) acoge hasta el día 31 esta muestra, en la que Alfredo Palmero expone un total de cincuenta obras, todas ellas inéditas, explica una portavoz de la familia. Se trata de medio centenar de pinturas al óleo, algunas acabadas con técnicas mixtas, collage o pan de oro. Es la cuarta exposición individual de Alfredo en Madrid explican. En sus telas pueden apreciarse sus motivos e influencias más constantes- -la mujer, los arlequines, las meninas, los cafés- -unidos a series nuevas como la dedicada a los poetas y poetisas. Como en la obra del resto de su familia, la luz y el color están muy presentes: Todos sus cuadros son muy luminosos, especialmente los de Alfredo apuntan en su círculo más cercano. El dominio de la figura también destaca en la producción artística de Alfredo Palmero, aunque trabaja también la abstracción. Nacido en 1966, este pintor se ha convertido en el último eslabón de la saga: su abuelo falleció, y su tío Miguel, su antecesor, de avanzada edad y con problemas de vista, apenas coge ya los pinceles. Su hija Eva pinta muy bien, aunque sólo tiene 6 años, y hay otros niños en la familia bromean los Palmero sobre la continuidad de la saga. Alfredo, en todo caso, tiene cuerda para rato. Estos días, por ejemplo, expone simultáneamente en Madrid y Nueva York. En breve, además, volverá a mostrar parte de su obra en Barcelona. Muchos de sus trabajos también se exhiben en los tres museos que los Palmero ha ido abriendo en Almodóvar del Campo (localidad natal del Maestro Barcelona y el Ampurdán. En los tres puede verse la trayectoria de todos los miembros de esta familia. Los Palmero se precian de que su arte ha gustado y sigue gustando a los aficionados, incluso a los más selectos: buena parte de la Familia Real cuenta con un retrato pintado por los Palmero, de Don Juan al Príncipe. Sus cuadros, además de gustar, funcionan muy bien, como se constata en esta última exposición: Ya se ha vendido en torno a la mitad, sí apuntan con un punto de modestia, orgullosos del último representante de una saga familiar de enamorados del lienzo. Alfredo Palmero, continuador de la tradición artística familiar ABC La saga puede continuar