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38 INTERNACIONAL 50 aniversario de los Tratados de Roma s Tribuna abierta SÁBADO 24 s 3 s 2007 ABC Jean- Claude Trichet Presidente del Banco Central Europeo UNA VISIÓN PROFÉTICA QUE DIO ORIGEN AL EURO A llegada de nuestra moneda única, el euro, no hubiera sido posible sin una férrea voluntad histórica de unificar nuestro continente, reunir a la familia europea y consolidar la paz y la prosperidad tras la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de Europa y el Holocausto. Como escribe Jean Monnet en los comentarios que dedica en sus memorias al proyecto de creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1950, mediante la puesta en común de recursos básicos y la creación de una Alta Autoridad nueva (la actual Comisión Europea) esta propuesta sentará las primeras bases concretas de una federación europea indispensable para la preservación de la paz en el continente. ¿Existe hoy un símbolo más representativo de la unidad pacífica y de la amistad europeas que una moneda única que comparten trece países y 317 millones de ciudadanos y un mercado único en el continente? Tras la iniciativa visionaria de Monnet, el hito más importante de la integración Europea fue la firma del Tratado de Roma hace cincuenta años. La elección de Roma obedeció a un motivo simbólico: durante mucho tiempo, la Ciudad Eterna simbolizó una Europa unida bajo una pax romana impuesta por la fuerza. En 1957, los primeros seis países europeos volvieron la espalda a su trágico pasado y voluntariamente pusieron en común algunas parcelas de su soberanía nacional integrándolas en un organismo europeo supranacional, que constituiría la base para el establecimiento de una pax europea asentada sobre el imperio de la ley. La Unión puede mirar con orgullo a las diferencias entre el mundo de entonces y el mundo actual. os logros obtenidos en Europa han cristalizado gracias a la visión política, el liderazgo y la determinación de sus forjadores. El Tratado de Roma constituyó el primer éxito improbable. No debemos olvidar la atmósfera pesimista de las negociaciones de hace cincuenta años, tras el rechazo que los planes para una unión europea política y militar sufrieron en 1954. En este clima, la transferencia de competencias estatales básicas a los organismos europeos que se crearían como consecuencia del establecimiento de un mercado común suscitaba una profunda controversia. Con todo, tres La moneda única no sólo protege frente a las amenazas externas, sino que constituye un factor de dinamismo para la economía interna europea. Es la materialización de los logros reales de la UE L con el tiempo, crearon la Unión Económica y Monetaria, con una moneda única y un Banco Central Europeo independiente, al que se le ha atribuido el mantenimiento de la estabilidad de precios como su objetivo prioritario. Recuerdo vivamente el escepticismo que hace quince años nos acompañó mientras negociábamos la creación del euro y, sin embargo, los 317 millones de ciudadanos de la zona del euro llevan a diario una pequeña parte de Europa en sus bolsillos y disfrutan de un nivel de estabilidad de precios que antes sólo había logrado un pequeño grupo de los países de la zona del euro. La estabilidad de precios es un beneficio social directo para todos, en particular para los colectivos más vulnerables, que carecen de medios para protegerse contra la inflación. La moneda única ha reforzado también la resistencia de Europa ante las perturbaciones externas. Vivir bajo el mismo techo nos ofrece un refugio más sólido contra las turbulencias que nos llegan de fuera. Nunca sabremos cómo una Europa sin el euro hubiera capeado temporales como el del 11 de septiembre, el estallido de la burbuja tecnológica o la crisis del petróleo. Al abrigo del euro, no hemos sufrido turbulencias internas. l euro no sólo nos protege contra las amenazas externas, sino que constituye un factor de dinamismo para la economía interna: ha incrementado la transparencia de precios y la competencia, y ha fomentado los intercambios comerciales entre los países de la zona del euro. La credibilidad del BCE ha permitido el sólido anclaje de las expectativas de inflación, que se ha traducido en un notable descenso del coste del endeudamiento, lo que ha estimulado la inversión, el crecimiento económico y la creación de empleo en la zona del euro. En los ocho años transcurridos desde la introducción de la moneda única, en la zona del euro se han creado más de doce millones de puestos de trabajo, frente a la cifra significativamente inferior de tres millones registrada en los ocho años precedentes. Estos logros son reales y trascendentales. No son sólo meros hechos históricos, sino que continúan generando prosperidad y estabilidad. No obstante, el mundo sigue evolucionando y éste no es momento propicio para la autocomplacencia. Los retos económicos son enormes. El extraordinario avance de la ciencia y de la tecnología, junto con el rápido desarrollo de los países emergentes en la economía globalizada, reclaman reformas en todos los continentes que permitan obtener los beneficios del nuevo estado del mundo. L años más tarde, se firmaría este Tratado histórico. Tampoco debemos olvidar el recelo que el desmantelamiento de las barreras comerciales generó en los círculos empresariales y en las administraciones nacionales, cuando comprendieron que el muro de protección contra los competidores extranjeros sería abatido. No obstante, en 1968, contábamos con una unión aduanera. En la siguiente década, jalonada por crisis del petróleo y dificultades económicas, la respuesta de política económica de los distintos países europeos fue enormemente dispar. Parecía que Europa no podía avanzar unida y, a pesar de todo, en 1986, un nuevo tratado, el Acta Única Europea, prestó un impulso renovado a la libertad de circulación de personas, bienes, servicios y capitales, y se creó el Mercado Interno. oy, el Mercado Interno ayuda a prosperar a casi 500 millones de personas, puesto que representa un estímulo significativo para los intercambios comerciales entre los Estados miembros y contribuye notablemente al crecimiento y a la creación de empleo. Cuando se pregunta a los ciudadanos europeos qué significa para ellos la UE, uno de cada dos responde que la libertad de moverse, vivir y trabajar en cualquier punto de la Unión. H Europa ha logrado más de lo que los padres fundadores del Tratado de Roma hubieran podido esperar. La UE ha pasado de seis a veintisiete Estados miembros y otros países desean incorporarse, lo que no es de extrañar, teniendo en cuenta que la adhesión ha traído también prosperidad. Irlanda es un claro ejemplo: su PIB per cápita ascendió desde el 61 del promedio de la UE que registraba cuando se incorporó en 1973 hasta el 125 alcanzado en el 2004. La democracia y la prosperidad se están ampliando hacia las fronteras meridional y oriental de Europa, reemplazando a las dictaduras y a la pobreza. De hecho, Eslovenia, anteriormente integrada en el bloque comunista, ha adoptado ya la moneda única europea. Asimismo, la Unión ha avanzado también hacia nuevos ámbitos, como la política exterior y las esferas policial y judicial. Y, lo que me toca más de cerca, Europa ha coronado su mercado único con una moneda única. Originariamente, el Tratado de Roma no mencionaba la unión monetaria, debido a que Europa formaba parte del sistema internacional de paridades fijas Bretton Woods, cuyo colapso, en la década de los setenta, supuso una seria amenaza para el proceso de integración económica en Europa. No obstante, los líderes europeos superaron este reto y, E